martes, agosto 30, 2016

La participación de los jóvenes en las políticas públicas dirigidas a ellos, Entrevista/conversación SITEAL

Conversación entre Néstor López, Ernesto Rodríguez y Deisy Aparicio

El 19 de abril de 2016, en el marco de los Eventos del SITEAL 1
Néstor López, Coordinador del SITEAL, Deisy Aparicio, Miembro de la Secretaría Técnica Nacional de la Asociación Nacional de Estudiantes de Secundaria (ANDES COLOMBIA) la cual integra la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE) 2 
y Ernesto Rodríguez, director del Centro Latinoamericano sobre Juventud (CELAJU) 3 
conversaron sobre el posicionamiento de los jóvenes en las agendas públicas de la región, sus demandas específicas y los espacios de movilización y participación en las políticas dirigidas a ellos.

Néstor López: Empecemos delimitando a qué nos referimos cuando hablamos de participar ¿Cuáles son los diferentes espacios en los que participan los jóvenes? ¿El espacio estudiantil? ¿El espacio laboral? ¿El espacio público? ¿La participación presupone pertenencia? ¿Por qué se participa? ¿Por qué participan los jóvenes? ¿Por qué es deseable que participen?

Deisy Aparicio: Desde mi experiencia, participar es lograr una intervención a partir de las necesidades, exigencias, valoraciones y concepciones de la política que nosotros y nosotras tenemos. A veces la participación simplemente se entiende como poder hablar, pero cuando eso no se transforma en hechos que puedan garantizar nuestros derechos, esta queda desdibujada. Participar es intervenir, incidir, construir, con los y las jóvenes, desde nuestra experiencia y necesidades. Muchas veces dicen “los jóvenes participan”, hacen una consulta y piensan que por eso ya hemos participado, pero a la hora de generar políticas públicas las hacen sin nosotros, a partir de diagnósticos ajenos a nuestra realidad, sin tener en cuenta que el mundo juvenil es heterogéneo, plural y que se manifiesta de diversas maneras.

Ernesto Rodríguez: Efectivamente hay distintos niveles de participación. Lo relevante es participar efectivamente en la toma de decisiones. Se puede participar en una actividad, en una consulta, pero lo fundamental es cómo se participa en los espacios y en las instancias en las que se toman decisiones vinculadas con el diseño, la implementación y la evaluación de las políticas públicas, en particular las que tienen que ver con jóvenes.

NL: Respecto a la relación que los Estados establecen con los jóvenes, considerando tanto los espacios que se habilitan para su participación como aquellos que los propios jóvenes conquistan a través de sus reclamos ¿Cuál es el panorama hoy en la región? 

DA: En relación con el vínculo que los Estados establecen con los jóvenes, creo que se puede hacer un análisis en tres niveles. En algunos países de nuestro continente los Estados ven al joven como un actor vulnerable, conflictivo, violento. De aquí se desprenden políticas que buscan dar solución a ese actor vulnerable, violento, criminal. Son políticas que nos estigmatizan y criminalizan. Por otro lado, existen políticas de integración que están ligadas a escuchar a los jóvenes, pero que todavía no vinculan a las organizaciones con la toma de decisiones. Y por otro lado, movimientos de fuerte incidencia, como el movimiento estudiantil chileno 4, que busca establecer una nueva lógica educativa, o el movimiento juvenil en Brasil 5, que busca establecer una relación más equilibrada con el Estado con vistas a generar mayores garantías en los derechos. Esas tres situaciones caracterizan la realidad que atraviesa nuestro continente. 

ER: Desde los Estados en América Latina lo que prima es la apertura de espacios controlados, acotados, que tratan de evitar los desbordes de parte de los jóvenes. Ejemplos de esto podrían ser los Consejos de la Juventud que se generan en varios países, tanto a nivel nacional como municipal. O los Consejos Estudiantiles, que en algunos casos se plantean como formas de participación de los estudiantes pero que, sobre todo en secundaria, a veces están muy restringidos o se transforman en mecanismos mediante los cuales las direcciones de los colegios imparten ciertas directrices. Del lado de los jóvenes, en cambio, hay una tendencia a ir más allá, a ocupar más espacios de los que los Estados les proponen. Últimamente es claro que los jóvenes donde más cómodos se sienten, más se expresan y participan es en las calles. Reclamando justamente espacios más amplios de participación donde sean efectivamente escuchados y puedan expresar sus opiniones con fuerza, sin coacciones, sin límites.
La reacción de los Estados a lo que los jóvenes expresan o reclaman en las calles suele ser punitiva y controladora. Lamentablemente, la protesta social suele ser considerada casi como un delito en muchos países de América Latina y eso restringe las posibilidades de participación . Salvo contadas excepciones, la reacción de nuestros Estados ha sido controlar, castigar y reprimir, más que abrirse, escuchar, e incorporar estos reclamos de participación por parte de los jóvenes.
Se cumplen diez años de la irrupción del movimiento de los estudiantes en Chile, la "Rebelión de los pingüinos". Actualmente se observa que hay ciertos espacios que se abren a escuchar a los jóvenes, pero también ciertas prácticas que restringen estos espacios. Lamentablemente hay casos, como el de México, en donde los intentos de participación y de expresar libremente ideas son reprimidos fuertemente al punto de que se llegue a la desaparición forzada de estudiantes 6. Es importante que tengamos en cuenta que en México hay más de 25.000 desaparecidos, los 43 estudiantes de Ayotzinapa son apenas una expresión, sin duda muy grave y dramática, de lo que está sucediendo. 

NL: Uno de los retos es romper con la tradición disciplinadora y adultocéntrica del Estado respecto a los niños, adolescentes y jóvenes. Esta idea está muy presente en los actores del Estado pero también en las demandas que la sociedad le hace al Estado. Me pregunto entonces ¿Quiénes son los actores que están detrás de estas demandas y si hay alguien más (además de los jóvenes)  tratando de romper con esa tradición?

ER: Las irrupciones juveniles son apenas un emergente, hay muchos otros actores vinculados con estos procesos. Si uno quisiera complejizar el análisis debería incluir las irrupciones de variados movimientos sociales en América Latina, donde los jóvenes son protagonistas. Hay movimientos de mujeres, campesinos, indígenas, por distintos tipos de reclamos, donde también los jóvenes son protagonistas. En estos casos, no es que estén reclamando por cuestiones específicamente juveniles, lo hacen por temas más amplios que tienen que ver con su vida cotidiana. En defensa del territorio en algunos casos, tratando de evitar que empresas mineras arrasen con el ambiente en otros, por mencionar algunos ejemplos. Hay que tener en cuenta que en muchos casos hay grupos de adultos que tratan de impulsar acciones que acompañen, o faciliten, el proceso que los jóvenes están realizando. En algunos contextos, en materia del desarrollo educativo por ejemplo, esto es notable, pero no siempre se logra que eso se generalice.
En otros casos las políticas públicas acompañan algunos procesos de movilización de los jóvenes, donde hay reclamos específicos. Un ejemplo es lo que ocurrió en los últimos años en Uruguay, donde efectivamente el Poder Legislativo acompañó la aprobación de tres leyes centrales que han cambiado notablemente la vida cotidiana en el país, que contaron con el apoyo de los jóvenes como por ejemplo, la ley de matrimonio igualitario 7, la ley de legalización del aborto 8, y la ley de legalización de la marihuana 9.
En el sentido contrario, a veces los poderes legislativos entorpecen este tipo de procesos. También en Uruguay, en las elecciones de 2014, se realizó un plebiscito vinculado con bajar la edad de imputabilidad de los menores frente al delito, que fue promovido por la derecha. Se juntaron las firmas para poder llevar a cabo el plebiscito. La mayor parte de los partidos políticos, incluidos los partidos de gobierno (la izquierda en Uruguay) siguieron a una opinión publica muy favorable a votar por el “sí”, y los movimientos juveniles se pusieron al hombro la campaña para votar por el “no”. Estas acciones fueron importantes para que el "no" se impusiera. 

NL: Deisy ¿Compartís la perspectiva que trae Ernesto? ¿Las demandas de los movimientos estudiantiles convergen con la de otros actores?
DA: Comparto la idea de Ernesto, hay una multiplicidad de actores que confluyen junto con nosotros y nosotras en la lógica de incidencia y de generación de nuevas políticas públicas. En el caso nuestro por ejemplo, respecto a la reforma de una ley que se dio hace algunos años, no sólo salió el movimiento estudiantil a decirle al Estado colombiano que no estaba de acuerdo, sino que salieron diversidad de actores: el movimiento campesino, el movimiento afro, el movimiento de mujeres. Eso ha permitido la confluencia de diversos movimientos sociales favoreciendo mayores niveles de acción política y prácticas innovadoras, no sólo en las calles sino en distintos escenarios de interpelación a las políticas gubernamentales.
Asimismo, hace poco estuvimos en el Secretariado General de la OCLAE y allí consideramos que era pertinente que el movimiento estudiantil afianzara sus lazos con otros movimientos sociales, en una perspectiva de construir una educación para la liberación de los pueblos, más aun frente a la embestida del neoliberalismo y la mercantilización de nuestros derechos en el continente 10.

NL: ¿Hay "temas juveniles" o las demandas juveniles apuntan a una agenda transversal? ¿Cuál es el temario de su agenda como movimiento de jóvenes? ¿Cómo se fue armando esa agenda?
DA: Nuestra agenda surge del diálogo entre los diversos actores del movimiento juvenil. No hay un único modo de "ser joven". Partiendo de reconocer esta heterogeneidad identificamos algunos ejes comunes. Uno es el de la participación política, otro es la defensa de la educación pública en todos sus niveles, en el caso colombiano estamos viviendo una embestida contra la concepción de la educación como derecho,  el trabajo digno es otro de los ejes, ya que son cientos los jóvenes que no ingresan a la universidad y les toca trabajar en condiciones sumamente precarias. La garantía de los derechos sexuales y reproductivos, no desde una concepción de la educación sexual conservadora, institucional y corporativa sino una concepción abierta a las libertades democráticas y personales que puedan tener los y las jóvenes y la sociedad en su conjunto. Otro eje central para nosotros y nosotras se relaciona con el debate que hoy tenemos sobre la transición hacia la paz, el tema de la militarización de la vida juvenil, la garantía efectiva de la objeción de conciencia al servicio militar obligatorio.
Estas líneas de acción se retroalimentan de otras exigencias juveniles, como el deporte social comunitario y la dignificación del arte. La confluencia, el diálogo, conocernos y reconocernos nos ha permitido definir alguna líneas generales para ir construyendo una agenda anclada en la decisión de interpelar a las agendas que se construyen para nosotros y nosotras pero que no nos reconocen o no entienden nuestras demandas.

NL: Ernesto ¿De qué modo los Estados latinoamericanos construyen las agendas de las juventudes? 

ER: Es difícil encontrar elementos en común, hay muchas especificidades nacionales y locales. A grandes rasgos podemos decir que en la década de 1990 y durante la primera década de este siglo hubo intentos por superar el adultismo y el paternalismo, pero desde una perspectiva neoliberal. Se consolidó la idea de abrir espacios para escuchar a los jóvenes y empoderarlos, pero ese empoderamiento fue planteado desde una perspectiva centrada en el individuo. El “emprendedor” en términos productivos, el “líder” en términos políticos.
La participación de los jóvenes en los Planes Nacionales de Juventud a través de consultas fue expresión de este modelo. Fueron planes que recogían los intereses, las expectativas, las propuestas de los jóvenes al margen de las políticas públicas orientadas a ellos. Se elaboraban estos documentos de política con cierto protagonismo juvenil pero las políticas de educación, de empleo, de salud seguían siendo las mismas y no hacían eco de los reclamos de los jóvenes. Esto llevó a que en las agendas se priorizaran los temas que preocupan a los adultos más que los que les importa a los jóvenes: el embarazo precoz, el consumo de drogas. Había una dualidad muy fuerte. En los últimos cinco o diez años, según los países, se está ensayando otro enfoque en donde las demandas juveniles recogidas a través de consultas se articulen fuertemente con los Planes Nacionales de Desarrollo para que estas iniciativas incidan en las políticas educativas, en las políticas de empleo, de salud, de seguridad ciudadana que tienen gran influencia en la vida de los jóvenes.  
Hay que acumular mucho trabajo en ese sentido. En Panamá, por ejemplo, las consultas a los jóvenes se ubicaron en la estructura misma del Plan Quinquenal de Desarrollo. En El Salvador, se examinó cada una de las políticas sectoriales desde la perspectiva de los jóvenes, y desde allí se conformó la política pública de juventud. Se identificaron las partidas presupuestarias relacionadas con la ejecución directa de los componentes en cada política sectorial. Eso permitió un avance importante durante el período 2009-2013, y con el gobierno que comenzó en 2014 se dio un paso más. En el Plan Quinquenal de Desarrollo se definieron cinco grandes prioridades y tres de ellas están relacionadas con los jóvenes. La primera es un gran programa de empleo juvenil, que no es el plan de empleo juvenil que forma parte de la política de juventud, ni el plan de empleo juvenil del Ministerio de Trabajo, sino un plan de empleo juvenil que se establece como la primera prioridad del Plan Quinquenal de Desarrollo del país. Es otro modo de encarar el diseño de políticas públicas para la juventud. Creo que este camino es más fructífero. Se tiene en cuenta la opinión de los jóvenes, pero se parte de lo que los planes de desarrollo se proponen para el conjunto del país y se trata de incidir en ese nivel, para que las políticas públicas realmente estén vinculadas con la juventud, se pongan en sintonía con los reclamos juveniles, y a su vez, para que los jóvenes tengan más en cuenta lo que los Estados hacen y proponen.

NL: Deisy ¿Cuál es tu opinión respecto al cambio de enfoque que describe Ernesto? 

DA: En el caso colombiano, el cambio que nos menciona Ernesto es bastante irregular. La participación de los jóvenes a veces es un espejismo. Dentro del Plan Nacional de Desarrollo de nuestro país están consignados algunos pilares para la participación de los jóvenes pero se centran en el fortalecimiento de un instituto que se denomina “Colombia Joven” que no cuenta con muchos recursos, que lo único que hace es corporativizar la idea del ser joven 11. Quieren desarrollar un estatuto de ciudadanía juvenil con el cual nosotros y nosotras hemos sido muy críticos puesto que ese estatuto discrimina y no valora la diversidad que caracteriza al mundo juvenil. Por ejemplo, califica como organizaciones juveniles aptas para participar a aquellas que cuentan con personería jurídica, cosa que en términos de garantía efectiva para la participación margina a cientos de grupos que no cuentan con esa herramienta.
Por otra parte, el Plan Nacional de Desarrollo contempla tres ejes donde menciona a los jóvenes: un eje para solventar el desempleo juvenil, desde el cual se valora una idea de Ley de Primer Empleo que lo único que hace es terciarizar al joven, se sigue tipificando a los jóvenes como un peligro o como una responsabilidad centrada en el Estado, entonces hace mención a cómo fortalecer el sistema de responsabilidad penal adolecente. Se trata de buscar estrategias para poder solucionar la vulnerabilidad de los jóvenes, la violencia que ellos generan, y la criminalidad. Nos parece preocupante porque es dejar de lado la participación desde un componente político de construcción, para terminar siendo otra vez un accesorio más de las políticas pero desde una perspectiva penalizadora.
En el Plan se propone generar políticas con enfoque generacional. La pregunta es ¿Con qué recursos se mantienen las políticas? ¿Quiénes van a participar de ellas? ¿De qué manera se va a trabajar la articulación de lo local con lo nacional? En nuestro caso hubo una promesa presidencial de desmontar la obligatoriedad del servicio militar 12 que al final no se cumplió. Si bien ha habido una transición hacia la generación de transversalidad de los temas juveniles en las políticas de los Estados, en el caso colombiano siguen siendo penalizantes, adulto céntricas, y no se corresponden con la concepción de participación integral que nosotras y nosotros reclamamos y desde el cual estamos trabajando. 

NL: Deisy ¿Qué recomendaciones le harías a los jóvenes que se encuentran iniciando procesos de participación? ¿Qué les dirías a los jóvenes que en este momento están en las escuelas escuchándote, respecto a qué implica participar desde un movimiento estudiantil secundario?

DA: Participar no se reduce a elegir a quienes van a representarnos en los escenarios de consejos estudiantiles u órganos institucionales para definir políticas internas de nuestras escuelas, sino que participar requiere también de un debate abierto que vuelva a rescatar las asambleas de estudiantes y el sentido político de la escuela. En Colombia tenemos un lema, “la democracia comienza en la escuela”, asumiendo que la escuela no puede seguir con un modelo adultocéntrico donde el maestro o el directivo es el que define, sino que nosotros como estudiantes también podemos definir cuál es la lógica de nuestros proyectos educativos e institucionales, cuál es la lógica de la política educativa.
En ese sentido, debemos plantearnos cómo acompañamos la acción movilizadora en las calles con la acción política en la escuela, insertándonos en los escenarios en los cuales se toman las decisiones. Por ejemplo, la gobernanza en el interior de los colegios, es decir, la definición de los manuales de convivencia, que no deben ser manuales sino pactos reguladores de la convivencia en donde se entienden a todos los actores por igual. La escuela es profundamente antidemocrática y autoritaria. Es una escuela del siglo XIX, con algunos maestros del siglo XX y con chicos del siglo XXI, con nuevas perspectivas, visiones y concepciones de la vida. En ese sentido no podemos dejarle todo a otros, sino que necesitamos empoderarnos, asumir que tenemos que construir una escuela diferente, entendiendo y diciendo cuál es el tipo de educación que queremos desarrollar. Tenemos que construir otra idea de educación que pueda dar lugar a nuevos sujetos políticos, desde un diálogo con los maestros y directivos, que pueda retomar el conflicto en la escuela, que ha sido acallado. Creo que el conflicto no todas las veces es malo, por el contrario, permite saber qué se necesita y qué se debe transformar en los ámbitos escolares.
En suma, es preciso fortalecer la organización estudiantil, fortalecer los escenarios de debate en la escuela, y fortalecer los escenarios de influencia e interpelación política que deberían desarrollarse tanto al interior del aula, como en la calle con la movilización y la participación en diversos escenarios. 

NL: Ernesto, la mayoría de los estudiantes secundarios están contemplados en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, que explicita el derecho a ser escuchado y promueve el derecho a la participación ¿De qué manera los Estados se apropian y procesan la obligación de garantizar a los jóvenes esos derechos?

ER: Antes de responder quería manifestar mi total acuerdo con Deisy respecto al caso colombiano. Efectivamente en el ámbito estudiantil hay prácticas que requieren ser co-gestionadas y hoy no lo son. Los manuales de convivencia en los colegios secundarios, por ejemplo, son herramientas que imponen las reglas de juego al interior de la escuela. El mínimo de participación es que los estudiantes puedan expresar sus opiniones frente a esos manuales de convivencia, pero mucho mejor aún sería que estos manuales se diseñen en conjunto entre estudiantes, profesores y directivos. Es una forma más concreta de asegurar el derecho a ser escuchados, al menos en el ámbito estudiantil.
El enfoque de derechos que se desprende de la Convención Internacional de los Derechos del Niño es una de las perspectivas que se consideran durante el diseño de políticas públicas para la juventud. Entender a los jóvenes como sujetos de derecho es fundamental para que todas las políticas públicas aseguren la vigencia del conjunto de derechos, este es un enfoque muy distinto a considerar que los jóvenes constituyen un grupo de riesgo, y por tanto que las políticas públicas de juventud tienen que prevenir riesgos o atender las consecuencias de esos riesgos. Creo que en nuestros países ambos enfoques conviven, y que en la mayor parte de las políticas sectoriales lamentablemente sigue predominando el enfoque de riesgo. En los documentos de políticas públicas de juventud predomina el enfoque de derecho, más en el plano del discurso que en las acciones concretas 13.
En el caso de la violencia en las escuelas, esto es evidente. Tenemos dos grandes modelos que se han puesto en práctica –incluso los dos al mismo tiempo en algunos países de la región– en relación con la mal llamada violencia escolar 14. Uno es el modelo de las Escuelas Abiertas, una experiencia muy desarrollada en Brasil pero con experiencias similares en otros países de América latina. La idea básica es abrir los colegios secundarios los fines de semana, feriados, vacaciones, para impulsar toda clase de actividades lúdicas, recreativas, culturales, deportivas, con un gran protagonismo juvenil y abiertas a las comunidades del entorno. Cada fin de semana en Brasil hay 45000 escuelas que participan de este tipo de experiencias, unos cinco o seis millones de adolescentes participando, con modalidades distintas porque varía de Estado a Estado, de Municipio a Municipio, de escuela a escuela.
Otro modelo es el de las Escuelas Seguras. Se basa en las cámaras de seguridad instaladas en los colegios, la presencia policial, el fomento de la denuncia permanente, en definitiva, un modelo centrado en el control y la coerción. En México llegaron a coexistir estos dos modelos durante varios años, sobre todo en el gobierno anterior. La evaluación que se ha hecho al comparar estos modelos indica que el modelo de Escuela Abierta es mucho más pertinente, tiene más impacto, mejora la convivencia entre estudiantes, entre estudiantes y profesores, entre los jóvenes y los adultos del entorno. En cambio, el modelo de Escuela Segura es más caro porque hay que hacer inversiones gigantescas en cámaras de seguridad, en presencia policial en los colegios, y sin embargo, el impacto es marginal. Generan incluso problemas adicionales, como el uso perverso de las cámaras de seguridad que muchas estudiantes mujeres nos han planteado.
Cuando hablamos sobre las acciones que se desarrollan desde el Estado para los jóvenes solemos pasar por alto que a veces coexisten enfoques y muchas veces son contradictorios. El ejemplo que mencioné es solo uno, hay muchos otros. Hay países en donde las políticas que abordan el embarazo adolescente se centran en la abstinencia, al mismo tiempo que desde otros organismos del mismo Estado, trabajan sobre el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. Para avanzar es necesario que nos aferremos al enfoque de derechos y trabajemos en consecuencia, cosa que hacemos poco en la mayor parte de los países de América Latina.

NL: ¿Cuáles son, Deisy, los principales desafíos que tienen como movimiento estudiantil? 

DA: Los principales retos que tenemos hoy como movimiento juvenil son: en primer lugar, entender que el contexto de nuestro país es un contexto de transición de un conflicto armado social y político que lleva decenios, que no sólo ha impactado en el país sino en el continente en su conjunto. Uno de los retos del movimiento juvenil es hacer un aporte para lograr la paz.
Nos comprometemos también con el desafío de garantizar de manera estructural que cientos de jóvenes puedan ingresar al mundo escolar,  tener un trabajo digno. A la vez, nos interesa generar un nuevo diálogo entre los sectores urbanos y los sectores rurales –entendiendo que el joven en contextos rurales, es mucho más vulnerado, violentado, no solamente por las dificultades que se dan en ese ámbito, sino también porque el campo y la ruralidad en muchos de nuestros países ha sido abandonado por el Estado.
Otro reto es cómo lograr construir agendas desde el movimiento estudiantil frente a la embestida del mercado en nuestras escuelas, generar un diálogo entre los diversos sectores de la educación en torno a la educación en todos los niveles, la educación para toda la vida, en nuestros países. Y el tercero, un reto central que tenemos este año en vísperas del Festival Mundial de la Juventud que se va a desarrollar en Rusia 15, tiene que ver con el desarrollo del Festival Nacional de la Juventud para enriquecer la agenda del movimiento juvenil colombiano, para contrarrestar los embates del Estatuto de Ciudadanía Juvenil, y en ese sentido conseguir una nueva institucionalidad para la juventud que pueda contar con recursos, ser pertinente, que discuta y entienda las necesidades, las prácticas políticas de los jóvenes, y que nos permita retomar el diálogo con el Estado.

NL: Ernesto, ¿Cómo ves la situación de los jóvenes desde la perspectiva de los Estados y desde los movimientos juveniles?

ER: Tenemos, sin duda, muchos desafíos. Teníamos un escenario político en América Latina bastante equilibrado entre gobiernos progresistas y gobiernos neoliberales. Este panorama se está complejizando y es muy probable que tenga incidencia directa en las políticas públicas y en particular en las políticas orientadas a la juventud. Los gobiernos más conservadores o neoliberales tienden a insistir en el enfoque de riesgo. Los gobiernos progresistas intentan incorporar el enfoque de derechos, aunque no siempre con éxito. El protagonismo que está recuperando la derecha en varios de nuestros países -me refiero a Brasil, al cambio de gobierno en Argentina, a las elecciones en Perú, por mencionar tres ejemplos recientes- seguramente va a incidir en el fortalecimiento de los enfoques de riesgo. Este escenario nos plantea el desafío de impedir que haya retrocesos en términos de políticas públicas para la juventud. Para ello, es necesario ser consecuentes y seguir trabajando para lograr una mejor articulación entre las políticas públicas para la juventud, los Planes de Desarrollo y los presupuestos públicos.  
Hay un aspecto del que no hemos hablado aún y que incide fuertemente en los jóvenes: las grandes cadenas mediáticas y los grandes medios de comunicación 16. Mi impresión es que los medios están cumpliendo un rol lamentable. Por un lado nos están presentando imágenes patéticas sobre los jóvenes. Por lo general, los jóvenes que presentan los medios de comunicación son buenos para nada, son culpables hasta que demuestren su inocencia, lo único que quieren es pasarla bien con sus amigos, son vagos por naturaleza. El tratamiento que los medios hacen de los "ninis" es elocuente en este sentido 17. En simultáneo, los medios nos abruman con publicidad que promueve el consumo de cosas absolutamente superfluas. Esto incide fuertemente en los jóvenes. Es necesario trabajar para acotar estas campañas de fomento consumista indiscriminado que se lleva adelante desde los medios de comunicación, y a la vez brindar imágenes más reales sobre la juventud. La transmisión sistemática de estas imágenes llevan a la opinión pública a creer que la mayoría de ellos son "ninis", no quieren trabajar, no quieren estudiar. Esto pesa en los tomadores de decisiones que inevitablemente deben ser sensibles a la opinión pública fuertemente influenciada por los medios de comunicación.
Es vital trabajar para que los jóvenes aparezcan en los medios en toda su diversidad. Hay muchos jóvenes que trabajan día a día, que se esfuerzan para continuar estudiando, para capacitarse y participar. Los jóvenes son nuestra principal riqueza, no son un peligro, no son personas de quienes haya que cuidarse, no son un sector que hay que vigilar y castigar. En este sentido creo que los jóvenes estan muy presentes en las redes sociales y están descuidando los grandes medios de comunicación. Y las redes sociales son, por definición, espacios donde uno se comunica con sus iguales, en cambio los medios de comunicación inciden en el conjunto de la población. Hay que hacer un esfuerzo por trabajar en los grandes medios de comunicación, cuestionar sistemáticamente las imágenes deformadas que trasmiten, y tratar de promover imágenes más reales que den cuenta de la complejidad y diversidad. Imágenes que ayuden a posicionar a los jóvenes como actores estratégicos del desarrollo y no como un simple grupo de riesgo.

NL: Les comparto algunas de las preguntas de quienes nos están escuchando. Una de ellas hace referencia al rol de las TIC, les pregunta "¿consideran que los espacios digitales pueden incidir favorablemente en una mayor participación juvenil, en el reconocimiento y el ejercicio pleno de sus derechos?"

DA: Creo que las TIC nos han permitido fortalecer modos de organización más asociativas. Creo también que permitió la movilización y acción política de los jóvenes desde la vivencia de otros y otras en otros países. Pero también han permitido que se masifique algo que Ernesto mencionó y es la lógica del consumo al interior del mundo juvenil, que ha generado que muchos jóvenes permanezcan al margen del escenario de la política, lo cual genera un importante ausentismo a la hora de poder discutir cuáles son sus expectativas frente al mundo. Reflexionando al respecto, nosotros y nosotras consideramos que las TIC son pertinentes, abren un mundo infinito de posibilidades, pero hay que saber usarlas 18

NL: Ernesto, en tu comentario anterior planteabas que una cosa son las redes, otra son los medios de comunicación e insinuabas que las redes tienen un efecto que puede aislar. ¿Podés por favor ampliar y profundizar en esta reflexión?.

ER: El gran problema que tienen las redes, más allá de las evidentes potencialidades, es que llevan al campo de lo virtual las segmentaciones que hay en la sociedad. Permiten poca interacción entre diferentes. Uno en las redes selecciona a sus amigos, yo elijo a los que son parecidos a mí, piensan como yo, etcétera. Generamos un micro mundo donde todos pensamos igual, todos nos damos aliento unos a otros, criticamos lo mismo. Pero el mundo real sigue caracterizado por diferencias marcadas. Las redes no solamente nos acercan, también nos alejan de los diferentes. Eso no solamente pasa con los diferentes, en este caso, entre jóvenes y adultos, o entre jóvenes de izquierda y de derecha, también incluye diferenciar jóvenes rurales y urbanos, varones y mujeres, indígenas no indígenas.
En el escenario que abren las TIC creo que es necesario no perder de vista la necesidad de trabajar con el conjunto. En este sentido, pienso que “las viejas tecnologías de la información y la comunicación” como la radio o la televisión, siguen siendo instrumentos más “democráticos”, al menos desde el punto de vista de los que miran o escuchan. Creo que es necesario usar en simultáneo a los viejos viejos medios de comunicación y a las TIC, porque a veces nos cerramos al micro mundo de nuestras redes sociales.
Otra pregunta del público: “Los estudios sobre la participación juvenil, ¿No se centran mucho en los jóvenes que participan? ¿Qué pasa con los que no participan? ¿Hay barreras que impiden que los jóvenes participen?

DA: Existen muchas barreras a la participación. Por un lado, la misma idea de que a los jóvenes no les interesa participar ha hecho que los escenarios donde se pueda intervenir sean muy reducidos. La segunda barrera es territorial: es diferente la participación de los jóvenes urbanos que se encuentran en ciudades capitales del país, que las vivencias de los jóvenes que desde su condición territorial se encuentran ya maginados de la posibilidad de participar e incidir. Es el caso de los jóvenes rurales, los jóvenes indígenas, las mujeres jóvenes que en nuestros contextos tienen cargas de explotación y discriminación que aún perviven. Para romper esas barreras es necesario encarar una reforma cultural profunda para acercar a los diferentes y a las diferentes, a la multiplicidad de actores del mundo juvenil, a escenarios más abiertos, más plurales, más diversos. Hoy los jóvenes de los partidos políticos son los únicos que intervienen en el escenario de construcción de política pública, y hay otros movimientos muy diversos en el ámbito del deporte, del arte, que no tienen cabida en esos escenarios.

ER: Coincido en que las investigaciones sobre juventud están muy centradas en los jóvenes que participan. Estoy leyendo actualmente un libro que acaba de publicarse en México 19, coordinado por José Manuel Valenzuela, sobre culturas, movimientos y resistencias juveniles. Es excelente, pero sigue centrado en jóvenes que participan, y creo que es una deuda enorme de los investigadores en estos temas, trabajar sobre los jóvenes que no participan.
Hay algunos datos a tener en cuenta. En el último Latinobarómetro 20, los datos de 2015 dicen que el porcentaje de jóvenes que participa o que participó en manifestaciones públicas de cualquier tipo en nuestros países, no supera en ningún caso el 20%. Los países con mayor participación son Colombia, Costa Rica, Brasil, donde el porcentaje es del 18%, y tenemos países donde esa participación es muy baja. En Paraguay es el 4%, en Ecuador es el 2%. Sobre participación electoral, Latinobarómetro le pregunta a los jóvenes si votaron en las últimas elecciones y hay países con porcentajes bajísimos: 26% en el caso de Chile, por poner el ejemplo más paradigmático. De manera que estamos hablando de porcentajes importantes de jóvenes que no participan en las plenarias claves y deberíamos estudiar más y mejor porqué ocurren estas cosas. Hace falta centrar más la mirada en estos jóvenes.

NL: Ernesto, comparto otra pregunta de quienes nos están escuchando “¿Considera que la aprobación de Leyes de Juventud inciden en los proyectos de vida de los jóvenes? ¿Cuál es el rol de una “buena” Ley de Juventud?
Creo que las Leyes de Juventud 21 están sobrevaloradas. Mi impresión es que han servido para poco en los países en los que se han aprobado, y ha llevado un tiempo enorme para que fueran aprobadas. Creo que inciden más otras leyes, las más generales, por un aspecto fundamental y es que las leyes vinculantes tienen más impacto efectivo.
El caso colombiano es elocuente en ese sentido. Hace unos diez años se hizo una evaluación de impacto sobre la reforma de las pensiones en las generaciones jóvenes. En principio se podría decir que las leyes de pensiones tienen que ver centralmente con adultos mayores y no con jóvenes, sin embargo se demostró que los jóvenes terminaron pagando doblemente esa reforma, aumentaron las obligaciones contributivas a los jóvenes activos, a los jóvenes que tienen que contribuir al financiamiento del sistema de seguridad social y al final del ciclo van a recibir las peores jubilaciones y pensiones de todas las generaciones. Es decir, estas leyes probablemente tienen mucho más impacto que las leyes de juventud. A veces tenemos leyes contradictorias, por ejemplo el Estatuto de Ciudadanía Juvenil en Colombia, dice que el graffiti es arte y el Estatuto de Seguridad Ciudadana que aprobó el mismo Congreso dice que el graffiti es un delito que hay que castigar. Entonces, aunque en una ley general de juventud se establezcan ciertos derechos, si se sancionan leyes que regulan un área en particular, son esas las que van a primar.

NL: Para ir cerrando, les leo algunas otras preguntas que nos están llegando "¿Cómo describen el vínculo de los jóvenes con el territorio de nuestra región? ¿Consideran que los jóvenes participan en la conservación del patrimonio natural y cultural? ¿En qué medida los movimientos juveniles encuentran en los Objetivos del Desarrollo Sostenible un instrumento de legitimación de sus demandas?"
DA: Respecto al primer punto, creo que es fundamental precisar sobre qué entendemos por territorio. El territorio para las mujeres jóvenes, por ejemplo, es parte de su cuerpo y de su condición de género y en ese sentido se trata de pensar qué implica protegerlo. Los afro descendientes, o la negritud, entienden el territorio desde una concepción cultural, de defensa de su vida y de su identidad. Otra es la concepción que pueden tener los jóvenes indígenas, lo jóvenes campesinos que trabajan y labran la tierra. Muchas veces esa relación territorio- joven puede ser muy armónica pero en otras ocasiones es una relación muy compleja en términos de las condiciones de habitabilidad y vivencia en esos escenarios.
Frente a la segunda pregunta, es destacable la participación de los jóvenes respecto al cambio climático. En nuestro país hay un gran movimiento de jóvenes por la defensa de los acuíferos y de los páramos en un contexto de reforzamiento de la economía extractiva en nuestro continente que afecta nuestros territorios y nuestros derechos.

ER: En relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible creo que hay un gran avance respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los jóvenes prácticamente no existían. En cambio, en los Objetivos de Desarrollo Sostenible 22 hay varias referencias a los jóvenes. Si bien sigue habiendo pocas referencias explícitas, ahora hay metas más precisas sobre jóvenes y adolescentes, relacionadas con educación, salud, empleo, participación.
Sin embargo, lamentablemente creo que se perdió la oportunidad de establecer Objetivos de Desarrollo Sostenible desde enfoques transversales. El términos de género, por ejemplo, se establecieron objetivos específicos y se sumó al conjunto una perspectiva transversal de género. Creo que podríamos haber trabajado mucho mejor con una perspectiva transversal en términos generacionales. Con todo, creo que los Objetivos de Desarrollo Sostenible abren una oportunidad para avanzar en la elaboración de Planes de Juventud más articulados con los Planes Nacionales de Desarrollo y con los presupuestos públicos. 
Actualmente contamos con más y mejores lineamientos para trabajar en políticas públicas para la juventud. Un ejemplo de esto son los avances de la OIT en relación con el empleo juvenil. Un momento clave va a ser la identificación de indicadores y medios de verificación de cada uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Algo tan simple como la presentación de la información por grupos quinquenales va a ayudar a que los jóvenes aparezcan explícitamente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, esto es algo que todavía no está asegurado. 

NL: ¡Muchas gracias Deisy y Ernesto por compartir este encuentro! ¡Muchas gracias a todas las personas que nos vieron, escucharon y participaron! Nos volvemos a encontrar en breve en el próximo evento del SITEAL.