viernes, diciembre 28, 2012

Ambientes Saludables


Ambientes Saludables 
Primera Infancia


Editores Liz Brooker y 
Martin Woodhead


La Primera Infancia en Perspectiva nº 8 *
Serie editada por Martin Woodhead y John Oates

para la Educación, la Ciencia y la Cultura


Los niños  pequeños no crecen en el vacío. Existen estrechos vínculos entre el mundo físico  donde viven, la calidad de la vida que  llevan y el bienestar del que  pueden disfrutar. Los hogares en que  habitan, el agua que  beben, el aire que  respiran, el tráfico que  circula por las calles y las condiciones de sus centros de preescolar y sus vecindarios influyen, sin excepción, en su evolución. Reconocer los efectos del ambiente en que  los niños  se encuentran es uno  de los principios fundamentales para  la investigación sobre el desarrollo infantil,  sin embargo lo típico es que  los manuales presten mucha menos atención al entorno físico de los niños  que  a su entorno social o a las conexiones que  hay entre ambos. 

El ambiente físico no representa solamente el contexto donde los niños  crecen. Constituye una  condición previa  para  su supervivencia y está íntimamente ligado a al proceso de crecimiento y a la adquisición de habilidades y de una identidad propia. 
Los niños nacen en un mundo material que determina su salud, sus relaciones sociales, sus oportunidades y su identidad.
Un entorno material favorable y colaborador es fundamental para que se realicen todos los derechos del niño e inclusive su derecho a la supervivencia y al desarrollo.
La calidad de la vivienda, del agua y del saneamiento  ejerce una influencia directa en la salud de los niños pequeños. De manera más indirecta influyen en su bienestar la seguridad de la tenencia del hogar, como asimismo la disponibilidad de lugares y ocasiones apropiados para jugar y explorar.
Para los niños, el juego y el aprendizaje, al igual que las relaciones más estrechas y las interacciones sociales, dependen  de la calidad de los sitios y los ambientes en que viven.

Los niños que ya padecen por crecer en la pobreza o por otras circunstancias difíciles son los más vulnerables a las consecuencias ambientales de las emergencias causadas por las actividades humanas o por la naturaleza,  entre las cuales figuran los efectos del cambio climático.
Los ambientes determinan el desarrollo infantil
El ambiente  material tiene una repercusión directa en la vida de los niños
Los niños  nacen en un mundo material e inevitablemente esta circunstancia determina el resto  de sus vidas. No es lo mismo si un niño crece en un hogar confortable, en una  ciudad donde los servicios funcionan correctamente, o en una  choza de adobe, sobre la ladera de una  montaña apartada, o en una  casucha abarrotada de personas, en medio de un asentamiento urbano ilegal. Los factores físicos y espaciales pueden afectar la salud, las relaciones sociales, las oportunidades y la identidad. En las teorías e investigaciones sobre el desarrollo infantil,  sin embargo, muy rara vez se hace  hincapié en esta realidad material (Evans, 2006).


Hace más de treinta años, Urie Bronfenbrenner (1979) propuso la imagen de “sistemas anidados” como explicación del ámbito “ecológico” dentro del cual se produce el desarrollo. Esta teoría ecológica del desarrollo, que  comienza desde el entorno más cercano al niño (el “microsistema”) y se extiende luego a las esferas  más amplias de acción  en el mundo, sigue  constituyendo la base en que  se asienta gran parte de la investigación y el diseño de políticas. No obstante, incluso  este marco conceptual sumamente exhaustivo desatendía las dimensiones materiales del ambiente
de la niñez  y la atención se concentraba principalmente en el contexto social de los niños  y en sus interacciones dentro del hogar, la escuela y el vecindario, además de la repercusión más general de las prácticas sociales  y las convicciones dictadas por la cultura local. Sólo más tarde Bronfenbrenner (1999) incorporó a su modelo las dimensiones físicas del ambiente ecológico del niño.


Las relaciones e interacciones sociales  afectuosas y sensibles son de importancia vital para  el desarrollo de todo niño.  Sin embargo, también son importantes los lugares. El hogar no es solamente el escenario donde el niño interactúa con los demás miembros de la familia. También es una  presencia poderosa de por sí, llena de objetos y espacios familiares que  tienen, asociados a ellos, significados propios que  pueden reforzar (o limitar) el sentido de identidad del niño y
su comprensión del mundo, ambos en constante evolución, así como sus condiciones básicas de salud  y seguridad. Por ejemplo, cuando el niño que  empieza a andar es libre de explorar un entorno estimulante, puede tener lugar un aprendizaje enriquecedor, mientras que  los riesgos del tráfico callejero pueden restringir la posibilidad del niño de acceder al juego y al contacto con sus amigos. De tal manera, las oportunidades para  el desarrollo de los niños  aumentan gracias a las “prestaciones” (affordances) de su entorno físico y disminuyen cuando éstas faltan  (Heft, 1988). Las características físicas igualmente determinan las reacciones de los adultos: la estrechez de los espacios hogareños, por ejemplo, puede frustrar  las actividades de los niños  y dar como resultado la aplicación de una  disciplina más restrictiva. Los padres son guardianes decisivos, al permitir y regular el uso del ambiente por parte de los niños.

Por ejemplo, el derecho del niño a la vida, a la salud  y al desarrollo exige que tanto él como sus cuidadores primarios vivan en espacios seguros y protegidos, con alimentación, suministro de agua y saneamiento adecuados. 
El derecho del niño a la educación requiere que  haya preescolares y escuelas en lugares a los que  él o ella pueda llegar sin correr riesgos, además de aulas apropiadas para  el aprendizaje. 
El derecho del niño al juego, al descanso y al esparcimiento necesita espacios físicos, psicológicos y sociales  que  favorezcan el espíritu lúdico. 
Por último, para  respetar el derecho del niño a expresar su opinión hay que  comenzar por comprender las experiencias que  vive en el lugar donde está creciendo.

* Nota informativa:
La Primera Infancia en Perspectiva (Early Childhood in Focus) es una serie de  publicaciones editada por el Child and Youth Studies Group (Grupo de Estudios  sobre el Niño y el Joven) de The Open University (La Universidad Abierta), del Reino Unido, con el apoyo de la Fundación Bernard van Leer.
La serie presenta reseñas claras y accesibles de las mejores y más recientes investigaciones disponibles, informaciones y análisis de temáticas políticas clave y cuestiones prácticas, abarcando todos los aspectos relacionados con la atención y educación de la primera infancia, y la totalidad del rango de edad, desde la lactancia hasta los primeros años de educación primaria.
La elaboración de cada publicación procede a través de consultas con pioneros, a nivel mundial, en las investigaciones, políticas, campañas de concienciación y derechos del niño. Muchos de tales expertos escriben especialmente para la serie resúmenes de los mensajes clave pertinentes a su ámbito de trabajo y la exactitud de los contenidos es garantizada gracias a la ayuda de asesores académicos independientes, que a su vez son expertos en el campo de la primera infancia.
Los temas tratados en la serie son escogidos de manera tal que reflejen los sectores en que se desarrollan las investigaciones y avanzan los conocimientos, abordando las áreas más significativas de los derechos del niño, y aquéllos en los cuales una comprensión más cabal de las implicaciones derivadas es decisiva para el éxito de los programas ocupados en el diseño de políticas y su aplicación concreta.
Estas publicaciones se proponen ser útiles para los defensores de los derechos de  los niños y las familias, para los responsables de la elaboración de políticas a todos los niveles y para toda persona que trabaje por mejorar las condiciones de vida, la calidad de las experiencias y las oportunidades existenciales de los niños pequeños de todo el mundo.

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