lunes, julio 17, 2017

Los permisos parentales como instrumentos para la igualdad de género, Investigación de

Gerardo Meil, catedrático de Sociología,
Jesús Rogero-García, profesor de Sociología,
Pedro Romero-Balsas, profesor de Sociología, 
Universidad Autónoma de Madrid


Las políticas de permisos parentales más recientes han extendido el derecho al cuidado de hijos a los padres varones, fomentando una mayor igualdad de género y una menor discriminación hacia la maternidad. En España hay una gran diferencia en el uso que hacen hombres y mujeres de los distintos permisos. Ese uso depende, en buena medida, de la estabilidad en el empleo y de si el permiso es remunerado o no. Los hombres que utilizan un permiso parental tienden a dedicar más tiempo al cuidado de los hijos, especialmente si el disfrute del permiso se produce cuando su pareja se ha reincorporado al trabajo remunerado, configurándose así como un instrumento que contribuye a una mayor igualdad de género. 

1. Introducción
El nacimiento de un hijo suele traer consigo una inmensa alegría y, también, un nuevo escenario al que toda la familia debe adaptarse. De la noche a la mañana, los miembros de la pareja afrontan las intensas necesidades de cuidado de su bebé, lo que implica, irremediablemente, reducir el tiempo que antes dedicaban a otras actividades.

En un contexto de aumento de las familias de doble ingreso, en el que la tasa de empleo de las madres con hijos menores de 3 años pasó del 45% en el año 2000 al 63% en 2015 armonizar la crianza de los hijos y el trabajo remunerado constituye un reto de primer orden. Ante las demandas de la sociedad española para hacer frente a este desafío, los poderes públicos han desarrollado diferentes iniciativas, con dos objetivos: primero, promover una conciliación adecuada de la vida familiar y laboral; y segundo, lograr la igualdad efectiva de hombres y mujeres en el cuidado de los hijos.

El objetivo de este estudio es describir el uso de los permisos para el cuidado de niños en España a partir de la Encuesta sobre el uso social de permisos parentales 2012. Esta encuesta es la más reciente diseñada de manera específica para el análisis de esta realidad social (Gráfico 1).



2. Los permisos para conciliar vida familiar y laboral: dónde estamos
En sus orígenes, los permisos para el cuidado de los niños solamente podían ser utilizados por las madres, y tenían el fin de facilitar su recuperación física tras el parto y preservar la salud del bebé. Con el tiempo, y con los objetivos de contribuir a eliminar la discriminación contra la maternidad y fomentar una mayor implicación de los padres en el cuidado, este derecho se extiende a los hombres.

Los pioneros en estas políticas fueron los países escandinavos, que observaron que la mera extensión a los padres del derecho a los permisos no se traducía en un mayor uso por su parte. Por ello, decidieron introducir incentivos más eficaces. Pusieron en marcha así la “cuota para el padre” (father´s quota): un período de permiso con un salario de sustitución elevado, intransferible a la madre y que se pierde si no se utiliza (Duvander y Johansson, 2012). El resultado fue que la implicación en el cuidado de los padres creció exponencialmente. En la actualidad, cada vez son más los países que reconocen el derecho de los hombres a implicarse en el cuidado y crean permisos específicos como el de paternidad (Meil, 2013).

En España, la ampliación a los hombres del derecho a estos permisos ha sido muy gradual, a pesar de que las distintas reformas han estado ligadas a la política de promoción de la igualdad de género. Primero se extiende a los trabajadores de ambos sexos el derecho a excedencia y reducción de jornada (ambas sin retribución) como un derecho familiar, es decir, exclusivo para uno de los miembros de la pareja (Escobedo, Flaquer & Navarro, 2012). Posteriormente, pasa a concebirse como un derecho individual, al tiempo que se extiende a los hombres la posibilidad de utilizar el permiso de lactancia, así como parte del permiso de maternidad si este es cedido por la madre. 

Cada vez más países reconocen a los hombres el derecho a disfrutar de un permiso para cuidar de sus hijos.
Hasta hace una década, la filosofía subyacente a esta evolución fue extender a los hombres el derecho a utilizar los distintos permisos previstos para las madres, pero no promover su utilización mediante incentivos positivos. Solamente a partir de la Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres de 2007 y mediante la creación de un permiso de paternidad, se persiguió explícitamente fomentar la implicación de los hombres en el cuidado (Escot y Fernández-Cornejo, 2012). En conjunto, el sistema español de permisos para el cuidado de niños se caracteriza por reconocer un elevado grado de protección jurídica frente al despido, un elevado grado de flexibilidad en las posibilidades de uso, una buena protección económica durante las primeras semanas de vida del bebé a través de permisos bien remunerados, pero una escasa compensación económica de los permisos de más larga duración. Las características básicas de estos permisos se recogen a continuación:

 Principales características de los permisos para el cuidado de niños en España

Permiso de maternidad
16 semanas remuneradas al 100% de la base reguladora en los casos de maternidad biológica, adopción o acogimiento familiar, siempre que se esté de alta o asimilado y se haya cotizado un período mínimo de tiempo. Cuando no se cumplan los requisitos de cotización exigidos, se tiene derecho a 6 semanas de prestación no contributiva.

Seis semanas son obligatorias tras el parto y el resto puede transferirse al padre, así como ser utilizado a tiempo parcial. En los casos de parejas del mismo sexo, como en la adopción, los progenitores tienen que comunicar a la Seguridad Social quién de ellos va a hacer uso del permiso de maternidad y del de paternidad.

Permiso por lactancia
Una vez concluido el permiso de maternidad ambos padres tienen derecho a un permiso de lactancia (aunque sólo puede ser disfrutado por uno), consistente en dos medias horas o una hora de reducción de jornada, sin reducción proporcional del sueldo, hasta el noveno mes del bebé. En convenio colectivo o por acuerdo con el empleador se puede acumular este permiso al de maternidad, resultando típicamente en 2 semanas adicionales.

Permiso de paternidad
Cuatro semanas (desde 2017; dos semanas anteriormente) ininterrumpidas desde el parto por nacimiento, acogimiento, o adopción de un hijo, remuneradas al 100% de la base reguladora, siempre que se esté de alta o asimilado y se hayan cotizado 180 días. 

Excedencia por cuidado de hijos
Derecho de todo trabajador a la suspensión de su contrato de trabajo, sin contraprestación alguna, hasta que el menor cumpla 3 años, con reserva del puesto de trabajo durante el primer año y de uno de parecida categoría si la duración es mayor. Puede disfrutarse de forma fraccionada.

Reducción de jornada por guarda de menores
Derecho de todo trabajador a una reducción entre un mínimo de 1/8 y un máximo de ½ de la jornada laboral, con reducción proporcional del salario, hasta que el menor cumpla 12 años. Puede disfrutarse de forma fraccionada.

Otros permisos por cuidado de hijos
Permiso por riesgo durante el embarazo y durante la lactancia. Derecho a reducción de jornada por cuidado de menores afectados por cáncer u otra enfermedad grave, con una prestación compensatoria por la reducción correspondiente del salario.

3. Un uso desigual por parte de hombres y mujeres
En la actualidad, la mayoría de padres y madres españoles utiliza permisos para cuidar a sus hijos durante sus primeros meses de vida. Al igual que ocurre en otros países europeos, los permisos que compensan la totalidad o parte del salario durante su disfrute (paternidad y maternidad) son utilizados por la gran mayoría de trabajadores, mientras que aquellos sin remuneración (excedencias y reducciones de jornada) tienen un uso minoritario (Gráfico 2).


Entre las mujeres, el uso de permisos se ha incrementado de manera sostenida durante las últimas décadas, mientras que, para los hombres, la introducción del permiso de paternidad en 2007 supuso un verdadero punto de inflexión. Antes de 2007, la única fórmula para que los padres disfrutaran de un permiso remunerado pasaba por que sus parejas les cedieran parte del permiso de maternidad, algo que ocurría, aproximadamente, en el 7% de los casos. El permiso de paternidad ha permitido que, desde su puesta en marcha hasta la actualidad, 3 de cada 4 padres hayan disfrutado de al menos dos semanas para cuidar a sus bebés. Este cambio tan sustancial evidencia la relevancia del diseño de los permisos a la hora de avanzar hacia la co-responsabilidad de hombres y mujeres en el cuidado (Romero-Balsas, 2015).

Las mujeres usan más y durante más tiempo los permisos que los hombres.
En todos los tipos de permiso el porcentaje de uso es mayor entre las mujeres, quienes además utilizan permisos significativamente más largos. La distancia con los hombres es especialmente intensa en las excedencias y reducciones de jornada, es decir, cuando no existe remuneración; en esos casos, las mujeres multiplican por 10 las tasas de uso de los hombres (Gráfico 2). Parece evidente, por tanto, que los permisos remunerados exclusivos para los hombres promueven su utilización, mientras que cuando no hay salario de sustitución su participación se reduce drásticamente.

4. La precariedad laboral, principal barrera para el uso de permisos
Las condiciones laborales de los progenitores son determinantes en las estrategias de cuidado de las familias españolas (Lapuerta, Baizán & González, 2011). En particular, la inestabilidad en el empleo reduce la probabilidad de utilizar permisos, tanto remunerados como no remunerados (Gráfico 3).


Cuando las mujeres tienen empleo indefinido, el recurso a una excedencia o reducción de jornada para conciliar vida familiar y laboral es 4,4 veces más probable que cuando su empleo es temporal o son autónomas; los hombres con empleo indefinido tienen 2,9 veces más probabilidades de usar permisos parentales. Asimismo, se ha observado que el hecho de trabajar en el sector público promueve el uso de permisos no remunerados entre los hombres (Meil, Romero-Balsas y Rogero-García, 2017). 

De estas diferentes pautas de uso se deduce que los trabajadores temporales son conscientes de la existencia de posibles penalizaciones de carácter laboral, como la no renovación de su contrato tras el permiso o la pérdida de posibilidades de estabilización o promoción. 

Los permisos se utilizan más cuando están bien remunerados y cuando los progenitores tienen un empleo estable.
En el caso de los autónomos, el riesgo a perder clientes, junto con la pérdida de ingresos por el coste de oportunidad del permiso, llevan a que muy pocos reduzcan o supriman temporalmente su actividad. De este modo, preservar el empleo de los miembros de la pareja y sus condiciones laborales es un factor fundamental a la hora de considerar si utilizan un permiso parental u optan por otras estrategias de cuidado.

El uso de permisos parentales también está ligado al nivel de estudios de los padres y madres (Gráfico 4). 


Las mayores diferencias entre quienes tienen altos y bajos niveles de estudios se encuentran en los permisos no remunerados. Los progenitores con niveles de estudios elevados suelen conseguir puestos de trabajo estables y con mejores salarios, que permiten sufragar más fácilmente los costes de oportunidad que supone el disfrute de un permiso sin remuneración, ya sea a tiempo completo o parcial. Por otro lado, estos padres y madres suelen disponer de mayor información y conocimiento sobre la existencia de estos recursos y sobre cómo solicitarlos.

5. Influencia del uso de permisos parentales en la dedicación de los hombres al cuidado
El permiso de paternidad parece lograr el objetivo de contribuir a una mayor implicación de los padres en el cuidado de sus hijos, pues quienes han disfrutado de un permiso dedican más tiempo a su cuidado (Gráfico 5). Sin embargo, el grado de implicación varía dependiendo del tipo de permiso utilizado.


Los hombres que utilizan el permiso de paternidad dedican en promedio 28 minutos diarios más al cuidado de niños que los que no han utilizado el permiso. Por su parte, quienes han utilizado una parte del permiso de maternidad (hasta 10 semanas) dedican como media diariamente 1 hora y 12 minutos más de tiempo. En los dos casos, esta implicación contrasta con la de quienes utilizaron solo el permiso de paternidad. Por tanto, el uso de permisos más largos aparecen como más efectivos para implicar a los hombres en el cuidado. 

La utilización de la reducción de jornada por parte de los hombres, a pesar de no interrumpir de forma completa el empleo, también conlleva un aumento de la involucración de los hombres en el cuidado de niños. Específicamente, los hombres que han utilizado una reducción de jornada dedican un promedio de 54 minutos diarios más que los que no han utilizado ningún permiso. Por su parte, la utilización de excedencias parece ser la que más favorece la mayor implicación de los hombres en el cuidado de los niños: en promedio, quienes las usaron superan en más de 2 horas diarias de cuidado a quienes no utilizaron permisos. 

El que los hombres utilicen un permiso fomenta su implicación en el cuidado de sus hijos cuando este ha concluido.
Mientras que el permiso de paternidad, salvo excepciones, se utiliza cuando las madres con empleo se encuentran en permiso de maternidad, los demás tipos de permisos se usan cuando la madre ha retornado al trabajo, lo que implica que el padre cuida del bebé sin la presencia de la madre. La utilización de los permisos parentales en solitario por parte de los hombres se relaciona con una mayor implicación a largo plazo en las tareas de cuidado (O’Brien y Wall, 2016), algo que, en el caso español, se comprueba con la mayor implicación de quienes han disfrutado del permiso de maternidad en solitario. Asimismo, la implicación de los hombres no solo promueve la igualdad de género en las tareas del hogar (Meil, 2013; Escot y Fernández Cornejo, 2012; Romero-Balsas, 2015), sino también el desarrollo de vínculos más profundos entre padres e hijos (O’Brien y Wall, 2016), como reconocen ellos mismos:

 “Todo ese mes entero con ella…, el jugar, te acerca mucho más con ella, aquello supuso que estuviésemos más unidos y ahora somos uña y carne, la niña era muy cercana a mí. (…) Con el niño no hubo tanto vínculo por eso por no estar tanto tiempo jugando tranquilamente, paseos y demás.” (entrevista a padre con permiso en solitario de 32 años).

6. Conclusiones
Tras casi una década desde su introducción, el permiso de paternidad puede considerarse un éxito, pues la mayoría de los padres lo han utilizado en su totalidad. Por su parte, y a pesar de que su uso es minoritario, la apertura a los hombres de permisos pensados inicialmente para mujeres también ha supuesto un avance en la co-responsabilidad en tareas de cuidado.

En los permisos bien retribuidos no hay grandes diferencias de género y las mejoras en la legislación se traducen en tasas de uso elevadas. Sin embargo, el uso de los permisos sin compensación económica es minoritario y sesgado según el género y condiciones laborales. Ello se debe, fundamentalmente, a la ausencia de remuneración. En este sentido, la creciente precarización en el empleo supone un freno para que todos los trajadores y trabajadoras ejerzan el derecho a disfrutar de permisos laborales para el cuidado de sus hijos.

Por otra parte, la evidencia empírica confirma que la utilización de permisos por los hombres aumenta su implicación en el cuidado, lo que muestra que son una herramienta eficaz en la persecución de la igualdad de género. Al respecto, la ampliación en 2017 a cuatro semanas del permiso de paternidad es muy positiva, pero insuficiente porque no fomenta su uso cuando la madre se reincorpora al trabajo y porque es poco tiempo para lograr una socialización más efectiva en el cuidado del bebé.



7. Referencias
Duvander, A.-Z., y M. Johansson (2012): «What are the effects of reforms promoting fathers’ parental leave use?», Journal of European Social Policy, 22(3).

Escobedo, A., L. Flaquer y L. Navarro (2012): «The social politics of fatherhood in Spain and France: a comparative analysis of parental leave and shared residence», Ethnologie française, 42(1).

Escot, L., y J.A. Fernández-Cornejo (coords.) (2012): Una evaluación de la introducción del permiso de paternidad de 13 días. ¿Ha fomentado una mayor corresponsabilidad en el ámbito del cuidado de los hijos pequeños?, Madrid: Instituto de la Mujer.

Lapuerta, I., P. Baizán y M.J. González (2011): «Individual and institutional constrains: an analysis of parental leave use and duration in Spain», Population Research and Policy Review, 30(2).

Meil, G. (2013): «European men’s use of parental leave and their involvement in child care and housework», Journal of Comparative Family Studies, XLIV(5).

Meil, G., P. Romero-Balsas y J. Rogero-García (2017): «Why parents take unpaid parental leave. Evidence from Spain», en V. ?esnuiytè, D. Lück y E. D. Widmer (eds.): Family continuity and change. Contemporary European perspectives, Londres: Palgrave Macmillan.

O’Brien, M., y K. Wall (eds.) (2016): Comparative perspectives on work-life balance and gender equality. Fathers on leave alone, Nueva York: Springer.

Romero-Balsas, P. (2015): «Consecuencias del permiso de paternidad en el reparto de tareas y cuidados en la pareja», Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 149.


El estudio y la encuesta han sido financiados 
por el Ministerio de Economía y Competitividad, 
proyectos CSO2009-11328 y CSO 2013-44097-R.

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