viernes, mayo 19, 2017

Evolución comparada de la pobreza infantil, juvenil y de los mayores en Europa.


Aunque crece la preocupación pública por la evolución del paro juvenil y su impacto en el poder adquisitivo de este grupo de edad, habitualmente no se compara su situación económica con la de otros grupos de edad, como los mayores de 64 o los menores de edad. Tanto la opinión pública como los científicos sociales han prestado una atención muy limitada a la posibilidad de que las tasas de pobreza de jóvenes y mayores de 64 estén divergiendo en la Europa contemporánea. Así, a causa de un enfoque fundamentalmente filosófico y normativo (Myles, 2002; Preston, 1984), la bibliografía en ciencias sociales sobre equidad intergeneracional ha motivado pocos estudios empíricos (para una excepción, Brady 2004). Esto supone que tengamos un conocimiento limitado sobre la evolución comparada de la pobreza infantil y la de los mayores.
En primer lugar, hasta la fecha no se han examinado empíricamente posibles cambios en las tasas de pobreza a lo largo del tiempo. Esto es importante porque, incluso aunque los niveles de pobreza de distintos grupos estén fuertemente correlacionados, las tasas pueden haber evolucionado en direcciones opuestas ocasionando una divergencia neta. En segundo lugar, el contexto sociopolítico y económico ha variado sensiblemente desde la crisis financiera de 2008. Por un lado, la crisis económica ha mermado los ingresos y la seguridad económica de jóvenes y padres con hijos menores, lo cual puede haber redundado en un aumento de la pobreza infantil y juvenil. Por otro lado, las prestaciones de los sistemas de pensiones públicas, principal fuente de ingresos para los mayores de 64 años en los países europeos, se han mantenido estables o han sufrido recortes aparentemente menores que la caída en los ingresos de grupos de población activa. Por tanto, la combinación de una dura crisis de empleo y salarios y la contención de los costes económicos para los mayores de 64 puede haber producido tendencias opuestas en las tasas de pobreza infantil y en las de los jubilados.

2. Ingresos y pobreza


La mayoría de los estudios sobre pobreza comparten el objetivo de identificar la población que sufre un alto nivel de inseguridad económica entendida como privación monetaria objetiva, y definen la condición de pobreza en términos relativos (Requena, Salazar y Radl, 2013). El objetivo consiste en delimitar el nivel de ingresos que aseguran un estándar de vida mínimo necesario para la plena participación en una sociedad dada. Siguiendo esta perspectiva, se usa aquí el indicador predominante de pobreza relativa: personas con unos ingresos disponibles equivalentes menores del 60% de la mediana nacional (Eurostat 2016a), es decir, menores del 60% de los ingresos que ocupan el lugar central entre todos cuando están ordenados. Por ingresos equivalentes se consideran los ingresos de cada miembro del hogar y se toma en cuenta el menor consumo de los menores de edad y la reducción de costes per cápita en diversos servicios (por ejemplo, calefacción) al aumentar el tamaño del hogar.

En la mayoría de los países europeos la tasa de pobreza infantil es mayor que la tasa de pobreza de los mayores de 64 años.


Resulta informativo considerar cuáles son los valores concretos del 60% de la mediana nacional de ingresos equivalentes. Según datos de Eurostat (2016b), las medianas de ingresos equivalentes en 2015 eran en España y en toda la zona del euro (UE-18) de 13.352€ y 17.794€ respectivamente. Por tanto, en España, el umbral de pobreza relativo (60% de la mediana) era en 2015 de 668€ mensuales por persona. Si tenemos en cuenta el coste de la vida y el creciente rango de bienes y servicios considerados imprescindibles para una plena integración social, queda claro que unos ingresos por persona menores de 670€ mensuales dificultan severamente la participación en la vida social y económica del país. De hecho, en España el salario mínimo estaba fijado en 2016 en 764€ mensuales.
El objetivo de este estudio consiste en contrastar la evolución de las tasas de pobreza infantil (que afecta a personas de 15 o menos años), juvenil (concierne a población entre 16 y 24 años) y de los mayores de 64 años, en perspectiva comparada y longitudinal, a lo largo de los años. Siguiendo la operacionalización de Eurostat (2016a), la pobreza se refiere a la población que vive por debajo del umbral definido anteriormente. Por otra parte, debido al interés de este artículo en analizar diferencias en la evolución de la pobreza infantil¸ la pobreza juvenil y la pobreza de los mayores, el resto del estudio se fundamentará en el análisis de dos ratios. Ambas responden a cálculos sencillos: el porcentaje de población infantil (o juvenil) bajo el umbral de pobreza relativa dividido por el porcentaje de población mayor bajo el umbral de pobreza relativa. Según esta definición, una ratio de pobreza infantil menor de 1 indica que los menores de 16 años de edad sufren niveles de privación monetaria relativa menores que los mayores de 64 años, y un valor mayor de 1 indica que los menores de 16 años de edad sufren mayores niveles de privación monetaria relativa que los mayores de 64 años.

3. La justicia intergeneracional, más lejos


La figura 1 refleja las ratios de pobreza infantil y pobreza juvenil en los principales países europeos con datos relativos a 2015.
Respecto a la ratio de pobreza infantil, queda claro que en casi todos los países el valor es superior a 1. Esto indica que en la mayoría de los países la tasa de pobreza es mayor entre los menores de edad que entre los mayores de 64 años. Dicho de otro modo, salvo en Suecia, los países bálticos, Eslovenia y Bulgaria, actualmente la inseguridad económica es mucho más habitual entre los menores de 16 años de edad que entre los jubilados.
Las tasas de pobreza infantil y las de los mayores de 64 años se están alejando en varios países europeos y en la Unión Europea en su conjunto.

Una pauta similar se aprecia al analizar la ratio de pobreza juvenil. En los mismos países (aquí se incluye Suecia), la pobreza juvenil es mayor que la pobreza de los mayores. Esta evidencia sugiere que en la fase histórica actual los regímenes de bienestar europeos –los cuales incluyen el mercado laboral, sistemas de protección social y redes de apoyo familiares– no están cumpliendo con el principio básico de justicia intergeneracional, según el cual todos los grupos de edad deben disfrutar de niveles equivalentes de bienestar económico.
Los mapas de la figura 1 no solo revelan la mayor extensión de la pobreza entre niños y jóvenes que entre los mayores, también indican sustanciales diferencias en los índices de pobreza entre países. Existe cierta coincidencia en los valores de las dos ratios. Los países con mayor infraprotección relativa de los niños respecto a los jubilados suelen ser los que ofrecen mayor infraprotección relativa de los jóvenes respecto a los jubilados. A este respecto destacan los casos de los Países Bajos, España, Francia y, en menor grado, Noruega. En los Países Bajos las tasas de pobreza infantil y juvenil casi triplican y quintuplican la pobreza de los mayores. En España la pobreza infantil y juvenil duplica y triplica respectivamente la tasa de pobreza de los mayores. A cierta distancia, Francia también destaca por la infraprotección de sus niños y jóvenes. Mientras que los Países Bajos, España y Francia cuentan con diferenciales de bienestar económico que se alejan especialmente del principio de justicia intergeneracional, otros países se acercan más al cumplimiento de dicho principio. Alemania, Austria, Bélgica y Rumanía logran un grado de seguridad económica similar entre grupos de edad.
Si se tiene en cuenta que (a) en la Europa actual la pobreza afecta más habitualmente a niños y jóvenes que a los mayores y que (b) existen fuertes diferencias internacionales en el diferencial de protección por grupo de edad, resulta imprescindible examinar la evolución reciente de los índices de privación relativa. ¿Es la infraprotección de niños y jóvenes un fenómeno únicamente reciente y resultado de la profunda crisis económica iniciada en 2008? Para responder a estas cuestiones hay que analizar la evolución de las ratios de pobreza infantil y juvenil desde al menos 2005.
La figura 2, que considera los seis países más poblados de la Unión Europa y casos representativos de distintos regímenes de bienestar (Esping-Andersen, 1999), arroja cierta luz sobre estas cuestiones. Para el conjunto de la Unión Europa 27, las ratios de pobreza infantil y juvenil han aumentado, lo que crea divergencia en las tasas de pobreza. De hecho para muchos países el nivel de infraprotección se ha invertido, siendo ahora los jóvenes y menores los más afectados por la inseguridad económica. Analizando con más detenimiento las ratios de pobreza, se aprecian tres grupos de países.
En el primer grupo, las ratios se han duplicado o casi duplicado. Este es el caso de Francia, Reino Unido, Grecia y, muy especialmente, España. En todos estos países se aprecia un claro impacto de la crisis económica. Desde 2008 el diferencial en las tasas de pobreza de niños y jóvenes aumenta considerablemente respecto al de los mayores. En un segundo grupo de países, las ratios han aumentado moderadamente. Este es el caso de Polonia e Italia, donde la incidencia de la crisis económica es menos clara. En un tercer grupo de países, las ratios de pobreza infantil y juvenil han disminuido. Esta es la situación de Alemania y Suecia.
La divergencia en las tasas de pobreza infantil y en las de los mayores de 64 años es particularmente intensa en España.

¿Qué pautas concretas de las tasas de pobreza por grupo de edad pueden haber inducido variaciones internacionales tan acusadas en las ratios de pobreza? La evolución de las tasas de pobreza y los ingresos medianos equivalentes por grupos de edad ofrecen indicaciones preliminares al respecto. 
La figura 3 refleja las series utilizadas para la construcción de las ratios de pobreza: las tasas de pobreza infantil, juvenil y las de los mayores de 64 años. Respecto a los países con una clara divergencia en los niveles de pobreza (España, Francia, Grecia, Reino Unido e Italia), el origen es claro: un importante aumento de la pobreza infantil y juvenil, junto con un sustancial descenso de la pobreza de los mayores. La estabilidad en la ratio de pobreza en otro grupo de países (Alemania, Polonia y Suecia) emana de un diferencial estable en la inseguridad económica de los menores de edad, jóvenes y mayores de 64. Si bien no se aprecia una divergencia neta en todos los países europeos, la tendencia es tan intensa en los países mencionados en el primer grupo que produce divergencia en el conjunto de la Unión Europa.
Al examinar la evolución de los ingresos medianos, nominales (los que se reciben en un momento dado y que incluyen la inflación) y equivalentes de tres grupos de edad, comprobamos que la crisis y las respuestas institucionales no han tenido consecuencias homogéneas en el poder de compra de los tres grupos de edad. De modo que los ingresos de jóvenes y adultos en los grupos de edad con más probabilidad de tener hijos menores en casa han aumentado menos que los de los mayores de 64 años. Por un lado, el aumento del desempleo y la devaluación interna asociada con caídas en los salarios reales han producido caídas reales en los ingresos de jóvenes y padres con hijos menores en países como España o Grecia, o aumentos muy modestos en sus ingresos en Reino Unido o Italia (figura 4).
Por otro lado, existen indicios de que las principales reformas en los sistemas de pensiones aprobadas en Europa desde 2008 no han reducido significativamente en el corto plazo la cobertura de estas prestaciones o el valor de la pensión mediana. De ahí que los ingresos de los mayores de 64 años no hayan descendido sustancialmente desde 2008. Es más, en al menos ocho grandes economías europeas y en el conjunto de la Unión Europa, los ingresos medianos de la población de 64 o más años han aumentado más que los ingresos de los jóvenes y los de la población en edad de tener hijos menores en casa (figura 4).

4. Conclusiones


El principio de igualdad en derechos y oportunidades, ampliamente compartido en las sociedades occidentales, dice que los grandes grupos de población económicamente dependiente deben disfrutar de niveles equivalentes de protección económica y social. Pocos ciudadanos cuestionarían la presunción de que niños, jóvenes y jubilados son dependientes económicos y por tanto merecedores de apoyo a su seguridad económica. Sin embargo, este estudio muestra que desde 2008 las sociedades europeas no están distribuyendo riesgos económicos de modo coherente con el principio de equidad intergeneracional.
El análisis realizado conduce a tres grandes conclusiones. La primera, que en la actualidad y en la mayoría de los países europeos, la probabilidad de tener un poder de compra que impide una participación plena en la sociedad es mayor entre niños y jóvenes que entre jubilados. El grado de infraprotección de menores y jóvenes es especialmente acusado en los Países Bajos, España y Francia. La segunda es que al adoptar una perspectiva longitudinal se comprueba que la infraprotección de menores y jóvenes ha ido creciendo a lo largo de la última década. En otras palabras, en Europa la pobreza relativa de menores y mayores de 64 está divergiendo. Esta divergencia ya era apreciable en 2005, pero se ha acelerado desde el inicio de la crisis económica global en 2008. Y tercera, una exploración de las tasas de pobreza por grupos de edad indica que la divergencia mencionada emana de tendencias opuestas según el grupo de edad. Desde 2005 la pobreza infantil y juvenil ha aumentado en varios países, mientras que la pobreza de los mayores de 64 muestra la tendencia opuesta pues ha disminuido en la mayoría de los países.
Los resultados de este estudio estrictamente descriptivo tienen claras implicaciones colectivas: las sociedades europeas deberían prestar más atención al problema de la pobreza infantil y juvenil. Si bien desde 2008 han surgido voces y se han hecho esfuerzos para mejorar la calidad de vida de los adultos jóvenes, todavía existe poca concienciación en los países europeos sobre el aumento de la pobreza en el grupo especialmente vulnerable que representa la infancia. Es un deber colectivo resaltar que el aumento de la pobreza infantil y juvenil en Europa perjudica gravemente las oportunidades vitales y la calidad del capital humano de las generaciones futuras. Asimismo, si (y solo si) la divergencia en tasas de pobreza por grupos de edad se dilata en el tiempo, la inequidad intergeneracional podría convertirse en un nuevo problema estructural en las sociedades europeas.
Juan J. Fernández, profesor asociado, departamento de Ciencias Sociales, Universidad Carlos III de Madrid.

5. Referencias


Brady, D. (2004): «Reconsidering the divergence between elderly, child, and overall poverty», Research on Aging, 26.
Esping-Andersen, G. (1999): The social foundations of post-industrial economies, Oxford: Oxford University Press.
Eurostat (2016a): «People at risk of poverty or social exclusion by age and sex», Eurostat.
Eurostat (2016b): «Mean and median income by household type – EU-SILC survey», Eurostat.
Myles, J. (2002): «A new social contract for the elderly?», en G. Esping-Andersen (ed.): Why we need a new welfare state, Oxford: Oxford University Press.
Preston, S. (1984): «Children and the elderly: divergent paths for America’s dependents», Demography, 21.
Requena, M., L. Salazar y J. Radl (2013): Estratificación social, Madrid: McGraw-Hill.

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