sábado, junio 29, 2013

Alegato sobre la intimidad en Internet / Internet: La incomensurable privacidad

Alegato sobre la intimidad en Internet

Socio GSIA
09/04/2013  

¿Por qué un nudista se asombra entre señores con traje vestidos?

Imaginemos dos escenarios:
  1. Intimismo. Una tenue luz sobre un libro cualquiera en casi silencio. Perdido en su soledad, el sonido del papel numerado nos describe la lectura de cualquier texto por cualquier individuo. Su espacio es un hueco opaco tras una puerta cerrada para no perturbar. La estancia está cargada de objetos no funcionales.
  2. Exhibicionismo. Un narrador rememora junto a otros que parecen detenerse en un espacio casi vacío. Éste, el narrador, cuenta una extensa historia dentro de una urna de cristal alrededor de una luz amplia, perdida en una sala de nadie. De entre los transeúntes habrá quienes escuchen, apropiándose la resonancia de la voz y memorizando los gestos con sus sonidos para repetirlos.
Una acción narrada necesita de un actor anónimo entre otros, como característica propia de la oralidad, la no-apropiación del objeto narrado y su memorización como suceso. Enfrente el concepto burgués de la autorreferencialidad del yo, que queda compuesto en la cultura escrita del espacio propio, en un lugar ocupado de objetos apropiados.
Identificadas ambas categorías: oralidad y escritura, quisiera superar la intromisión psicológica en su avidez por el espacio íntimo en el poder de la experimentación de un hábitat de acceso.
El artista interactivo Masaki Fujihata en un catálogo de la edición de 2001 de “Ars Electrónica” explicaba: «La acción en tiempo real es capaz de romper – mucho que la lectura/escritura – la barrera que separa la expresión del creador de la vivencia del usuario. No se trata de un documento, sino de un acontecimiento que tiene lugar aquí y ahora». El acto performativo como posible actividad-oral-comunicada no oculta su propia ‘creatividad performatizada’. Constituyendo hábitats de acontecimientos, espacios donde sucede lo que puede recrearse en la memoria posible.
En el límite entre el ‘ego’ y el ‘ethos’ transcendemos lo personalísimo-psicológico, efectuándose una posible identificación entre idénticos sincrónicos en un suceso contingente. La sincronía del suceso se encuentra en este presente de este acto comunicativo. Entonces, ¿hablaríamos de un nudista entre desconocidos?
Disculpen la dificultad del texto, tampoco ser nudista es sencillo.
Más allá del ‘Broadcasting’ nos encontramos un acá tecnológico que nos posibilita a interactuar en tiempo real. La ‘difusión masiva’ comenzó con las emisiones de radio y con la expansión de una arquitectura espacial diseñada por ondas electromagnéticas, relacionando un nodo emisor con muchos nodos receptores y reproduciendo un sentimiento de identidad compartida al hacer focalizar un acontecimiento. Un suceso que a la medida de un guión, podría controlarse a través de una emisión en diferido o podría descontrolarse con una emisión en directo.
Olvídense en su imaginación de discriminar entre espacios, ahora que la existencia del espacio online nos brinda la posibilidad de negar lo que es de lo que pensamos que es, o eso se pretende. Y miren al ciberespacio como la posibilidad de transformar nuestra escueta visión de la anterior definición y experimentación del espacio y su construcción social.
El espacio social es un espacio performativo, construido sobre sucesos inmediatos y sincrónicos. Nuestra actividad creativa nos aproxima a esa idea de John Langshaw Austin en defensa de los ‘actos ilocutivos’ en su libro “Cómo hacer cosas con palabras” donde sobre la superación del debate de lo verdadero o lo falso nos llevaba a entender que las palabras sucedían en un entorno dispuesto para ello. Podemos preguntarnos, ¿ha aumentado nuestra posibilidad de actuar cuando actuar supone experimentar de manera inmediata en una acción compartida?
En este momento con el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) todos/as podemos ser creativos/as.
Nuestra geografía performativa supera los escenarios de acceso habituales, aquellos de aquella definición escueta del espacio, para alcanzar en su accesibilidad espacios de sucesos que no dejan de ser espacios sincrónicos compuestos por características donde es posible el reconocimiento del otro. La identificación se efectúa entre sus idénticos sincrónicos si se reconocen en su espacio intersubjetivo.
La psique representó esa virtualización del mundo con su meta-efecto inconsciente. El tratamiento de los lugares comunes de los conceptos freudianos cuando fueron exportados de los ámbitos privados de las consultas socializaron esa mirada y entendimiento del mundo. Reconvirtiendo la idea del tabú y de lo oculto en una parcela de la mente-humana dispuesta a ser habilitada para haciendo una psique profunda dar forma a un bisturí que extraía de los sueños y deseos. El problema es nuestra persistencia a ocultar pues, también, de esta manera nos identificamos inconscientemente con nuestros idénticos sincrónicos. Siguiendo con John Langshaw Austin y usando de su concepto ‘falacia descriptiva’ deberíamos decir, «Deje de describirme, por favor. Realícese y no me haga mentir».
Como seres vivientes no nos queda más que experimentar con otros.
¿Por qué lavaríamos a mano si tuviéramos lavadora? ¿Por qué y de qué manera imposibilitaríamos acceder si nos hemos dotado de la accesibilidad a un espacio mucho más amplio? Los niños y niñas deseosos de experimentar (debe de ser parte de nuestro ADN del y para el desarrollo cognitivo) son nuestros nuevos exploradores del espacio que en parte está compuesto por nuestra sagacidad adulta para mentir, porque aún nos gusta rememorar desde las habitaciones propias esos relatos ocultos e inconfesables donde los tales se identifican entre sueños en redes de Internet privadas y encriptadas para manifestar que en otros espacios públicos jamás serán nudistas sino señores de traje y corbata.
Aseguro que no me dan miedo las Flashmob ni tan siquiera los Escraches porque en su acción en el espacio público, el online o el offline o el que quede por descubrir, sabré reconocer, sincronizarme, identificarme o no identificarme con su correspondiente ethos. Pero, ¿qué ocurre en el espacio privado?
Por favor, ¡no ‘balcanicemos’ nuestra red! Este es el peligro.
Quizá se hayan reconocido en alguno de los escenarios, el a. o el b. que exponía al principio o en ambos a la vez. Lo dejo a su elección, pero miren, a su vez, cómo han experimentado esta breve lectura si desde uno u otro y porqué.

Internet: La incomensurable privacidad

Socio GSIA
18/06/2013  
“Para saber de mí pregunten a muchos”

Sobre privacidad comenzaba un artículo anterior imaginando dos escenarios: 
1. Intimismo. 
2. Exhibicionismo. 
Y en mi exigua respuesta acerca de lo privado descomponía estas dos maneras posiblemente complementarias del ser y del hacer frente a quienes las contrapongan.
El caso del subcontratado Edward Snowden ha abierto en canal lo dicho. Y para cualquiera que tenga una escasa avidez lectora o auditora de noticias de actualidad habrán sido días de desconcierto para su comunicación digital. No lo dudo.
Posiblemente llame la atención:
1. La intencionalidad retórica al enfrentar dos derechos: Privacidad y Seguridad. Los delincuentes deben de tener buenos community managers para no dejar tan dócilmente esos fáciles rastros de los delitos presuntos.
2. Creer entender qué se desea saber con eso del dato: Nombre, nacionalidad, a qué hora contacté, con qué medio, el modelo de cámara que usé, la marca de mi Smartphone, los pecados que nombré, etc. Parece ser que todo esto junto u ordenado en un sumatorio estadístico quizá me nombre, en cierto sentido.
3. Y que debe de ser una cuestión ramdomizada. Habrán oído hablar a algún experto sobre la BigData, esa nueva esfera caótica del árbol prohibido de la ciencia. Y muchos pensaran… entre tantos miles de millones, ¿me tocará a mí?

Siempre he creído que lo más convulso de los regímenes comunistas fue esa idea promulgada por el Estado omnívoro que se alimentaba de la generación de desconfianza entre sus súbditos. Todos espiados por todos. Así, se crea esa virtualización de la psicosis colectiva tendente a una paranoia presumiblemente prudente. Y recuerden, sólo el Estado puede responder a otro Estado, aquí en España, en este sentido, tenemos el caso del periodista de Telecinco José Couso.

A mí frente a este régimen de cosas se me ocurre responder con: 
“Yo estuve allí y Nosotros estuvimos allí”.

La privacidad no sólo define ese sumatorio de datos que interprete una definición de lo que otros crean sobre uno mismo. Hay que estar allí para poder desnudar ese sutil pathos de la forma de las cosas más secundarias, que se comparten al arraigarnos a los lugares de encuentro como una fragancia leve viendo un cuadro del padre del impresionismo Camille Pissarro o el temor del silencio. Somos voraces y toscos.

Y en esta voracidad acumulamos datos e información sin fronteras para aparentar saber algo preciso. Me atrevo a decir y a nombrar a existencia de una privacidad del ethos, de las características que componen las cosas, y una privacidad del pathos, de las emociones intangibles. Cuántos años de diván desentrañarían la mente de Freud, como si no fuera poco. No se asusten, hasta Freud mentía con sus datos, eran lo suficientemente imprecisos como para escribir libros para la ciencia. Sigmund fue partidario, para observar la realidad, de no limpiar continuamente sus lentes.

Les aseguro otra solución, para que sigan seguros detrás de sus visillos, la dispersión de los datos. Aún lo personal se yuxtapone a lo privado, así componemos nuestro ego como unidad indivisible. 
Pero si con una nueva fórmula entendiéramos que lo privado es lo colectivo, nuestra comunidad… creceríamos de manera escalable hacia la fundamentación y aseguramiento de nuestra red como lo que me conforma e integra. La liturgia siempre ha sido ese saber pensar en otros, en el resto que componían el total de lo privado. Tú o yo sólo ostentamos un fragmento de una cualidad que compone nada si no se descifra por lo que supone nuestra vida en común. Dejen un letrero que diga: 
“Para saber de mí pregunten a muchos”.

Imagínense a los que nos espían sumando con los dedos lo incomensurable. Sólo el saber está en el límite pues para saber aprendemos a quitar lo superfluo. No sumamos sino restamos hasta despejar la incógnita. Es el truco del que sabe memorizar, sistematiza y halla equivalencias donde parecían no-evidentes. De la misma manera, lo privado sucede… es más que suma de datos es saber cuáles sabré restar para comprender que las cosas pasan cuando estuve allí y mientras estuve con vosotros.

Así guardamos los secretos.

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