lunes, octubre 26, 2015

El efecto Messi.


 


La necesidad de “obtener” deportistas para participar en competiciones de alto nivel o, como anteriormente he comentado, músicos espectaculares no tiene ningún sentido ser priorizada frente a la necesidad de que los niños sean niños...

Cada año más de mil niños de entre seis a ocho se postulan para conseguir entrar en La Masia. Lugar donde se van a forjar los futuros Messis y otros grandes futbolistas de nuestro país. Bueno, quien habla de La Masia puede permitirse hablar de centros deportivos de alto rendimiento donde, alumnos menores de edad y, en ocasiones, de edades muy tempranas, van a ser forjados en un determinado deporte. 
Bueno, lo anterior también sirve para aquellos niños a los que se les da extremadamente bien algún instrumento musical y, para ellos, también existen sus centros de internamiento. 
Sí, el premio para un niño (o más bien para sus padres) es estar interno en una residencia en la que, debido a motivos varios, sólo va a relacionarse con su familia en días concretos y, cómo no, va a ser formado en el deporte o instrumento a lo largo de tres, cuatro, cinco o seis horas al día.

Fuente: http://www.fcbarcelona.es/
Fuente: http://www.fcbarcelona.es/
Sinceramente, no lo veo. 
No veo el objetivo de internados para alumnos con familias, supuestamente, sin problemas. 
No entiendo la facilidad de algunos de justificar el envío a esos centros de aislamiento de sus retoños. No entiendo la necesidad de niños de seis, siete, ocho o nueve años entrenando o practicando más de tres horas diarias. No entiendo que se permita lo anterior. 
No me cabe en la cabeza que existan unos padres que hagan lo anterior con sus hijos. 
Qué no, que por mucho que me lo quieran vender como deseo de los niños, la realidad es que, en la mayoría de ocasiones -y más a esas edades tan tempranas- es un deseo de los padres. 
Muchos padres que, bajo diferentes justificaciones, encierra a su hijo en contextos donde la relación con el mismo va a impedirle ejercer sus roles. Muchos padres que no deberían ser llamados así. Aberrante lo anterior. Aberrante encerrar y enviar lejos a sus hijos a contextos que limiten la relación entre progenitores e hijos.

La necesidad de “obtener” deportistas para participar en competiciones de alto nivel o, como anteriormente he comentado, músicos espectaculares no tiene ningún sentido ser priorizada frente a la necesidad de que los niños sean niños. Y un niño no debería, una vez finalizada su jornada educativa, dedicar esa barbaridad de horas diarias a mejorar en ese deporte o instrumento musical porque eso, por mucho que queramos justificarlo, es simple y llanamente explotación infantil. Eso sí, en este caso, justificada por demasiados y vendida por los que ofrecen esos internados como la posibilidad de ser el nuevo Messi.
Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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