Coloquio Internacional “El niño en la patrimonialización. Lecciones, retos y perspectivas”.

El Colegio de San Luis y el proyecto “ChildHerit” abren la CONVOCATORIA

para participar en el Coloquio Internacional 
que se llevará a cabo entre los días 25 y 29 de junio de 2019 
en las instalaciones de El Colegio de San Luis (San Luis Potosí, México).


Este coloquio pretende contribuir a dar respuesta a las preguntas teóricas,metodológicas y epistemológicas sobre los vínculos entre infancia, patrimonio y desarrollo: ¿Hasta qué punto podemos hablar de una herencia específicamente infantil? .¿Cómo podemos transmitir una herencia a los niños si ellos no la reconocen como tal? .¿Cuál es el lugar y el papel de los niños en términos de conservación y valorización del patrimonio? .¿Cuáles son los desafíos de involucrar a los niños y niñas en la investigación? .¿Cómo podemos trabajar sobre el patrimonio de los niños e integrarlo en la agenda de la política cultural?.
Para responder a estas y otras preguntas, las contribuciones se basarán en estudios de casos, haciendo hincapié y poniendo en perspectiva los puntos de vista de adultos y niños sobre el patrimonio, y sobre las formas de participación de los niños en la dinámica de transmisión del patrimonio. De manera más general, las contribuciones permitirán revisar las nociones de transmisión y participación, en relación con el niño, que son fundamentales en las ciencias sociales.
Comité científico que evaluará las propuestas:
  • Neyra ALVARADO SOLIS, professeure-chercheure, El Colegio de San Luis A.C (ColSan, Mexique)
  • Anne-Gaëlle BILLAUT, UIDE, direction générale de la recherche et des études (Équateur)
  • Edmond DOUNIAS, directeur de recherche, IRD-CNRS-UMUPV-IRD-EHESS-SupAgro-INRA, UMR 5175 (IRD, France)
  • Élodie RAZY, professeure-chercheure, Université de Liège (ULiège, Belgique)
  • Guadalupe REYES DOMINGUEZ, professeure-chercheure, UADY (Mexique)
  • Laura ROMERO LOPEZ, directrice académique du département d’anthropologie, Universidad de las Américas-Puebla (UDLAP, Mexique)
  • Charles-Édouard DE SUREMAIN, directeur de recherche, IRD/MNHN et CIESAS-Mexico (France, Mexique)
  • Olga Marcela CRUZ MOLTALVO, investigadora independiente, (Colombie)
Envía tu propuesta a minerva.arellano@colsan.edu.mx antes del 30 de mayo de 2019. Extensión de la propuesta: Título + 200 palabras + 5 palabras clave. Información que debes incluir: institución a la que perteneces, tu estatus, país, e-mail. Las respuestas de aceptación serán enviadas al correo electrónico proporcionado a partir del 4 de junio de 2019.
Puedes revisar la convocatoria completa en este enlace.
Entre el 25 y el 29 de junio, varios eventos cerrarán el proyecto ChildHerit, cruzando el patrimonio, la infancia y el desarrollo, en el que varios miembros de la FaSS (LASC) participaron durante tres años: 
.- un simposio internacional, 
.- un taller prospectivo, 
.- una exposición fotográfica, 
.- "Talleres de patrimonio", 
.- y una universidad popular. 
El evento se llevará a cabo en México, pero la exposición fotográfica hará una parada en Lieja, en 2020, durante su viaje por Europa.

Más de 100 millones de niños, no solo niñas, contraen matrimonio, denuncia UNICEF.

El matrimonio deja a los niños sin infancia". 
"Los adolescentes varones casados se ven obligados a asumir responsabilidades de adultos 
para las que tal vez no estén preparados".
Henrietta Fore, Directora ejecutiva de UNICEF. 
Euronews.

La lucha contra el matrimonio infantil no ha sido fácil, sin embargo, en la última década se han evitado 25 millones de matrimonios y su prevalencia se ha reducido de un 50% a un 30%, según datos de la UNICEF.
Pero todavía queda camino por recorrer. Una de las tareas pendientes de la Agencia de las Naciones Unidas para la protección de la infancia era el reconocimiento de los hombres como víctimas en esta práctica ilegal.

Su último informe publicado este viernes 7 de junio confirma que el matrimonio de menores no solo concierne a las chicas: se calcula que 115 millones de hombres han contraído nupcias siendo niños, de estos, 23 millones se han casado antes de cumplir los 15 años.
El documento que recoge los datos de 82 países concluye que estos casos son frecuentes en el África subsahariana, América Latina y el Caribe, Asia meridional y Asia oriental y el Pacífico.

Estas cifras no apacigua la urgencia que posee el matrimonio infantil femenino con más de 650 millones de niñas y que, si los esfuerzos no aumentan, para el 2030 alrededor de 150 millones más se casarán antes de los 18 años, según las proyecciones de UNICEF.
Con estas nuevas estimaciones, se eleva a 765 millones el número total de niños que se casan.

Pero el reconocimiento también hace parte de los esfuerzos, "si bien se han estudiado ampliamente la prevalencia, las causas y los efectos del matrimonio precoz entre las niñas, se han realizado pocas investigaciones sobre el matrimonio precoz entre los varones", dice la publicación.

"El matrimonio roba la infancia"

Las causas pueden variar dependiendo del país y su contexto, aunque la tendencia indica que los menores pertenencen a entornos rurales y que tienen poco o ningún acceso a la educación.

“Cuando tenía 13 años, mi madrastra quiso que me casara con un hombre. Todavía era pequeña y quería estudiar, así que me negué. Entonces, mi madrastra me llevó al mercado y me abandonó. No volví, lo cual fue una buena decisión: pude continuar con mis estudios y ahora estoy en mi último año de primaria. Quiero ir a la escuela secundaria y luego ser comerciante”, contó Florence de 14 años en Kinshasa, República Democrática del Congo para UNICEF.

Muchas familias tienen como costumbre (religiosa o no) de casar a sus hijos con el objetivo de recibir algún tipo de recompenza o intercambio que genere un beneficio a su hogar.

"El matrimonio roba la infancia", dijo Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF. "Los novios se ven obligados a asumir responsabilidades de adultos para las que tal vez no estén preparados. El matrimonio precoz trae consigo la paternidad precoz, y con ello una presión adicional para mantener a la familia, reduciendo las oportunidades de educación y empleo".

Asimismo, UNICEF detalla que la República Centroafricana tiene la mayor prevalencia del matrimonio infantil en los hombres (28%), seguido de Nicaragua (19%) y Madagascar (13%).

"Sobre exclusión y desarrollo social en España", VIII Informe FOESSA 2019.

La exclusión social se enquista en una sociedad cada vez más desvinculada.
Una lectura de la transición de nuestro modelo social, los riesgos sociales y sus consecuencias, 
las políticas que les dan respuesta, los valores que subyacen a las mismas 
y los dilemas a los que nos enfrentamos.
Cómo la sociedad ha afrontado la salida de la crisis y su posterior reconstrucción. 
Y nos sitúa en una época nueva pero no ante un cambio de modelo.


El VIII INFORME FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en España que se ha presentado hoy en Madrid es, en palabras de Guillermo Fernández, coordinador de la investigación, “un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos y una mirada a nuestra cohesión social para analizar cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión, cómo estamos enfocando la salida y cuáles son las consecuencias de la crisis en la poscrisis”.

Los resultados del Informe confirman –como señala Raúl Flores, secretario técnico de la Fundación de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (FOESSA)— “una situación que aunque mejora claramente respecto al 2013, que no alcanza los estándares de 2007 y que, si bien nos sitúa en una época nueva, sigue anclado en un modelo de desarrollo económico, social y antropológico caracterizado por una debilidad distributiva, por sus dificultades para no dejar a nadie atrás y con serias dificultades para afrontar y mejorar la vida de aquellos que viven la precariedad, de las personas excluidas, de los expulsados que no consiguen salir del pozo de la exclusión”.

Este VIII Informe ha sido puesto a punto un equipo de investigación formado por 125 investigadores de 30 universidades y 13 organizaciones de acción e investigación. El trabajo de campo se ha desarrollado con el apoyo de más de 350 encuestadores profesionales, que han llamado a más de 139.000 puertas de 17 Comunidades Autónomas, recogiendo la información de 29.000 personas de 11.600 hogares, donde se han sentado durante más de una hora para conocer a fondo su situación.

¿Qué está sucediendo en nuestro país?
La primera constatación que recoge el VIII Informe FOESSA es que la exclusión social se enquista en la estructura social de nuestro país.
Hoy en día, el número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 de millones más que en 2007 (antes de la crisis). Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes “el ascensor de la movilidad social no funciona y no es capaz de subir siquiera a la primera planta”.

Dentro de este sector social, existe un grupo especialmente vulnerable que acumulan tantos problemas cotidianos que les impide tener un proyecto vital mínimamente estructurado: son 4,1 millones de personas en situación de exclusión social severa. Son los ciudadanos sobre los que se ceba la desigualdad y la precariedad en sus diferentes formas: vivienda insegura e inadecuada, desempleo persistente, precariedad laboral extrema e invisibilidad para los partidos políticos.

Dentro de este grupo en exclusión social severa existe un grupo de expulsados, que suman 1,8 millones de personas (600.000 en 2007), que acumulan tal cantidad de dificultades y de tal gravedad que exigirían de una intervención urgente, profunda e intensa en recursos para garantizarles su acceso a una vida mínimamente digna.

La investigación trae, sin embargo, una buena noticia, que está protagonizada por esa sociedad integrada que representan aquellas personas que no tienen dificultades para su supervivencia, que llevan una vida digna en términos materiales y que se ha recuperado a los mismos niveles de antes de la Gran Recesión. Son el 48,4% de la población.
Se detecta, sin embargo, una novedad. Dentro de esta sociedad integrada se está produciendo una reconfiguración en dos grandes sectores: un primer grupo, que es el mayoritario, denominado la sociedad de las oportunidades, que integra a dos tercios de la población de España; y un segundo grupo, que conforma lo que hemos llamado la sociedad insegura y en la que estarían unos 6 millones de personas.

Este grupo de la sociedad insegura se mueve en el filo de la navaja. Está en la antesala de la exclusión. E intuye que ante una eventual acudida, en una nueva crisis, su sostén económico se quebrará. Le indigna que la sociedad segura se desentienda del resto y coja más impulso hasta desconectarse. Son los que votan salir, los que quieren sentir que aún tienen el poder de interrumpir la dinámica de la sociedad de los seguros y de impedir la entrada de foráneos.

Los que se encuentran en la sociedad de las oportunidades, en cambio, están en una situación acomodada, creen tener la razón en sus ideas y en sus prácticas cotidianas. Consumen en exceso, apenas sin conciencia y tienen capacidad para que se pongan sus necesidades en la agenda política. Muestran cierta fatiga de la solidaridad. En realidad, los acomodados no practican la empatía, pues suelen echar en cara, a los excluidos, su desafección y su responsabilidad por estar en esa situación y, a los inseguros, que manifiesten su malestar de forma airada.

Tres bloques de riesgos sociales
En el VIII Informe FOESSA se identifican tres bloques principales de riesgos sociales, que afectan con más fuerza a la sociedad insegura y a la sociedad estancada.
1. La pérdida de calidad de nuestra democracia.
Estamos arriesgándonos a que se vacíe de contenido ético y redistributivo, y se reduzca a un mero expediente político donde se enfatizan las formas y se guardan las apariencias. Estamos sustituyendo los vínculos por las conexiones. Las personas con bajos ingresos y en exclusión social participan menos en los procesos electorales: se registran tasas de hasta el 75% de abstención en los barrios más desfavorecidos, que constituyen un precariado político que no participa en los canales tradicionales de representación.
Esto provoca que su voz desaparezca de los procesos electorales. Si las personas excluidas no votan, no entrarán en la agenda política, y si a la agenda política no le interesa fomentar su voto, esto ahondará más en su situación de exclusión social.

2. La desigualdad en sus diferentes dimensiones.
En primer lugar, la vivienda es un motor elemental de la desigualdad y un factor clave en las dinámicas de exclusión social. El acceso a una vivienda digna se ha convertido en un derecho inaccesible para muchas familias, que sufren la inseguridad y la inadecuación de su hogar, y tiene una influencia notable sobre los recursos económicos, sobre el estado de salud y sobre los proyectos vitales de los más jóvenes.
– En los últimos dos años el alquiler ha subido un 30%.
– Dos millones de personas viven con la incertidumbre de quedarse sin vivienda.
– El 11% de la población vive bajo el umbral de la pobreza severa, una vez descontados los gastos o deudas relacionadas con el pago de la vivienda y los suministros de la misma.
En segundo lugar, el desempleo. A pesar de su reducción progresiva, es una realidad persistente y ahora menos protegida, lo que, junto con la precariedad, manifestada en temporalidad, parcialidad e itinerarios cíclicos que alternan períodos cortos de empleo con otros de desempleo, generan trabajadores pobres y excluidos, y limitan las posibilidades de integración de muchos colectivos.
La desigualdad en el mercado de trabajo está imponiendo el discurso de que el éxito final reside en la consideración del empleo como un privilegio y no como un derecho. Es, además, un privilegio con respecto a los demás. La precariedad laboral se ha convertido ya en una forma de vida de forma estructural en nuestra sociedad.
– El 14% de las personas que trabajan están en exclusión social.
– Uno de cada tres contratos temporales dura menos de siete días.
– El 15,1% de los hogares sufre inestabilidad laboral grave (son hogares en los que la persona principal ha pasado por 6 o más contratos, o por 3 o más empresas, o ha estado 3 o más meses en desempleo durante el último año).
– Aunque se ha conseguido reducir la exclusión por el empleo en un 42%, sin embargo 1 de cada 4 personas activas del conjunto de la población se encuentran en situación de exclusión del empleo. Si miramos solamente a las personas en exclusión social, serían 1 de cada 2.
– El 20% de las personas en hogares con al menos una persona desempleada no ha realizado ninguna formación ocupacional en el último año.
Una característica que nos diferencia de otros países de nuestro entorno y de un tamaño y desarrollo similar es que en la exclusión social en España va de la mano la mezcla de baja calidad en el empleo y costes elevados de la vivienda. El 37% de los excluidos del empleo lo están también en la vivienda.
En tercer lugar, las familias con niños y la juventud están más expuestos a la exclusión social.
– El 33% de las familias numerosas y el 28% de las familias monoparentales se encuentran en exclusión social.
– El 21% de todos los hogares con menores se encuentran en exclusión social.
– La Encuesta FOESSA constata que cuando uno nace y se cría en un hogar con escasos bienes materiales y con ingresos reducidos aumentan las probabilidades de instalarse en el pantano de la vulnerabilidad. Los que se criaron entre dificultades duplican a los que no crecieron entre penurias: esta es la marca de la transmisión intergeneracional de la pobreza. Y esa marca no para de crecer.
En cuarto lugar, las desventajas de las mujeres para vivir de forma integrada afectan a todas las dimensiones de la exclusión social. Destaca la brecha de ingresos en el empleo y en las prestaciones, su mayor riesgo de empobrecimiento, su acceso más precario a la vivienda, las diferencias en el estado de salud y la mayor exposición a situaciones de aislamiento social.
– Una mujer necesita trabajar 1,5 horas más al día para ganar lo mismo que un hombre. Si esa mujer es inmigrante, 2 horas más.
– Cuando una mujer es la sustentadora principal del hogar tiene más problemas económicos para acudir a ciertos servicios médicos (odontología, tratamiento psicológico, podología).
– Los hogares sustentados por mujeres tienen que reducir con más intensidad los gastos de suministros de la casa y los gastos en comunicaciones. Y tienen más retrasos en los pagos de recibos o en los pagos de alquiler de la vivienda.
– Soportan, además, mayor volumen de amenazas de pérdida de vivienda, mayores cambios de residencia, mayores estrategias de tener que compartir casa con gente que no conocen, o tener que alquilar una habitación a otros, o mayores retornos a la casa paterna.
Por último, están los riesgos frente a la salud.
– La exclusión social y no la pobreza monetaria tiende a duplicarse en las personas con discapacidad. El 30% de ellas se encuentran en situación de exclusión social y un 16% en exclusión social severa, el doble que las personas sin discapacidad.
– El 8,8% de la población ha dejado de comprar medicinas, seguir tratamientos o dietas por problemas económicos.
– El 15% de la población no puede acceder a un tratamiento bucodental porque no se lo puede permitir.

3. Los riesgos sociales derivados de los fenómenos demográficos
Estos fenómenos, que se producen en el largo plazo y que no han sido abordados de forma adecuada en nuestros sistemas de protección social, originan un incremento progresivo de la necesidad de cuidados. En España, a fecha de hoy, la familia, y especialmente las mujeres, es el eje del que se sostienen los cuidados y la sostenibilidad de la vida.
El aumento de la esperanza de vida y de la longevidad, los cambios en las pautas reproductivas y las modificaciones en las estructuras de los hogares y en la organización de las familias han conllevado cambios significativos en el modelo de sociedad.
– 1 de cada 3 hogares necesita cuidados bien por crianza, por edad avanzada, por dependencia o por enfermedad.
– En el caso de edad avanzada, enfermedad crónica o discapacidad, el 27% de los cuidadores principales son hombres de la familia, el 64% son mujeres de la familia, el 7,8 son personas remuneradas o contratadas y el 1,2 es la Administración.
– El familismo está encontrando nuevas formas de expresión a través de la mercantilización de los cuidados. Si esta es la respuesta a los cuidados, aquellos que no se los puedan pagar caerán en la exclusión social.

Cambios en la distribución territorial de la exclusión
Sobre el impacto geográfico de los riesgos sociales señalados, quizá uno de los datos más relevantes que presenta el VIII Informe FOESSA sea el de la distribución territorial de la exclusión social en España.
Si tradicionalmente España se ha explicado en términos de norte-sur, un norte rico y un sur pobre, esa fotografía sigue siendo cierta solo si pensamos en términos monetarios. Sin embargo la fotografía de la exclusión ofrece otra visión. Los datos de FOESSA permiten afirmar que se consolida el eje sur-mediterráneo en la exclusión social.
Este mapa demuestra los diferentes modelos de integración que coexisten en nuestro país, así como la fuerte diversidad territorial en lo que respecta a las distintas capacidades existentes en el territorio del Estado, tanto de desarrollo económico como social y de relaciones de ayuda mutua.

La evolución de las políticas sociales
El Informe analiza también los recortes que han sufrido los servicios públicos fundamentales en los últimos años (educación, sanidad, dependencia), que han afectado a la accesibilidad, disponibilidad, asequibilidad y adaptabilidad de los mismos a las situaciones de mayor precariedad.
Las desigualdades han ido en aumento en el caso de la sanidad, donde, por ejemplo, en 2019 no se ha recuperado todavía el nivel de gasto sanitario de los recortes iniciados hace diez años. Y, particularmente, en el sistema de dependencia. No obstante, la crisis ha sido también una oportunidad para acometer mejoras en coordinación y eficiencia.
Destaca el retroceso registrado en el impacto del efecto sustitución que se ha dado, por ejemplo, en la extensión del seguro privado de salud como compensación a las deficiencias del sector público sanitario: el número de personas con cobertura sanitaria privada aumenta del 13,3% en 2012 al 16,3% en 2017.

En el caso de la educación, cabe destacar también el aumento de la ratio de alumnado y la carga electiva para el profesorado o las dificultades para la obtención de una beca.
Asimismo, la rama de los servicios sociales ha sufrido la presión de una creciente demanda social con recursos menguantes, deficiencias críticas y amplias desigualdades territoriales en su oferta. Y las políticas de vivienda durante la crisis no han podido sentar las bases de un sistema residencial que garantice a las personas más necesitadas el acceso a una vivienda digna.
Las prestaciones familiares y por hijo a cargo han seguido, también, una evolución declinante que les ha incapacitado para hacer frente con eficacia al reto de la pobreza de los hogares con niños, En doce años, la cuantía por prestación por hijo cargo solo ha subido 5 céntimos mensuales (de 24,25 a 24,30 euros mensuales).
Finalmente, los esquemas de garantía de ingresos mínimos en España, con sus diversos subsistemas, han sufrido reformas permanentes o desarrollos con muy diferentes efectos en cobertura e intensidad protectora. Su característica definitoria es su limitada cobertura y su baja intensidad protectora, que reduce su capacidad para paliar la pobreza relativa, aunque sí la severa.

¿Cómo estamos reaccionando los ciudadanos?
El VIII Informe FOESSA indica que la ciudadanía sigue apoyando el Estado de bienestar como mecanismo de protección social. Más que antes, se pide al Estado que intervenga para conseguir una sociedad más igualitaria, para garantizar el derecho a la salud o a la educación y para protegernos de la pérdida de ingresos derivada de situaciones de vejez, enfermedad o desempleo. Los ciudadanos no consideran creíble el discurso sobre el «excesivo» gasto social.
Junto a ello, sin embargo, vivimos un cuestionamiento del sistema fiscal, tanto desde el ámbito político como ciudadano, y cierta fatiga de la compasión en nuestra sociedad. Disminuye la disposición a pagar los impuestos necesarios para financiar las políticas de bienestar y la sociedad española siente desconfianza ante el sistema fiscal y la clase política encargada de gestionarlo.

Esta fatiga de la compasión está generando perfiles críticos con las ayudas sociales. Más del 50% de la población expresa que ahora ayudaría menos que hace diez años, aunque seguimos siendo uno de los países donde existe un grupo mayoritario de ciudadanos que piensa que las ayudas sociales no vuelven perezosas a las personas.
Aunque las personas más afectadas por la crisis y que menos se han recuperado en la salida de la misma son las que están en las capas más humildes de la sociedad y quienes necesitarían más esas ayudas, el sentimiento de las clases medias es el de grandes perdedoras, lo que provoca que miren hacia el futuro con gran incertidumbre y pesimismo.

Muchas personas están instaladas en el miedo ante una sociedad del descenso y de pérdida de estatus, que es estimulado desde algunas instancias políticas y mediáticas en un irresponsable juego que genera tensiones y problemas allí donde no los había, como es, por ejemplo, el de la xenofobia. Dos datos:
– Las personas inmigrantes aportan el 10% de los ingresos de la Seguridad Social y sin embargo, el 50% de la población española piensa que reciben más de lo que tributan.
– En el espacio de la exclusión social, el 80% de las personas son españolas, sólo el 20% son inmigrantes.
– Solo aproximadamente el 4% de la población piensa que la inmigración es el primer problema de este país. España es uno de los países donde en menor medida se expresan opiniones abiertamente xenófobas y se producen menos fenómenos de rechazo.

Revertir la sociedad desvinculada
Para poder enfrentarnos al futuro, perder el miedo y fortalecer los mecanismos de inclusión de la ciudadanía en nuestra sociedad, los autores del Informe plantean un conjunto de grandes conversaciones cívicas que adecuen definitivamente nuestra forma de convivencia ante este proceso de mutación social que en el Informe se denomina la sociedad desvinculada.
Destacan tres retos.
1. Crear un nuevo escenario con responsabilidades compartidas, de dialogar en torno a la creación de un sector público compuesto por el espacio de trabajo conjunto de las Administraciones públicas, las entidades no lucrativas y las empresas sociales, con las iniciativas ciudadanas y profesionales.
2. Reflexionar sobre si queremos garantizar el acceso a la supervivencia de las personas a través de mecanismos de prestaciones y rentas condicionadas o mediante fórmulas de rentas garantizadas. Es decir, responder al reto de cuánta es la carga que queremos poner sobre los hombros de los pobres para poder ayudarles. Y respondernos, incluso, si a veces ser pobre es un delito.
3. Conseguir que las personas, inmersas en un mundo que promueve el individualismo, accedan a convertirse en una comunidad para facilitar el acceso de terceros. La pregunta está en cómo hacer que la ciudadanía colabore, lo que no se consigue ni a golpe de decreto ni por presión.
Las organizaciones cívicas y solidarias se mueven en un terreno de falta de recursos y de un cierto descenso de confianza. La diferenciación entre quienes merecen o no ayuda pública o protección social se está convirtiendo en un elemento clave para el soporte de estas entidades.

En el VIII Informe FOESSA se apunta que es imprescindible un liderazgo social, que, aunque a pequeña escala, puede generar movilización ciudadana y aportar proyectos que pueden ser replicados o repensados en otros lugares. Se trata de una construcción de abajo a arriba, que pueda revertir la senda de desconfianza y aislamiento que las estructuras están promoviendo.
Como se ha señalado en la rueda de prensa, “hoy, que se están negociando los pactos que determinarán quién dirigirá el Gobierno, las CC.AA o los Ayuntamientos, tenemos que preguntarnos si queremos afrontar cómo recuperamos para la sociedad a ese 1,8 millones de personas expulsadas, cómo podemos llegar a un acuerdo para evitar la exclusión social grave de 4,1 millones de personas, cuál es nuestra voluntad de construir sociedad o de seguir permitiendo que cada cual, en función de dónde ha nacido, la familia que ha tenido o el patrimonio heredado, resuelva cómo estar integrado”.
En palabras de Guillermo Fernández, “el reto está en saber —y poder— construir consensos, y la herramienta que parece clave en estos momentos es la construcción de un tejido social capaz de pensar en común los diversos aspectos para que nuestra vida sea realmente social”.

“Vivimos en una sociedad desvinculada, en la que cada vez es más difícil hacernos cargo de los que se quedan atrás y, por ello, necesitamos re-vincularnos, un objetivo en el que la construcción de comunidad tendrá un papel esencial. Esta es la tesis que defiende el conjunto de este proyecto del VIII Informe FOESSA”, añadió.

Cierre de ciclo
El VIII Informe FOESSA supone el cierre de un ciclo de análisis que se iniciaba en los momentos previos a la crisis económica. Como explica Raúl Flores, supone el capítulo final de una trilogía dedicada a tres momentos esenciales en nuestra historia reciente.
– 2007-2008 El momento de máximo crecimiento económico previo a la crisis, analizado en el VI Informe FOESSA.
– 2013-2014 El momento de máxima exposición de la población a los efectos de la crisis económica, analizado en el VII Informe FOESSA
– 2018-2019 El momento posterior a una recuperación económica constante de 4 años, que analizamos en este VIII Informe FOESSA.
La Fundación FOESSA se constituyó en 1965, con el impulso de Cáritas Española, ante la necesidad de conocer, la situación social de España de forma objetiva y persistente como alternativa y complemento a las iniciadas políticas de desarrollo creadas en nuestro país en esos momentos.
Desde su origen, tal y como subrayó en la presentación Natalia Peiro, secretaria general de Cáritas y directora ejecutiva de la Fundación, los Informes FOESSA (1967, 1970, 1975, 1980-83, 1994, 2008 y 2014) “han marcado hitos en el conocimiento de la situación social de España a través del análisis de los procesos en que se manifiesta la evolución social, así como las estructuras y tendencias que se corresponden con esos procesos”.
“La vocación permanente de servicio de la Fundación –añadió— al conocimiento de la realidad social de nuestro país es un compromiso impulsado por Cáritas, desde el convencimiento de que no es posible actuar en la realidad social de la pobreza y la exclusión si no contamos previamente con un conocimiento profundo y exhaustivo de la misma que nos permita afinar las respuestas y acompañar de manera eficaz a los destinatarios de nuestra acción”.
Para la secretaria general de Cáritas, “nuestro mayor interés es lograr que esta tarea investigadora de FOESSA se realice desde la mirada de las personas perdedoras, de todos esos descartados a los que se refiere el papa Francisco y a los que la Confederación Cáritas sitúa siempre en el centro de sus actuaciones”.

ANEXO explicativo
Exclusión social es la pérdida de integración y de participación del individuo en la sociedad. Es la falta de participación en la vida social, económica y cultural de sus respectivas sociedades debido a la carencia de derechos, recursos y capacidades básicas que hacen imposible una participación social plena.
Es imposible medir la exclusión social con una simple tasa de pobreza ni tampoco con la denominada tasa AROPE, que mira 3 indicadores (pobreza, privación material y baja intensidad laboral). Sin cuestionar su utilidad, estos medidores no son suficientes para los objetivos marcados en la investigación.
Por esa razón, FOESSA utiliza 35 indicadores que miden la participación en el empleo, en la capacidad de renta y en el acceso a derechos básicos (como la vivienda, la salud, la educación o la participación política), así como la ausencia de lazos sociales (soledad) y las relaciones sociales conflictivas.

Cada uno de los 35 indicadores identifica situaciones de exclusión social, la mayoría de los cuales tienen un carácter extremo que afecta a proporciones pequeñas de hogares. La cantidad de indicadores afectados y el peso que tiene cada uno de ellos genera una suma de puntos de exclusión social que permite dividir a la sociedad en 4 espacios: el de la integración plena, la integración precaria, la exclusión moderada y la exclusión severa.

¿Cuánto aumentaría el precio de tu tableta de chocolate sin trabajo infantil?.

Si no es por la ética, al menos que sea por el negocio.

Patricia Peiró,

Dos economistas crean un modelo económico con el que calculan que con un incremento del 2,8% se eliminarían las tareas más "extremas" que desempeñan los niños. Para acabar con la práctica por completo hace falta un 47%.

¿Cuál es el precio que debemos pagar los consumidores por eliminar el trabajo infantil de la cadena de producción de las deliciosas tabletas de chocolate? Dos economistas estadounidenses han calculado cuánto habría que aumentar el precio del cacao para que siguiera dando los mismos beneficios a sus productores sin necesidad de emplear a niños, más baratos y manejables: un 2,8%. Ese es el precio de sacar a un menor del colegio para ponerlo a trabajar en el campo.







Jeff Luckstead y Lawton L. Nalley han diseñado un modelo económico para calcular la repercusión en la cuenta de la compra de este comercio más justo. "Desarrollamos un modelo de hogar agrícola, en el que los ingresos son generados por el cultivo de cacao. Para esta labor, el hogar puede usar el tiempo de los adultos, el de los niños o el de trabajadores contratados", explica Luckstead. Este 2,8% se refiere al aumento que resultaría tras eliminar las formas de trabajo infantil más "extremas" (las que incluyen tareas peligrosas o implican más de 42 horas semanales), suprimir las "normales" (entre 14 y 42 horas semanales), lo elevaría al 12%, mientras que desligar por completo a los menores de la producción de cacao haría que subiese un 47% (trabajar menos de 14 horas semanales). La Organización Internacional del Trabajo establece estas tres diferencias atendiendo a criterios de duración de la jornada laboral y la peligrosidad de las tareas. La investigación se ha publicado en el la revista Plos One.
Los economistas desarrollaron su modelo en el contexto de Ghana, el segundo país productor de cacao (20% del total global), y que da trabajo directo a dos millones de personas. "El modelo que hemos empleado podría adaptarse a otras situaciones. Sin embargo, dependiendo del tema y el mercado, habría que hacer modificaciones", advierte el investigador. En este país de África occidental Unicef calcula que hay alrededor de 200.000 niños trabajando en este sector en las condiciones más duras. Toda la región de África Occidental acapara el 70% de la producción mundial de cacao, un sector que emplea a 2,2 millones de niños, según en Cacaobarómetro de 2018, un informe realizado por 15 ONG europeas. El número uno lo ocupa Costa de Marfil, un país que aporta el 40% de este producto.
"Las discusiones sobre el precio del cacao y otros productos básicos son complejas, pero es necesario tenerlas. Proporcionar un precio justo al agricultor puede ser un punto de partida clave para abordar la pobreza y el trabajo infantil. Sin embargo, este no es el único problema a tratar. El acceso a servicios de calidad como educación, salud y registro de nacimientos es igualmente importante", puntualiza Muhammad Rafiq Khan, de la oficina de Unicef en Ghana.


Es extremadamente difícil hacer cumplir la ley de trabajo infantil sin empujar a las familias a la pobreza

El Gobierno de Ghana lanzó en 2017 un plan para reducir estas cifras. "Hay que abordar las situaciones de pobreza que llevan a las familias a depender de los ingresos que puedan aportar los niños, y cambiar las percepciones sociales que valoran el trabajo infantil como normal, aceptable o incluso necesario", recalca Blanca Carazo, responsable de Programas de Unicef Comité Español. "Son mano de obra barata, obediente y muy rentable, para muchas familias, la única alternativa para sobrevivir", secunda David del Campo, director de Cooperación Internacional de Save the Children. Un 30% de los niños de Ghana abandona el colegio en primaria, un 15% nunca ha pisado una escuela, según datos de la Unesco.

"Es extremadamente difícil hacer cumplir la ley de trabajo infantil sin empujar a las familias a la pobreza. Por eso creamos este modelo, porque los hogares del cacao estarían más dispuestos a reducir estas prácticas si no les supusiera una carga financiera. Además, los consumidores quieren productos obtenidos éticamente, incluido el cacao", explica uno de los autores del estudio. La investigación se encuadra dentro del Cocoa Livelihood Program, un proyecto de la Fundación Mundial del Cacao, patrocinado por la Fundación Bill y Melinda Gates y destinado a mejorar los medios de vida de más de 200.000 pequeños productores en África subsahariana a través de capacitación, diversificación de cultivos y organizaciones de agricultores. "Tradicionalmente, el sistema ha centrado su esfuerzo en la respuesta (es decir, retirar a los niños del trabajo infantil), pero la evidencia muestra que un enfoque más integral y preventivo que contemple el empoderamiento económico y el desarrollo, la educación y la protección infantil es más efectivo", recalca Rafiq Khan.

La investigación no analiza si los consumidores estarían dispuestos a asumir ese aumento de precio, qué mecanismos de control habría que establecer para garantizar que el incremento se traduce realmente en la reducción del trabajo infantil. "Sería necesario acompañar esta medida de intervenciones para el cambio social, y de mecanismos de protección que no dependan del mercado o la producción", apunta Carazo. "También hay que poner el acento en los productores que compran ese cacao para fabricar sus productos y que a veces se basan en relaciones comerciales abusivas. Son ellos los que exigen que se siga produciendo más a bajo coste", indica del Campo.

El coautor del estudio señala un dato interesante: "Si tiene éxito en reducir o eliminar las peores prácticas de empleo de menores, la Junta de Comercialización del Cacao de Ghana podría etiquetar su producto como libre de trabajo infantil, lo que diferenciaría su cacao de otros países y mejoraría su comercialización".
Si no es por la ética, al menos que sea por el negocio.



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Vuelven los Motriles: la memoria de aquellos niños pastores.

 Los niños olvidados de la trashumancia.
La Gesta de los Motriles.

12 de Junio, día contra la Explotación Laboral Infantil,
"Los niños no deberían trabajar en el campo,
sino en sus sueños".
Los niños tienen derecho a trabajar, 
y, si lo hacen,
a estar protegidos de la explotación laboral infantil.
Ana Gaitero,

Ramón Gutiérrez rescata la memoria de aquellos niños pastores que, entre los siete y los doce años, pasaban el verano en los puertos de la montaña leonesa y palentina afrontando todo tipo de trabajos y calamidades.  El 7 de mayo presentó el libro en León. 

"En 1948, a los ocho años, estrené oficio, nuevo para mí: motril. Por aquella época era para los chavales una distinción, un rango, ir de motril, considerando a los que no iban como señiritos, blandengues (jaldetos, los llamábamos)».


La voz es de Marcelino Díez Martínez, oriundo de Prioro (1940), uno de los protagonistas de La gesta de los motriles de la trashumancia, el libro que Ramón Gutiérrez, maestro de profesión, empezó a escribir, sin saberlo aún, cuando recaló en Prioro hace 54 años. Hoy, el trabajo de los motriles, sería considerado explotación infantil. Entonces era lo normal. Necesidad obligaba. Había en la escuela en aquellos tiempos no menos de 150 niños y niñas en cinco aulas. «En mi clase había destinados 29 y cuando llegaba primeros de octubre unos 10 ó 12 aún no habían venido», explica. Aquellos chicos estaban de motriles, le contaron.

Foto Lueje.
La palabra, nueva en los oídos del maestro como nuevo fue el oficio para Marcelino, caló en Gutiérrez. Hace pocos años volvió a tirar del hilo y con el testimonio de 15 motriles y las aportaciones de literarias de David Fernández Villarroel y Saturnino Alonso Requejo rescata del olvido la vida sacrificada de decenas de muchachos que para aminorar la miseria de sus casas eran enviados a las majadas los 120 días que venía a durar la trashumancia de los rebaños en los puertos de la montaña cantábrica.

«Quito una boca de la mesa y un animal de la cuadra», solían decir los padres, pues con el niño sacaban también a algún animal a pastar al monte. Los motriles hacían de todo, desde «ir a por leña o agua, encender el fuego, hacer las sopas, limpiar el caldero, hacer la ‘pella’ para los mastines, carear las ovejas y todas aquellas otras que le encomendara el pastor, al que debía obedecer sin rechistar», como apunta Manuel Rodríguez Pascual, el gran investigador de la trashumancia, en el prólogo.

Prioro, Tejerina y La Remolina fueron los tres pueblos de motriles por excelencia en la montaña oriental, aunque también los hubo en Palencia y alguno en Babia. «Eran pueblos de trashumantes con una natalidad muy alta y unas necesidades tremendas», explica el autor.

«Nos lanzaron al encuentro con la vida armados con un cayado y un morral o zurrón con cuatro mendrugos de pan duro», afirma Telmo Díez Villarroel, de Tejerina, que vivió la experiencia en 1934. «No fue mi infancia y la del 95% de los niños de mi pueblo y entorno, un modelo a imitar y copiar por las generaciones posteriores sino todo lo contrario», comenta este motril que con el tiempo se hizo cura, y muy afamado, en la parroquia de San Marcelo. Cuando oye hablar del Tercer Mundo se acuerda de su infancia.

La gesta de los motriles «tiene connotaciones trágicas», comenta Gutiérrez. Los chavales «pasaron muchas calamidades, soledad, miedo a los maquis que a veces les quitaban la poca comida que tenían, les llevaban hasta 30 o 40 ovejas y a ellos para que las guisaran, se perdían con la niebla...», agrega.

Serafín de Castro Riero, de Prioro, vivió el miedo, la soledad y los riesgos antes de ser motril. A los cinco años «mi padre me llevó con él a Bovias (Portilla) por el verano. Una tarde vinieron los perros revueltos, corrimos tras ellos y Pepe Ibán saltó un arroyo. Yo, como era más pequeño, no pude hacerlo y me volví hacia la majada», relata en el libro. Pero «pasé de largo» porque «estaba oscureciendo y había niebla». Cayó en el pozo de un arroyo del que salió «aturdido» y siguió caminando por el monte «sonámbulo» hasta que «rendido y mojado me tiré al suelo y entré en un sueño profundo durante toda la noche». Al día siguiente, exhausto, encontró a su padre.

Hoy, es la fiesta de la trashumancia, Madrid 2018.
Sin embargo, los chiquillos competían por ser motriles.

Nefatlí Díez González, de Prioro, señala «estábamos en Valnero mi hermano y yo y nos prometieron que el que corriendo llegase primero a casa, era el seleccionado para ir a la majada». Ganó él y con siete años, aquel verano de 1945, un pastor le llevó a pie hasta Puente Almuhey y desde allí en tren a Boñar, En un camión de los talcos subieron hasta las minas situadas por encima de Puebla de Lillo. Los 15 kilómetros hasta San Isidro los hicieron a pie.

En una ocasión le ardió el aceite mientras hacía las sopas. «Se me cayó el caldero y me quemé. Al venir el pastor me pegó una buena paliza», Otro perdió la llave del chozo y no se atrevió a presentarse por el miedo, cuenta este hombre que, ya de zagal, bajó andando a Extremadura con 11 años.

Si la alimentación «no era pobre ni regalada, solo sopas por la noche y sopas por la mañana», como dice Ramón Gutiérrez, el sueldo solía ser miserable: «Uno ganó el equivalente a tres euros en 120 días y otro lo que sería 1 euro de hoy en todo el verano», apostilla.
El motril Laurentino Prado en San Glorio.

En la época de la posguerra algunos murieron por manipular explosivos o cartuchos que recogían para vender en Puebla de Lillo o por simple curiosidad. Sólo cuatro de los que aparecen el libro fueron trashumantes. Hay desde catedráticos, como Marcelino Díez Martínez, hasta curas, policías, guardias civiles, empleados de la industria en el País Vasco y Navarra, funcionarios, labradores...

«Los motriles teníamos responsabilidades que excedían las lógicas para nuestra edad», admite Juan Francisco Diez Salio. Aquella vida de dureza y privaciones, a veces cercana a lo inhumano, como señala el autor, «les hizo fuertes y resistentes y les preparó para hacer frente a las dificultades de la vida».

Hoy los motrilillos, obreros olvidados de la trashumancia, y su libro rescata su memoria y alguien debería pensar «en la conveniencia de aplicarles, con todo mérito, el título de héroes», como apunta el motril de Prioro.

12 de Junio, día contra la Explotación Infantil.
Los niños no deberían trabajar en el campo,
sino en sus sueños.
Los niños tienen derecho a trabajar, 
y, si lo hacen, 
a estar protegidos de la explotación laboral infantil.

La historia de Manthoc Lima Nicolle de la Cruz (18 años)


"Yo no quiero vivir en un sociedad de mujeres sumisas, maltratadas, asesinadas. 
 No entiendo por qué hay gente que no quiere que vivamos en una sociedad de respeto, dignidad y solidaridad. 
Quiero que desde pequeños nos enseñen a respetar a todas las personas, 
que se implemente la educación sexual integral y no se vulneren nuestros derechos".
Nicolle De la Cruz.

El día 12 de junio es el día contra el trabajo infantil, 
no se puede estar en contra del trabajo infantil, 
se tiene que estar en contra de la explotación laboral infantil.
"Les digo que tienen voz, que tienen derecho a participar, a estudiar, 
y si trabajan, a estar protegidos".


La historia de Nicolle de la Cruz (18 años), y su lucha por la importancia de que se implemente la educación sexual integral en las escuelas, es prueba de empoderamiento juvenil y valentía, en un escenario cargado de discursos y grupos que se oponen al derecho de niños, niñas y adolescentes de ser informados sobre este tema.
Nicolle de la Cruz Ñañez es una lideresa natural. Ha vivido en Villa El Salvador casi toda su vida y ha ayudado a sus padres desde que era niña, primero, reciclando productos, y luego en la bodega familiar. “Trabajar dignifica y es mi aporte a la economía familiar. Nunca he sentido que eso me haya quitado parte de mi infancia”, cuenta.

Conversamos con ella en el local del Movimiento de Adolescentes y Niños Trabajadores Hijos de Obreros Cristianos (Manthoc) de su distrito, un espacio que es como su segunda casa. Desde que tenía 9 años, su madre la llevaba al servicio de biblioteca que ofrecían. La pequeña Nicolle hacía sus tareas, pero miraba con curiosidad los talleres que se realizaban para niños, niñas y adolescentes. “Mientras estaba en la biblioteca podía ver cómo ellos se expresaban, cómo hablaban de sus sentimientos, de sus derechos, de la importancia de respetarse. Quise formar parte de ese movimiento social, aprender, y así empecé”, recuerda la joven que fue coordinadora nacional del Manthoc de 2014 a 2016.

La última de cinco hermanos, es hoy la primera de su familia en culminar estudios secundarios e iniciar una carrera universitaria. Nicolle estudia leyes, y cuando termine esa carrera quiere estudiar Trabajo Social para aportar a las políticas del país, pero también al movimiento del cual forma parte. De hecho, actualmente es colaboradora acompañante del Manthoc. En sus propias palabras, eso significa cambiar el “chip” que la sociedad impone a muchos chicos y chicas.

Pero ese chip, explica Nicolle, no es fácil de cambiar. “Les hablo de que tienen que respetarse unos a otros, respetar las diferencias. Les digo que tienen voz, que tienen derecho a participar, a estudiar, y si trabajan, a estar protegidos. Desarrollamos diferentes dinámicas y hay cambios importantes”, señala. 

La joven les enseña cosas que pueden parecer simples, pero suelen ser muy complejas en una sociedad conservadora, que hace del estereotipo y de la violencia hacia las mujeres el pan de cada día.
Cuando Nicolle estaba en el colegio, presenció situaciones de bullying contra compañeras, motivadas por la intolerancia a diferentes maneras de ser, de vestirse, o por romper con el esquema que impone la sociedad de cómo debe ser una mujer y un hombre. “He peleado muchas veces por esas injusticias. No podía con esos abusos. Uno puede vestirse como quiere, ser como quiere, y eso hay que respetarlo mientras no le faltes el respeto al otro. Ese es un principio fundamental en el movimiento y en mi vida”, afirma.

Uno de los problemas que más le preocupa a Nicolle es la alta tasa de embarazo adolescente en el país, y en especial en su distrito, Villa El Salvador. “Varias amigas del colegio terminaron la secundaria embarazadas y hoy tienen a sus hijos. Otras abandonaban el colegio por vergüenza y prejuicios”, recuerda.  Por ello, Nicolle tiene claro que la educación sexual integral en las escuelas es fundamental, para eliminar el machismo y la violencia sexual, y para informar a las niñas, niños y adolescentes sobre sus derechos reproductivos.  “Es muy importante informar en las escuelas sobre estos temas. No les decimos a los chicos que tengan una familia ahora. Les enseñamos a cuidarse. A cuidar sus cuerpos”, explica.

Nicolle tiene claro que se enfrenta a una sociedad muy conservadora, que considera la educación sexual como un tema tabú. También es consciente que se enfrenta a una sociedad que desinforma con fines particulares. Y sabe que aunque el reto es muy grande, está dispuesta a enfrentarlo. “Yo no quiero vivir en un sociedad de mujeres sumisas, maltratadas, asesinadas.  No entiendo por qué hay gente que no quiere que vivamos en una sociedad de respeto, dignidad y solidaridad. Quiero que desde pequeños nos enseñen a respetar a todas las personas, que se implemente la educación sexual integral y no se vulneren nuestros derechos”.  

En ese camino, Nicolle sigue trabajando, visitando colegios públicos para dictar talleres, enfrentando con valentía a grupos y discursos que se oponen a sus luchas, con la certeza de que muchos chicos y chicas escuchan con interés y quieren ser informados.