viernes, mayo 22, 2020

La fuerza del grupo ante el virus de la soledad, Yamileth.

Aicha, Siham y Malak,
SPE L’Olivar,
Fundació Idea.

*Aicha, Siham y Malak son tres chicas migrantes que residen en SPE L'Olivar, y  que han creando al personaje Yamileth*un personaje que nos trae sus propias historias personales durante el confinamiento causado por la Covid-19.
Esta es su experiencia, y magnífica reflexión...

La fuerza del grupo ante el virus de la soledad.

Barcelona, 21 de mayo de 2020.

Soy Yamileth*, tengo 17 años, decidí emigrar desde Tánger, buscando nuevas oportunidades y un lugar donde empezar de nuevo; llegué a Barcelona en avión, con nada más y nada menos que un futuro incierto y un equipaje que cabía en una mochila de colegio. Decidí pedir ayuda y, al ser menor de edad, me trasladaron a un centro, que luego supe que se llamaba de protección y emergencia fuera de la ciudad Condal. A llegar, quedé maravillada por el entorno tan bonito y acogedor y por el recibimiento de las otras chicas que ya vivían allí.

Poco después de llegar al centro, una horrible noticia llegó hasta nosotras: un virus no conocido que se propaga con facilidad y contagia a hombres y mujeres, sobre todo a los mayores. Con el paso de los días, empecé a angustiarme, creo que porque teníamos que quedarnos en casa sin poder salir, con unas medidas de seguridad que asustaban y que nunca antes vi, y que tanto nosotras como los educadores y educadoras debíamos mantener: limpiarnos las manos una y otra vez a lo largo del día, usar mascarillas, mantener un metro y medio de distancia... Y, además, escuchar en la tele cómo iban aumentando los contagiados y los muertos y cómo el virus se iba  escampando por todo el mundo.

En esta situación, y separada de mi familia y de mi país de origen, sentí entonces (y siento aún) mucha preocupación y miedo porque sé que yo estoy protegida y cuidada y cuento con los medios necesarios para no contagiarse, pero mis padres, hermanos pequeños, abuelos, tíos y primos, como tanta otra gente en Marruecos, sé seguro que no tienen los medios que yo tengo. Empecé a tener pesadillas, me costaba dormir por las noches, hasta sentía dolor en el pecho durante el día y no podía dejar de pensar en ellos. Necesitaba contactar con ellos para oírlos, saber que estaban bien. Ellos se alegraban de que yo estuviera bien, pero yo seguía muy preocupada por ellos.

Con el paso de los días, fui sumando a mis preocupaciones mis deseos y anhelos que han quedado truncados por esta crisis sanitaria, paralizando así mi proyecto de vida. El tiempo corre y para mí el tiempo es muy importante. Estos pensamientos, que se pasean por mi mente una y otra vez a lo largo de los días, hacen que llore, a veces a escondidas, otras abrazada a alguna de mis compañeras, otras al hablar con mi educadora… Hay momentos en que noto que estoy perdiendo las fuerzas que tenía para seguir.

Sin embargo, un día como otro cualquiera, porque parece que todo ha quedado parado, alguien me dijo: “todo saldrá bien”. Hablé durante mucho rato con ella, mi tutora, y al final pude comprender que a pesar del dolor, algo podía aprender de este momento, algo que me pueda ayudar en un futuro a seguir con más fuerza y quizás mejorando, yo y el resto de la humanidad, en muchos aspectos que quizás muchos habíamos olvidado: la importancia del medio ambiente, decir a quien queremos que les queremos, el valor de ayudar y dejarse ayudar…

Y fue entonces cuando decidí empezar a valorar todos esos pequeños detalles diarios que, hasta ahora, me habían pasado por alto y que se escondían detrás de los grandes objetivos y prioridades, que ahora ya no lo son tanto, y que no veía. Así que decidí marcar un antes y después en cada momento, aprendiendo a disfrutar de los espacios conmigo misma como nunca antes había hecho, fortaleciéndome en mis buenos recuerdos y replanteándome nuevas metas, valorando el trabajo de acompañamiento que mis educadores y educadoras me prestan, la compañía de mis compañeras, que, aun sintiendo quizás lo mismo que yo, han estado a mi lado, acompañándonos mutuamente durante todo este tiempo y apoyándonos en largas charlas de desahogo. He dedicado tiempo y he descubierto el entorno tan maravilloso donde está el centro, disfrutando de momentos como el amanecer, los pajaritos, las flores… Que son vida, eso que tanto necesitamos ahora.

Me doy cuenta de todos los que mueren solos, de los enfermos y de los que lo pasan mal. Yo también lo pasé mal, estuve sola, y por eso me siento más cerca de todos ellos. Y por eso saldré hoy, como todos los días, a las 20 h al balcón, y aplaudiré con fuerza. Intentaré hacer llegar mi solidaridad y mi reconocimiento al personal médico y sanitario, pero también a los educadores y educadoras, cocineras, tenderos y tenderas, que en un momento así no nos hayan dejado solas.

¡Todo saldrá bien!.

Aicha, Siham y Malak,
SPE L’Olivar,
Fundació Idea.




La Fundació Idea, creada en 1985 en Sabadell (Barcelona) es una entidad sin ánimo de lucro que tiene como objetivo fundamental la promoción y atención a niños, adolescentes y jóvenes en situación de exclusión social o en riesgo de padecerla. El Servicio de Protección en la Emergencia L'Olivar, un centro gestionado por Idea, acoge y atiende a chicas adolescentes migrantes en una situación particularmente vulnerable.
Barcelona, 21 de mayo de 2020

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