“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”.


Entrevista a ALLEN FRANCES,
Catedrático emérito de la Universidad de Duke, 
dirigió la considerada 'biblia' de los psiquiatras


Allen Frances, el pasado septiembre en Barcelona.
Allen Frances, el pasado septiembre en Barcelona. JUAN BARBOSA
Allen Frances (Nueva York, 1942) dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.

Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?
Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.

P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?
R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.

P. Con la colaboración de la industria farmacéutica...
R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.

P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?
R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.

P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?
R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.

P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?
R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.

P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?
R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.

P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?
R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.

P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?
R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.

P. No va a ser fácil…
R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.

P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.
R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.

P. ¿En qué sentido?
R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.


P. Y también tendrán que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos. 

Carta a Pedro Sánchez, de James Rhodes.

El autor, quien sufrió graves abusos en la infancia, sugiere cambios legales para proteger a los menores. 
Como una reforma judicial para que en casos de violación infantil, niños y niñas declaren en privado, 
con la presunción de que dicen la verdad


*.- 06/07/2018.Fuente Save the Children, última hora.


Nosreunimos con Pedro Sánchez, presidente del Gobierno Español.

 Este fin de semana fue muy importante para todos los niños y niñas víctimas de abuso sexual y violencia infantil en España. 

Nos reunimos con Pedro Sánchez, el actual presidente del Gobierno, tras la petición que le hacía el pianista James Rhodes en la carta abierta que publicó en El País el pasado viernes.

"Tenemos un grave problema y tiene que ver con su sistema judicial y con el trato que da a los menores", decía en su carta.

James Rhodes, quien sufrió graves abusos en la infancia, pide junto a Save the Children la creación urgente de una ley que proteja a los niños y niñas de todas las formas de violencia. Es necesario trabajar la prevención, la formación y la protección estas víctimas, de los más vulnerables.

El abuso sexual es una de las violencias más graves y difíciles de detectar. Esto es una realidad que no se puede seguir ignorando: los fallos de la administración pública que denunciábamos en nuestro informe y denuncia James Rhodes en su carta se siguen cometiendo a día de hoy.

Muchas veces estos casos de abusos sexuales no son denunciados y las consecuencias emocionales y sociales para estos niños y niñas pueden ser irreparables.

*.- Hace año y media este 


*.- James Rhodes
El País.es




Carta a Pedro Sánchez
RAQUEL MARÍN
Apreciado señor Sánchez:

Llevo más de un año viviendo en España. Para mí, este país es mi casa; me he enamorado completamente de él, hasta la médula. Pago impuestos aquí, intento contribuir de manera productiva y mi deseo es que, en algunos años, me haya ganado (y elijo esta palabra con intención) el derecho a ser ciudadano de este maravilloso, generoso, fantástico y bonito país.






Cuando usted fue nombrado presidente del Gobierno y eligió un Consejo de Ministros integrado en sus dos terceras partes por mujeres, me pareció que teníamos un nuevo mandatario con una mentalidad más abierta en muchos temas. Por eso le escribo esta carta.


Tenemos un grave problema. Y tiene que ver con su sistema judicial y con el trato que da a los menores. Quiero que sepa que hablo con conocimiento de causa: de niño me violaron repetidamente. Los años ochenta fueron una gran época para los pederastas: aunque los adultos veían que sangraba, lloraba y me ponía histérico, me enviaban de vuelta a los brazos (piernas, mejor dicho) de mi violador. Una y otra vez. Esa gente que tenía puestos de responsabilidad sabía que algo malo pasaba, pero nadie hacía nada y, de nuevo, me mandaban junto a él. Durante cinco largos años.




Solo el 15% de los casos se denunció a la policía. De ese 15%, el 70% nunca llegó a juicio

Todavía estoy pagando el precio de haber tenido esa infancia. También mis seres queridos. Tengo prótesis de metal en la espalda, resultado de las tres operaciones a las que tuve que someterme para intentar reparar el daño que me habían causado las agresiones sexuales. He intentado suicidarme demasiadas veces y me he pasado también demasiados meses en instituciones psiquiátricas. He probado todos los medicamentos que las grandes farmacéuticas han tenido a bien inventar, he destruido relaciones, me he autolesionado con rabia y he hecho todo lo que se me ha pasado por la cabeza para intentar detener ese zumbido incansable y violento que me retumba en la cabeza. Desde que vivo en Madrid, ese zumbido se ha convertido al fin, milagrosamente, en un rumor lejano la mayor parte del tiempo que estoy despierto. Lo que quizá explique por qué este país significa tanto para mí. Pero cuando veo en las noticias que hay tantísimos fracasos en la protección de los derechos de los niños, de consecuencias catastróficas, no puedo evitar sentir náuseas.

He aceptado que nunca se haga justicia por lo que me pasó (mi violador murió antes del juicio). Pero también me he prometido a mí mismo que si alguna vez tenía frente a mí un altavoz, por pequeño que fuera, lo usaría para hablar de este tema. Y por eso le escribo esta carta. Aquí, en España, me siento afortunado. Puedo hablar de ello en la Cadena SER y comentarlo con Buenafuente en la televisión o en las entrevistas de los periódicos. Puedo darles copias de mi libro Instrumental a todos los jueces del país, porque explica claramente qué secuelas tienen los abusos. Pero, al final, todo acabará cayendo en saco roto. La única persona que puede cambiar las cosas de verdad ahora mismo es usted.

Tengo ante mis ojos unas hojas con miles de palabras, enviadas por Save the Children España, que harán que se le salten las lágrimas. Aquí tiene algunos ejemplos:
Aunque el 70% de las víctimas infantiles diga que avisó a un adulto de lo que pasaba, solo el 15% de los casos se denunció a la policía. De ese 15%, el 70% nunca llegó a juicio.




En cinco de las diecisiete comunidades prestan un servicio universal gratuito a las víctimas infantiles.

El proceso judicial dura como promedio tres años; en algunos casos se llega a los cinco. El abuso sexual dura como promedio cuatro años.
En el 86% de los casos, el menor tiene que declarar en sesiones plenarias, en juicios a puerta abierta, delante de tres jueces y también del presunto autor de los hechos.
En España, solo cinco de sus diecisiete comunidades autónomas prestan un servicio universal gratuito a las víctimas infantiles de los abusos sexuales. En el caso más tristemente célebre de España, el de los Maristas, de las 17 acusaciones que hay contra Benítez, el autor confeso, 13 han prescrito. ¿Cómo puede ser que no vaya a ser juzgado por todos estos crímenes cometidos? Además, ¿qué ha fallado tan estrepitosamente para que durante más de treinta años un profesor pudiera abusar de sus alumnos sin que nadie lo denunciara?

Podría seguir y seguir…
Sé que usted leerá esta carta. Y sé que en la política y en la ley las cosas van despacio. Pero también sé que si entrara en una habitación y sorprendiera a alguien violando a un niño, no se movería con lentitud. Le sorprendería ver que uno es capaz de actuar con muchísima rapidez. Y de soltar un puñetazo la hostia de fuerte. Estoy aquí para decirle, para prometerle, para asegurarle que, aunque en este momento no vea con sus propios ojos cómo violan a un niño, está sucediendo ahora mismo. Cuando usted lea esto, estará pasando. Siempre está pasando. Y necesito que actúe rápido.
Me han sugerido (en Twitter, claro) que, como soy anglosajón, un huésped de este país, mejor “no me meta en política”. Pero esto no tiene que ver con la política, sino con la humanidad. El sistema creado específicamente para proteger a los más vulnerables se ha roto y ya no sirve.

Estoy seguro de que este asunto no es nuevo para usted; que ya tiene una idea de lo que quiere conseguir y de cómo va a hacerlo. Yo solo quiero ayudar. Me gustaría, junto con Andrés Conde, director general de Save the Children España, reunirme con usted un par de horas y ayudarle a lograr que España sea un lugar más seguro para sus niños y niñas. Sabemos lo que hace falta: lo más urgente es una formación obligatoria, unos protocolos y una reforma profunda del proceso judicial para que en los casos de abuso sexual infantil se respeten de verdad los derechos del niño y también sus necesidades particulares: que haya juzgados específicos, con jueces preparados y juicios rápidos para que el menor declare solo una vez, en privado, con la presunción de que está diciendo la verdad. Cuando se trate de niños, hay que dejar de distinguir por ley entre abuso y agresión: siempre es agresión.

Quiero que apruebe una nueva ley que erradique la violencia contra los menores y adolescentes, y que se centre especialmente en las medidas preventivas, tal y como le ha sugerido en dos ocasiones el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas al Gobierno de España.

Un periódico publicó hace poco un artículo que decía que “a Rhodes lo violaron repetidamente durante su infancia y Bach lo salvó, pero ni siquiera esa experiencia límite lo convirtió en un músico excepcional”. Y, aunque quizá suene raro, por desgracia es verdad. No soy para nada un músico excepcional. Pero creo que sí puedo ser un recurso excepcional para usted y su equipo en la tarea de cambiar las cosas a mejor de forma permanente para los niños y niñas de este país. Por favor, contésteme, veámonos y pongámonos manos a la obra.

James Rhodes 
es pianista, autor del libro Instrumental. Memorias de música, medicina y locura (Blackie Books). @JRhodesPianist










Revista GSIA, Julio 2018


Revista del Mes de Julio 2018


CRUELDAD

El nivel de crueldad aplicado, a conciencia y sin conciencia, por la Administración de los Estados Unidos de América, contra niñas y niños en sus fronteras, ha superado todo lo que hasta el momento hemos llamado violencia o maltrato institucional.

Ciertas noticias referidas a la infancia han resultado ser “mediáticas” este mes de junio. “Mediático” es un adjetivo que hace referencia, de manera general, a los medios de comunicación, y de forma más concreta a los medios de comunicación de masas. Pero en su uso corriente (muy corriente) se emplea para remarcar el carácter especialmente atractivo que adquieren ciertos hechos o acontecimientos para esos medios de comunicación, en virtud de su capacidad de atraer el interés de un elevado número de seguidores (lectores) aumentando así la importancia, elevando la competitividad y mejorando, en definitiva, el negocio de los medios. Nunca sabremos en qué medida el elevado “interés mediático” de una noticia aumenta el nivel de conciencia o conocimiento sobre ese hecho, o simplemente lo banaliza. Solamente sabemos que, durante un periodo de tiempo, generalmente escaso, hemos sido “bombardeados” desde distintos flancos con la noticia en cuestión, que enseguida languidece, para terminar desapareciendo, sin que la cuestión de fondo a la que aquella hacía referencia se haya evaporado y menos aún, si se trata de algún problema de alcance, que este haya sido resuelto.

Así, a la vista de la frecuencia, la extensión y la profusión de medios que se han dedicado a ella, la noticia “mediática” de este mes ha sido la que ha mostrado la manera en la que niños y niñas muy pequeños han sido separados de sus padres, recluidos en condiciones peor que inapropiadas y utilizados como instrumentos para amedrentar y disuadir a sus referentes adultos del intento de buscar una vida mejor en otro país diferente al suyo. El nivel de crueldad aplicado a conciencia y sin conciencia por la Administración de los Estados Unidos de América contra estas niñas y niños ha superado todo lo que hasta el momento podíamos llamar, en términos técnicos, violencia o maltrato institucional. Supera la capacidad de expresión de convencionales palabras de condena, nos deja desarmados viendo lo que nunca pensamos que pudiéramos ver y saber. No podemos y no queremos que lo que hemos sabido y conocido represente para nosotros, también, un fugaz acontecimiento con resonancia mediática mundial, uno que se suma a otros que igualmente nos hablan del sufrimiento de las criaturas, como los que se recogen asimismo en nuestra revista de prensa actual. Queremos, y debemos, defender la dignidad de todos los seres humanos, desde la cuna hasta la tumba, y su legítimo derecho a ser tratados como iguales, iguales a nosotros, iguales a nuestros propios niños y niñas...

¡Quiero leer!. 10 juegos de lectura para niños, niñas y jóvenes libres







 Frann Peraza
¿Eres un sabelotodo o nolosenada cuando lees?, ¿y si te quedas sin palabras frente al libro ilustrado?, 
arma una nueva fórmula con información nutrimental, pide que graben tu reacción la primera vez que leas algo sorprendente, 

¿y si un libro te resultara un objeto extraño?, 
haz una colección de fantasmas, traduce un poema con tu cuerpo o descubre la melodía detrás de un verso, 

¿y si grabas tu primer audiolibro?, 
muévete por toda la casa o el barrio con una novela entre manos y vuélvete un crítico literario.

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10 series juveniles

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por firmainvitadapj*.
El blog del Centro Reina Sofía 
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Girls. Hemos hablado de ello en investigaciones como Jóvenes y empleo. Escenarios de futuroJóvenes y empleo, desde su propia mirada o Crisis y contrato social. Los jóvenes en la sociedad del futuro: la crisis económica ha alterado los procesos de integración social, laboral y ciudadana de los jóvenes, lo que ha obligado a este colectivo a buscar opciones que les ayuden a enfrentar esta nueva realidad. Más o menos lo mismo que le ocurre a Hanna, Marnie o Shossanna. La primera, eterna aspirante a escritora y becaria sin cobrar; la segunda, debatiéndose entre seguir su vocación de cantante o ganarse la vida; y la tercera, harta de hacer entrevistas de trabajo después de lo mucho que le costó licenciarse. Más allá de conflictos económicos o laborales (o quizá, derivado de ellos), esta serie refleja la liquidez de las relaciones de pareja de hoy en día, así como los vaivenes que experimentan las amistades y relaciones de grupo cuando los caminos de la vida se diversifican y se pierde la afinidad. A pesar de haber sido criticada por la supuesta dependencia que las protagonistas femeninas les dedican a las figuras masculinas, Girls rompe una lanza a favor del feminismo haciendo gala de cuerpos desnudos femeninos que poco tienen que ver con las figuras canónicas que vemos habitualmente en pantalla.
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Sillicon Valley. Volvemos a hablar de empleo, esta vez, aderezado con nuevas tecnologías, Un tímido programador de Silicon Valley descubre un nicho de mercado, en concreto, un programa de compresión que mantiene la calidad del archivo original. Una vez que se da cuenta de la magnitud de su descubrimiento, abandona su puesto en el gigante tecnológico Hooli (cualquier parecido con Google es pura coincidencia) y monta una startup llamada Piped Piper con sus cuatro colegas. Una muestra de las vicisitudes a las que se enfrentan los jóvenes que toman la difícil pero ilusionante decisión de emprender, una crítica a la lucha feroz y competitiva de las grandes empresas por absorber a las pequeñas, y una reflexión sobre el peso que las TIC tienen en nuestra vida laboral y personal. Todo ello contado con mucha ironía y bastante gracia. Aunque, si le quitamos los chistes y las exageraciones cómicas,  las tramas de Silicon Valley parecen más propias de un drama (el de muchos jóvenes emprendedores) que de una comedia.
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Los 100. Echándole un poco de imaginación podría definirse como una (muy libre) revisión de “El señor de las moscas” en un formato entretenido y digerible para veinteañeros. La tierra es destruida en una guerra nuclear y los escasos supervivientes se ven obligados a vivir en un conjunto de naves llamado El Arca. En esta tesitura, un grupo de cien jóvenes con antecedentes delictivos es enviado a la tierra para averiguar si el planeta vuelve a ser habitable. A estos jóvenes en proceso de inserción les toca vivir los inicios de una sociedad en la que todo está por reescribirse y surgen nuevas jerarquías como forma de organización.  Ante este reto, las relaciones sociales se verán alteradas por las situaciones límite a las que estos jóvenes se enfrentarán en la lucha por su supervivencia. Todo ello, con el toque brillante de personajes femeninos como el de Lexa y Octavia, y rozando temas tan controvertidos como el control de la natalidad o la pena de muerte.
misfits
Misfits. Una telépata, un inmortal, el hombre invisible, una chica capaz de alterar el tiempo y otra que puede seducir a quién se proponga sin posibilidad de fallo. Parece un chiste o una peli de Ciencia-Ficción pero la auténtica trama de esta serie británica es la lucha por integrarse de cinco jóvenes que cumplen con tareas de servicios a la comunidad por actos vandálicos y no terminan de encontrar su lugar en el mundo. Que, en medio de la tormenta, les alcance un rayo que les dé superpoderes no deja de ser (en el fondo) algo accesorio. Porque en el fondo estas capacidades especiales son un reflejo de sus propios conflictos, entre otros, descubrir su identidad sexual, encontrar pareja deseada, enfrentarse a un futuro incierto o madurar. El resultado es un grupo de superhéroes transgresores e incorrectos que se enfrentan a los problemas del día a día con la rebeldía y vehemencia  que caracteriza a los chavales de esta edad.
love
Love. Ella más guapa que él (y adicta al amor). Él más culto que ella (con un punto nerd y demasiado hermético). A partir de esta pareja protagonista se articula un árbol de situaciones en las que muchos "tardojóvenes" bien podrían verse representados. Para empezar, ninguno de los dos se siente realizado en el trabajo que desempeña. Para seguir, ambos parecen ansiosos por convertirse en adultos responsables pero o no terminan de “dar con la tecla” adecuada o se resisten a perder la protección que les ofrece su disfraz de eternos adolescentes. Y, para terminar, el círculo social que rodea a esta pareja millennial, que contempla hábilmente la diversidad racial y sexual, se encuentra exactamente en el mismo punto muerto que ellos. Mal de muchos consuelo de todos, que dicen en Argentina. Y si no, estos "tardojóvenes" siempre podrán cultivar la amistad y el amor como arma de destrucción masiva contra la frustración vital que les ha tocado vivir. Al menos, esto les recomienda Love.
merli
Merlí. Serie catalana emitida en TV3 que narra las andanzas de Merlí, un profesor de Filosofía que revoluciona la vida del alumnado del Instituto Àngel Guimerà, entre ellos, su hijo Bruno, que estudia en ese mismo centro y con el que no termina de empatizar. Cada capítulo está inspirado en el pensamiento de un filósofo y cada temporada articulada en torno a una temática principal. El bullying es una de ellas en los inicios de la serie. A través de Iván, uno de los personajes más destacados, vemos cómo esta problemática puede desembocar en  otras como la agorafobia que padece este adolescente al que Merlí tendrá que dar clases particulares y ofrecer una terapia personalizada. Los episodios de la segunda temporada desfilan alrededor de amor en todas sus formas y colores. Amor liberal, relaciones esporádicas, diversidad sexual… La tercera temporada aborda las relaciones de sus protagonistas a partir del concepto de libertad en todas sus vertientes: filosófica, religiosa, sexual… Incluyendo la del propio Merlí, cuyas relaciones “no abiertas, sino ajustadas” han sido motivo de polémica en redes sociales.
skins
Skins. Las historias de grupo de jóvenes de Brístol (Inglaterra) encarnados por actores y actrices poco o nada conocidos que dan vida a un puñado de adolescentes irreverentes que hablan sin tapujos sobre problemas económicos, conflictos familiares, desórdenes de personalidad y alimentación, o adicciones a las drogas. Cada dos temporadas cambia el elenco de protagonistas y, con ellos, las temáticas abordadas, todas ellas, empapadas de rebeldía e intensidad. Nos parece especialmente reseñable la última temporada de la serie, en la que nos reencontramos con algunos de los personajes adolescentes ya convertidos en adultos. ¿Se habrán cumplido sus sueños de juventud o las circunstancias de la vida les habrán llevado por caminos inesperados y, quizá, no deseados?

*Arancha Sanz Seligrat es la community manager de la Fad. Dentro de esta institución, también ha sido técnica de cooperación en República Dominicana. Licenciada en Periodismo y Máster en Periodismo Digital, su trayectoria profesional ha transcurrido entre editoriales, agencias de noticias y oenegés.  Es una apasionada de la escritura creativa, los pugs y la cultura de Internet.

Cómo afecta la vulnerabilidad social a la salud infantil?.


La salud de los niños no solo está correlacionada con la educación, 
la profesión y los ingresos de los padres, como ya se sabía. 

También lo está con otros factores socioeconómicos: 
la estructura de la familia, el origen geográfico de los progenitores, la situación o no de desempleo, 
y la cantidad y calidad de las redes sociales familiares. 
Los niños que crecen en las familias más vulnerables 
tienen más probabilidades de crecer con peor salud física y mental.


Isabel Iguacel Azorín y Luis Alberto Moreno Aznar, 

Observatorio Social de la Caixa.



Puntos clave
  • Uno de los condicionantes más importantes de la salud son los hábitos de vida y, en particular, los patrones de alimentación. Tanto unos como otros tienen mucho que ver con las desigualdades socioeconómicas.
  • Una red social de apoyo escasa es la variable más relevante respecto a problemas de salud, en especial cuando el aislamiento social de los padres persiste en el tiempo. Está relacionada con problemas psicosociales, pero también de dieta, ejercicio, sedentarismo o sobrepeso.
  • Una acumulación de vulnerabilidades sociales aumenta el riesgo de estilos de vida poco saludables. Los niños de 6 años que crecen en hogares con más de tres factores socioeconómicos en su contra (también llamados “vulnerabilidades”), muestran una tasa de sobrepeso y obesidad de más del doble que la del resto de niños.
  • Para niños nacidos en España, los datos muestran que los niños gitanos y los de padres latinoamericanos tienen, respectivamente, 4 y 3 veces más probabilidades de tener sobrepeso u obesidad a la edad de 6 años que los niños de padres españoles no gitanos.
  • Los niños cuyos padres son de origen inmigrante o no tienen trabajo pasan más tiempo ante una pantalla y participan menos en actividades deportivas que el resto de niños.
Relación entre vulnerabilidades sociales y dieta no saludable
Independientemente de los indicadores socioeconómicos clásicos (educación, profesión, ingresos), también hay diferencias en salud asociadas a otras vulnerabilidades sociales. El 65,1% de los niños cuyos padres manifestaron tener una red social escasa seguían un patrón no saludable, frente al 38,7% de menores cuyos padres tenían una red social amplia. El 57,4% de los niños con padres desempleados también seguían este patrón, frente al 46% con padres con trabajo.
El gradiente de salud
• La salud de una persona y su situación socioeconómica están correlacionadas. En concreto, a mejor situación socioeconómica, mejor salud; y a peor situación, peor salud. Se trata de una correlación que se da tanto en España como en todos los países del mundo, independientemente de su nivel medio de renta. A esto se le llama el gradiente socioeconómico de la salud, y discurre desde la cúspide hasta la base del espectro socioeconómico, afectando a toda la población. Por supuesto, los niños no escapan a este fenómeno. 
• Conocer las causas del gradiente socioeconómico es el primer paso para resolver las desigualdades de salud. Las intervenciones en este sentido deberían tener en cuenta las diversidades étnicas, sociales y económicas de las familias para reducir las desigualdades en la salud de los niños.




Las desigualdades en materia de salud pueden surgir durante la infancia y determinar la salud futura, especialmente si no se aplican medidas correctoras. Además de los indicadores clásicos, existen otros indicadores de carácter social, no tan estudiados, como son la cantidad y la calidad de las redes sociales de apoyo, el tipo de estructura familiar, el desempleo y el origen geográfico de los padres, que afectan a la salud infantil independientemente de la educación, de la ocupación y de los ingresos de los padres.
Los niños pertenecientes a grupos vulnerables en estos aspectos menos estudiados suelen mostrar peores estilos de vida, registran mayores niveles de sedentarismo, menores niveles de actividad física, siguen una dieta menos saludable y, por esto, mayores niveles de obesidad. En resumen, presentan peores niveles de salud física y mental.
Sin entender cómo interactúan estos factores no podremos comprender a qué se debe exactamente lo que se denomina el gradiente socioeconómico de la salud: es decir, el fenómeno según el cual un nivel socioeconómico más alto o más bajo determina una salud mejor o peor. Se trata de una correlación que observamos tanto en España como en todos los países de Europa. Conocer las causas de este gradiente sería el primer paso para resolver las desigualdades. 

Quiéreme y así querré cambiar el mundo.

La educación ética de las personas adolescentes pasa 
porque puedan experimentar las normas, vivirlas y hacerlas suyas. 
También porque adquieran interés por lo que ocurre a su alrededor y tengan autonomía.


Fotografía: Teresa Rodríguez
Los primeros días del mes de mayo llega a las librerías mi último libro sobre los mundos adolescentes (Quiéreme cuando menos lo merezca… porque es cuando más lo necesito, Columna Edicions). 
Más allá de que lo considere un tipo de testamento adolescente (tengo miedo de no estar al día en una realidad aceleradamente cambiante que necesitas nuevas voces), se trata de un libro que sistematiza las miradas y las atenciones que los niños y las niñas adolescentes necesitan (el resumen de cuatro décadas de estar con ellas y ellos).

Entre ellas, están las miradas y las respuestas éticas. De una manera específica, he dedicado dos capítulos singulares a reflexionar sobre la ética adolescente y sobre su necesidad de buscar explicaciones al mundo en el que viven.

Educar adolescentes no es tan solo hacer una larga gimcana dominando un conjunto e habilidades educativas. Es, fundamentalmente, un reto permanente de educación en valores. No, no podemos dejar la ética a un laco, como si fuese un tema momentos tranquilos, perdidos. Forma una parte central de la posibilidad de devenir adultos últiles en sus vidas.

Los y las niñas en edades adolescentes están inmersos en procesos de construcción personal, no asumen o aceptan lo que viene de arriba, si no que experimentan, han de escoger y decidir, se mueven alternativamente entre polos contradictorios, les invade el malestar o la falicidada indefinida. En este recorrido, unas u otras opciones suponen más o menos sufrimientos propios y ajenos, formas de ser y de convivir con más o menos compatibilidad con su entorno, salidas de la adolescencia o resultados finales hacia diferentes tipo de ciudadanos y ciudadanas jóvenes. En la mayoría de sus cruces, de sus dilemas y dificultades, no es posible ayudarlos sin utilizar los valores. Cuando las familias o los educadores pensamos en estar a su lado y ser útiles en sus vidas, nos preguntan no sobre cómo podemos hacerlo, sino con qué sentido, con qué pretensión, nos interrogan (deberían hacerlo) sobre la hipotética bondad o maldad de nuestros consejos y orientaciones.

No vale, por tanto, cualquier propuesta. Hemos de pensar en una “ética evolutiva”. Un conjunto de valores, reglas y lógicas culturales que son especialmente válidas para un tiempo de la vida, que permiten probar respuestas a los dilemas de un ciclo vital. Habrá de tener cinco características:
.- Una ética adolescente no puede ser normativa. Es decir, no podemos intentar simplemente transmitirles nuestras normas. Siempre estarán hablando de ética vital, de formas de ser, actuar y comportarse que han de conectar con su vida.
.- No pude ser simplemente transmitida. Los adolescentes no aceptarán la ética como una cosa inevitable para vivir en sociedad. Ha de ser activamente descubierta y construida, ensayada, convertida activamente en algo propio.
.- No puede ser racional, obedecer a principios y postulados sistematizados a partir de la razón. Hemos de pensar en la ética emocional, porque son sujetos inmersos en olas de emociones y sentimientos.
.- No puede ser una propuesta para la seguridad, sino una aportación a la educación para la gestión de los riesgos. La ética ha de servirles para tomar decisiones, no para crear un entorno artificial de “pecado” a su alrededor.
.- Finalmente, no puede ser una propuesta étia de la individualidad. Cualesquiera valores de referencia que propongamos han de tener que ver con alguna comunidad. Todavía son personas que pueden y han de educarse en relación con otros.
Desde otra perspectiva, cuando aplican esta ética a la comprensión del mundo, lo hacen don dos pretensiones:

Evitar que falta de criterior los conviertan en ciudadanos que acepten pronto vivir según los dictados del percado;
evita que se conviertan en personas frágiles de pensamiento, que con mucha facilidad formen parte de los fanatismos más diversos.
En el libro trato de insistir en que, de la misma manera que se define al buen adolescente como un buen escolar, también pensemos que lo es el adolescente que no cuestiona mucho la realidad que le envuelve. Se espera que el buen adolescente ha de tener buenas notas y ser socialmente conformista. Los otros, no se consideran buenos adolescentes, pero lo suelen ser bastante más y devienen en mejores jóvenes y ciudadanos.

Destino el último capítulo del libro a sugerir cómo algunos días nuestra preocupación adulta debería de cambiar de signo. Si la mayor parte del tiempo nuestra preocupación se centra en los líos en los que se meten, en algún momento deberíamos estar preocupados por si los hijos no se meten en líos. Las familias más angustiadas deberían de ser aquellas con hijos conformistas que hacen nada, en ningún momento, si solos ni acompañados, por cambiar alguna cosa del mundo en el que viven, aunque sea el de su amigo o sus compañeros de clase.

No educamos éticamente, no hacemos posibles otros jóvenes si nuestros adolescentes pueden llegar a convivir con la injusticia y no mueven un dedo por reducirla.

La inquietud infantil.

tampoco nacieron excesivamente inquietos, 
simplemente son niños reaccionando a un mundo y a unas circunstancias 
que les obliga a subir los decibeles de expresión, 
un mundo construido por nosotros los adultos 
donde la tranquilidad y la paz 
no encuentra muchas oportunidades y espacios donde anidarse.

Asi que....:

aumentemos nuestra atención y disposición para con los niños 
para que no tengan que gritar o estallar.



Los niños (la palabra se refiere también a las niñas) de hoy no encuentran calma suficiente. Les tocó vivir en un mundo acelerado, cargado de estímulos, caracterizado por la prisa, la rapidez, la urgencia.
El estruendo lo viven fuera de casa: exceso de autos, cláxones furiosos, basura de todo tipo, inseguridad, contaminación…; pero el estruendo también está en casa: gritos, estrés, violencia, donde en ocasiones el recurso para protegerse consiste en saturarse de otros estímulos muchas veces también dañinos provenientes de los medios de comunicación, de las pantallas: computadoras, televisiones, teléfonos.

Ruido, estruendo, presión, rapidez, adjetivos que van en contra de las necesidades del desarrollo infantil, el cual se cuece a fuego lento, en la tranquilidad de los entornos, en los silencios que se intercalan con los sonidos de la infancia, en la austeridad que genera el espacio para la creatividad, en el jugar, en la pausa que posibilita el retraimiento al mundo interno donde se activa la fantasía, la imaginación, la creatividad…

“Los niños no son como antes, ahora están muy acelerados, excesivamente despiertos, precoces, no se están quietos, parece que nacieron con el chip de hiperactividad”, es una expresión cada vez más frecuente entre los adultos, enunciada con cierta sorpresa, como si su personalidad “acelerada” fuera una cuestión ajena a nosotros sus cuidadores y educadores y al entorno que hemos creado, y en cambio se tratara de una cuestión genética, “un chip con el que nacieron”.

La verdad es que hemos construido ciudades grandes ajetreadas, estridentes que afectan de manera importante a todos los seres vivos que las habitamos. Científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España concluyeron que los pájaros que viven en ciudades grandes pueden pasar más tiempo cantando en respuesta a los elevados niveles de ruido.

Explicaron que los pájaros verdecillos (Serinus serinus) que abundan en muchas regiones urbanas de Europa, pueden emplear hasta el 60% del tiempo en cantar a niveles de 70 decibelios. Afortunadamente no sobrepasan este límite temporal, pues hacerlo implicaría el riesgo de “dedicar más tiempo al canto que a otras tareas tan importantes como estar atento a los depredadores”, de acuerdo con investigador Mario Díaz.
El canto es a los pájaros lo que el movimiento a los niños. Canto y movimiento son vehículos de expresión, respectivos. De ahí que el aumento en el volumen y frecuencia del canto de las aves como respuesta al ruido de las ciudades no deje de guardar semejanza con el aumento y frecuencia del movimiento de los niños ante el tipo de ciudades y dinámicas urbanas construidas.
Así como los pájaros tienen que amplificar su instrumento de comunicación para hacerse escuchar, los niños también tienen que amplificar sus recursos de expresión para hacerse notar, para ser vistos, para ser tomados en cuenta en medio del bullicio urbano, en medio de la desatención de los adultos.

En comunidades pequeñas, con organizaciones que permiten el encuentro frente a frente, que no separan demasiado a los padres de sus hijos en la vida cotidiana, a los niños les basta con usar la palabra para ser tomados en cuenta.

En las ciudades grandes, en cambio, no les está alcanzando el uso de la voz, y al no obtener retroalimentación o respuesta de los adultos, se ven forzados aumentar el ‘volumen’ de expresión al nivel que las circunstancias exijan: gritando, berreando… moviéndose: agitándose, pataleando, golpeando… enfermando, y en casos extremos (afortunadamente poco frecuentes pero dramáticamente cada vez más presentes) dándose muerte, suicidándose.

Nuestros niños contemporáneos no son, pues, niños enfermos de hiperactividad (los que tienen este trastorno realmente, constituyen una franja muy baja en la población), tampoco nacieron excesivamente inquietos (algunos nacieron temperamentales pero esto no instala un destino de impulsividad cuando se les ayuda a encauzar su torrente de energía), simplemente son niños reaccionando a un mundo y a unas circunstancias que les obliga a subir los decibeles de expresión, un mundo construido por nosotros los adultos donde la tranquilidad y la paz no encuentra muchas oportunidades y espacios donde anidarse.

Son niños que al invertir grandes cantidades de energía, tiempo y movimiento para conseguir la atención, el cuidado y el amor que requiere cualquier cría humana, no pueden dedicarse a otras tareas importantes de vida, o que quedan expuestos a los depredadores.


Bajemos el volumen a nuestras ciudades y aumentemos nuestra atención y disposición para con los niños para que no tengan que gritar o estallar.