jueves, enero 06, 2022

El niño que levantaba la mano.

La participación es fundamental en el desarrollo integral de las niñas y niños.

Presidente de UNICEF España. 

España acaba de dar un paso de gigante para avanzar en el cumplimiento de los derechos de una parte especialmente sensible de la sociedad: la creación del Consejo Estatal de Participación Infantil y Adolescente, un hito en el avance de la Convención sobre los Derechos del Niño
Se trata de un órgano permanente y estable de consulta, representación y de participación de las niñas, niños y adolescentes, adscrito al Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. A partir de ahora, 8,3 millones de niñas y niños tendrán un foro de participación en el que expresar libremente sus ideas. El Consejo nace con el fin de ser portavoz e interlocutor de la infancia ante las instituciones públicas y su puesta en marcha da respuesta a una demanda que las organizaciones de infancia vienen reclamando desde hace tiempo.

No son pocos los motivos por los que es necesaria la apuesta por la participación infantil: La Convención sobre los Derechos del Niño señala que todas las niñas y niños tienen derecho a ser escuchados, a expresar su punto de vista libremente sobre todo asunto que les afecte. El de la participación es un derecho transversal que facilita el ejercicio del resto de los derechos recogidos en esa Convención y hace referencia a estar informado, involucrado y tener influencia sobre las decisiones y asuntos que afectan a su vida.

La participación es factor fundamental en el desarrollo integral de las niñas y niños. La experiencia de participar es algo personal e intransferible, promueve habilidades de protección, resiliencia, comunicación y fomenta la iniciativa, el pensamiento crítico y los sentimientos de compromiso y responsabilidad. Es un mecanismo de gobernanza y capacidad democrática. Mediante el ejercicio del derecho a la participación, los niños y niñas experimentan un rol activo y útil en la familia, en sus centros, en su comunidad, en su país. Pero es que, además, la participación implica o facilita las relaciones de poder más equitativas entre los adultos y la infancia. Esto no supone que los niños deban asumir responsabilidades que les corresponden a los adultos, pero el desarrollo saludable de la infancia depende también de que se les permita relacionarse con el mundo, tomar decisiones de manera independiente. ¿No son los niños, niñas y adolescentes expertos de lo que necesita la infancia y la adolescencia? En ese caso la sociedad debe tener en cuenta sus propias visiones. El derecho a ser escuchado o a la participación es un elemento esencial que da legitimidad, coherencia y fomenta el respeto de los derechos humanos en cualquier proceso, iniciativa, política o ley. Y para que sea real debe garantizarse con políticas apoyadas con inversión suficiente.

Las niñas, niños y adolescentes tienen hoy más cerca la participación real en la construcción de la sociedad en la que viven y cuyo futuro representan. La niña o el niño que levante la mano en ese Consejo tendrá que ser escuchado para avanzar en la creación de un entorno político, social y cultural donde se fomente la ciudadanía y donde los adultos y la infancia puedan tomar decisiones conjuntamente para el bien común.