Unidas Podemos, ERC y Más País presionan al PSOE para reducir la edad de votar a los 16 años.

 "Abriremos el debate sobre la posibilidad de otorgar 
el derecho de sufragio activo y pasivo a las personas jóvenes de 16 y 17 años", 
reza el acuerdo de coalición pactado entre el PSOE y Unidas Podemos.

Argentina, Brasil, Ecuador, Cuba, Nicaragua, Malta, Austria y Chipre 
establecen la edad mínima de voto en los 16 años, 
mientras que Grecia la fija un año después

Accede a algunos de los artículos blog Asociación GSIA sobre este tema:











EP
A los 16 años un joven puede trabajar, contraer matrimonio, emanciparse, mantener relaciones sexuales consentidas, abortar (cuando entre en vigor la reforma de la ley de Salud Sexual y Reproductiva) o conducir una moto de forma legal sin que un adulto le supervise. 
Pero no puede comprar tabaco ni alcohol, apostar, ir a la cárcel y tampoco votar. 
Este último punto es una de las reivindicaciones históricas de Podemos, compartida también por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que ha puesto en valor con varias iniciativas en la Cámara Baja.

A estas formaciones se le ha unido esta semana Más País. La formación dirigida por Íñigo Errejón ha registrado una Proposición de Ley para potenciar el desarrollo de consultas ciudadanas, en las que podrían participar los jóvenes de 16 años. Con esas propuestas, las tres formaciones, que suman 50 escaños en el Congreso, buscan que los jóvenes se impliquen más en política y sus demandas se vean representadas. Fuentes de EH Bildu también trasladan a infoLibre su predisposición de apoyar esta prerrogativa. Con los abertzales, únicamente faltaría el apoyo del PSOE (y el de un parlamentario extra) para llegar a la mayoría absoluta.

"Nosotros hemos traído este tema al Congreso en tres ocasiones. El PSOE solo votó a favor una vez. Y porque estaba en la oposición", se lamentan en la dirección de ERC. "Albergamos serias dudas de que el PSOE apoye esta propuesta", añaden en Más País. En Unidas Podemos creen que habrá que "hacer fuerza" desde el Congreso, ya que no ven "muy predispuesto" al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pese a que este debate está recogido en el acuerdo de gobierno.

Lo que aparece en el documento pactado por el PSOE y la formación morada en enero de 2020 es que esta cuestión se abordará en el marco de la Comisión Constitucional del Congreso. “Abriremos el debate sobre la posibilidad de otorgar el derecho de sufragio activo y pasivo a las personas jóvenes de 16 y 17 años”, reza el texto.

Esa subcomisión fue constituida hace apenas unas semanas precisamente para estudiar cambios en la Ley Orgánica del Régimen Electoral (LOREG), entre los que se incluyen la derogación del voto rogado, las listas cremallera, la proporcionalidad del sistema electoral o la prohibición de publicar encuestas durante los cinco días previos a las elecciones. La última reunión se ha producido este mismo miércoles a puerta cerrada.

Belarra: "No tenemos miedo a dar la voz a la juventud"

En la inauguración de una jornada de trabajo sobre la Estrategia Nacional de Juventud 2030 el pasado 11 de noviembre, la ministra Ione Belarra aseguró que reducir la edad para votar es una medida "excepcionalmente buena" para hacer "real" la participación de los jóvenes en política: "Es tal la que tiene convicción que tiene este Gobierno de que es imprescindible escuchar a la juventud y que participe en nuestra sociedad, que nos comprometimos a abrir el debate sobre el voto a los 16 años, que sin duda sería una medida excepcionalmente buena para que esa participación fuera real y efectiva",  aseguró. 

"Esta sociedad ha infantilizado a los jóvenes y les niega ser sujetos decisorios de su propio devenir vital y social por una cuestión electoralista y por intereses partidistas como en su día ocurría con el debate del sufragio femenino", fue la reflexión ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, que también ocupa el cargo de secretaria general de Podemos. "Nosotras no tenemos miedo a dar voz a la juventud porque creemos firmemente en vuestra capacidad transformadora", zanjó.

Pese al compromiso de Belarra, este debate no ha llegado al seno del Gobierno, según confirman las fuentes consultadas por este medio. "Ione no puede dar todas las peleas", enfatizan. En el grupo parlamentario tampoco son especialmente optimistas. "Da igual que haya dos Consejos de Ministros a la semana que tres. Al final el tema legislativo lo seguirá marcando el PSOE", sintetiza un parlamentario. "Es un compromiso del acuerdo de gobierno", razona una tercera voz, que profetiza que sucederá "lo de siempre". "El PSOE al principio opondrá mucha resistencia pero acabará cediendo porque no le queda otra", resume. 

 La cuestión es si este cambio llegará antes de que acabe la legislatura, para que ya se aplique en los comicios generales del 2023 (siempre que no haya adelantos electorales de por medio). En este punto todas las fuentes admiten que será "difícil". "Lo que recoge el acuerdo de gobierno es el compromiso de abrir el debate, cosa que ya estamos haciendo en la subcomisión", alegan fuentes socialistas. "Nosotras queremos que esto salga para adelante, pero la verdad es que será complicado hacerlo esta legislatura", admiten los morados. Actualmente, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) hay 857.000 jóvenes comprendidos entre esas edades.

¿En qué países se puede votar antes de los 18 años?

Antes de la Segunda Guerra Mundial la edad mínima para ir a votar eran los 21 de manera generalizada, un derecho del que únicamente podían hacer uso los hombres. Uno de los primeros países en romper con esa brecha de edad (que no de género) fue Checoslovaquia, que en el año 1946 lo redujo a los 20 años. No fue hasta las décadas de los sesenta y setenta cuando la mayoría de los Estados occidentales lo fijaron en los 18 años: Reino Unido fue el precursor en 1969 y Estados Unidos lo introdujo dos años más tarde, a ellos se les unió Canadá (1972), Alemania Occidental (1972), Australia (1974),  Francia (1974) o Suecia (1974). 

Actualmente los 18 son la edad mayoritaria a nivel mundial para comenzar a ejercer el derecho al voto, tal y como muestran los datos del ACE Electoral Knowledge Network. Sin embargo, hay también excepciones, especialmente en el continente americano: Argentina, Brasil, Ecuador, Cuba, Nicaragua establecen la edad mínima a los 16 años. A ellos se les suma Malta, Austria y Chipre, en Europa, mientras que Grecia establece el mínimo en 17 años.

Hay otros países europeos que permiten votar a los 16 años, aunque bajo ciertos requisitos: es el caso de Bosnia, Eslovenia, Serbia y Croacia, países en los que los menores pueden votar si tienen trabajo, mientras que en Hungría e Indonesia (Asia) pueden hacerlo únicamente si están casados. A nivel local hay otras excepciones como la de Alemania, Israel y Reino Unido (Escocia), que sí permiten hacerlo en comicios regionales.     

El adultocentrismo y los derechos de niños y niñas.

Cada 20 de noviembre se celebra el Día Universal del Niño y se conmemoran los aniversarios de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño (1989), tratados internacionales clave para garantizar y promover derechos universales y derechos específicos de niñas y niños.

A lo largo de estos días se están llevando a cabo numerosas actividades de celebración, visibilización e inspiración, muchas protagonizadas por niñas y niños, que nos mueven a desempeñar cada día un papel fundamental para alcanzar el bienestar de la infancia.

En Mientras Creces queremos que el tema se lleve a los hogares y se viva con reflexiones y acciones concretas que nos ayuden a transformar(nos), a garantizar derechos también en la esfera privada y a sumar nuestras voces a las de niños y niñas que nos recuerdan constantemente que son ciudadanos hoy, en presente.

¿Qué tal si comenzamos por transformarnos, por cuestionarnos?

Captura de pantalla de un momento de la presentación de Santiago Morales

Hemos pensado que una manera de contribuir a este objetivo es compartir con vosotras las reflexiones, análisis y experiencias extraídas en la segunda sesión del Taller de Infancias que organiza la Universidad Carlos III de Madrid y al que asistimos.

Adultocentrismo

Nos guste o no reconocerlo, vivimos en un sistema adultocéntrico, que va más allá de un adjetivo que coloca al adulto en el centro de la vida. “El adultocentrismo es un régimen político (…), un sistema de dominio de carácter histórico ancestral (…) y su crítica problematiza que los vínculos intergeneracionales se basen en violencias estructurales (…)”. Son algunas de las definiciones que dimensionan el alcance y complejidad del término y que Santiago Morales, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires, compartió el pasado 19 de noviembre en la sesión “El adultocentrismo y el paradigma del protagonismo” junto a Marta Martínez Muñoz, Cofundadora de Enclave de Evaluación y Derechos Humanos.

¿Por qué hablar de adultocentrismo si lo que queremos hablar es de los derechos de la infancia? Precisamente porque necesitamos tomar conciencia del lugar y el sistema de dominio desde el que criamos, acompañamos y educamos a niños y niñas y comprender cómo eso impacta en sus vidas y en la garantía de sus derechos. Es más, ¿habéis pensado que para conquistar derechos, niñas y niños deben hacerlo desde una lógica adulta? Morales se encarga de que lo tengamos presente.

De la misma manera que la sociedad, especialmente el feminismo, ha hecho visible el patriarcado para poder comenzar a derribarlo, se precisa hacer evidente el adultocentrismo -que no deja de ser “una extensión del patriarcado”- para dar espacio al protagonismo de niños y niñas.

“No se trata de defender la niñocracia, ni bregar por la destrucción de la persona adulta y demonizarla. Tampoco de negar todo tipo de autoridad en el vínculo intergeneracional”, apremia en aclarar Morales. “Se trata de rechazar el autoritarismo, se trata de superar las  desigualdades existentes entre las diferentes “clases de edad”, se trata de desasociar la autoridad de una determinada edad y de generar vínculos de respeto”, expone el también educador popular argentino.

Violencias adultistas

Este sistema de dominación y superioridad moral a todos los niveles por parte de los adultos sobre la infancia se traduce, en un nivel práctico y doloroso, en un ejercicio de “violencias adultistas” que normalizamos y que obviamos. ¿Por ejemplo? Negar que niños y niñas son sujetos de pensamiento, censurar su participación en la vida social y política, tolerar el castigo físico y humillante, son algunas de las que menciona Morales ¿Encontráis más? Quizá este cuadro que presenta el educador sobre características de la adultez y la niñez de las sociedades adultocéntricas nos ayude a identificar más violencias y a revisar cuáles nos atraviesan.

Protagonismo de niñas y niños

Ante el enfoque de control y protección que siguen perpetuando las visiones adultocéntricas, Marta Martínez Muñoz, cofundadora de Enclave de Evaluación y Derechos Humanos, nos hace ver las resistencias que desde hace más de 40 años ejercen niñas, niños y adolescentes hacia el protagonismo y la ruptura de visiones clásicas e inequívocas de la infancia. ¡40 años!

Martinez destaca la necesidad de equilibrar la agenda de protección y la agenda de capacitación para avanzar hacia el protagonismo infantil, en el que “niños y niñas son sujetos que reclaman desempeñar un papel activo en la sociedad y poder influir significativamente en las decisiones que afectan a sus vidas”.

¿Qué podemos hacer en casa con todo esto?

La oficina de Santiago de Chile de UNICEF elaboró en 2013 la serie de materiales “Participación Adolescente Ahora”, formada por cuadernos temáticas. Uno de ellos, el cuarto de la colección, elaborado por Sergio Rodríguez Tramolao, se centra en cómo superar el adultocentrismo. Recurrimos a él para compartir desde Mientras Creces algunas recomendaciones para cambiar nuestras actitudes y prácticas adultistas.

Cuestionemos en casa el “modelo ideal” de ser adultos ¿Estás seguro de que ser adultos es el modelo ideal de persona? Los niños son niños y no son “proyectos de adultos” ni “un adulto pequeño”. Son niños, niñas y adolescentes, “una forma de ser persona hoy, válida y respetable (…), una etapa de desarrollo efectivo de la autonomía personal, social y jurídica” que va permitiendo el ejercicio de la responsabilidad. Reflexionemos en familia sobre los estereotipos que tenemos sobre niños, niñas y adolescentes, para frenar nuestras propias prácticas adultistas.

Identifiquemos nuestros privilegios de adultos frente a la infancia. Como madres y padres, debemos cuestionar nuestros privilegios, romper la lógica dominador-dominado, confiar en las capacidades de nuestros hijos e hijas y acompañarles en su proceso de autonomía y participación. Es probable que esto cree resistencias, nos deje sin referentes y no veamos cuestionados por nuestro nuevo rol frente a la infancia. Pero podemos hacerlo y “podemos construir otra forma de relación basada en el respeto recíproco de nuestros derechos humanos y nuestra dignidad, independiente de la edad biológica”.

Eliminemos los típicos mensajes adultistas. “Cuando seas grande podrás saber/opinar sobre ese tema”; “eres muy pequeño para entenderlo”, “haz lo que te digo, porque yo lo digo y punto”. ¿Os suenan? Si no las decís, es probable que os las hayan dicho de pequeños. Y es que niños y niñas internalizan y hacen suyos estos mensajes negativos con los que también construyen estereotipos. “El adultismo es contagioso y se reproduce”. Y si no los superamos, nos acompañarán toda la vida adulta.

Convirtámonos en adultos aliados: este modelo supone, según UNICEF “reconocer a niños, niñas y adolescentes como un verdadero otro y, al mismo tiempo, educar y co-aprender con ellos y ellas para transmitir el conocimiento de sus límites sin anular su personalidad; de esta forma podrán crecer de manera saludable y ejercer sus derechos en forma responsable. Esto nos lleva a poder asumir nuestros límites como adultos, reconocer que no lo sabemos todo, asumir que la participación de la infancia no es una amenaza y a entender que los derechos de la niñez y adolescencia no se ejercen contra los adultos.

Pongámoslo en práctica. La agencia Europea del Medicamento acaba de autorizar la primera inmunización para niños entre 5 y 11 años en la Unión Europea. La Asociación Española de Pediatría ya ha recomendado su uso y si bien aún no hay un pronunciamiento del Ministerio de Sanidad, la decisión para aplicarla está casi tomada. ¿Cómo ejerceréis en casa el rol de adulto aliado ante este tema que afecta de lleno a niños y niñas?.

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El niño filósofo y la ética. "Dar tiempo de calidad a los niños implica escucha y apartar el móvil", entrevista Jordi Nomen.


 J. 
Nomen ha publicado una trilogía de libros en los que propone ejercicios prácticos 
para que madres y padres (y profesores) activen el diálogo filosófico con los niños. 
En El niño filósofo y la ética (Arpa, 2021), su nuevo trabajo, promueve los valores sociales para que ejerzan como ciudadanos comprometidos, empáticos y responsables.  

Entrevista a Jordi Nomen.

Los niños tienen la capacidad de filosofar, de hacerse preguntas y de dudar de todo. Afirma que pueden empezar de muy muy pequeños. ¿Cómo hacemos los padres y las madres para iniciarlos?

La primera premisa es escucharlos. Normalmente no damos espacio para que los niños y las niñas puedan expresar cuáles son sus preguntas o dudas o hipótesis. La segunda cuestión sería enseñarles a problematizar: mostrarles que la realidad es polifacética y polivalente, que se construye en colectividad y que no hay una verdad absoluta porque la verdad es contextual. Los padres debemos preguntarles más que responderles.

Recomienda a los padres y a las madres sobre todo “darles tiempo”.

Vivimos en una sociedad en la que el tiempo se ha monetarizado y mercantilizado, así que disponemos de poco tiempo para nosotros, y menos para los niños. Parece que no es importante dedicarles tiempos de calidad. "De calidad", añadiendo el sintagma preposicional, quiere decir escuchándoles con atención y dejando el móvil o la lavadora a un lado. Incluso si son pequeños situarnos a su altura para que podamos ver y puedan ver nuestros ojos.

¿Es importante mirarnos a los ojos?

Cuando nos comunicamos tenemos que asegurarnos que el canal del mensaje está libre. Si estamos mirando a otro lado se detecta que el canal está ocupado. Cuando miramos a alguien, a sus ojos, la persona entiende que el canal está libre y la comunicación se establece de forma fluida y plena.

Cuando nos comunicamos tenemos que asegurarnos que el canal del mensaje está libre. Si estamos mirando a otro lado se detecta que el canal está ocupado

¿Qué preguntas podemos hacerles para activar el pensamiento filosófico?

Las primeras preguntas podrían ser formarles ante sus decisiones o acciones. Preguntarles por las intenciones y las consecuencias de sus acciones. Como cuáles son los medios que se está tomando para llegar a la decisión, o qué implicación va a tener esta en las demás personas. O qué consecuencias puede tener o cuál es el contexto o qué alternativas hay. Tienen que aprender a hacer hipótesis, así que el "tú por qué crees" hay que practicarlo mucho.

Estas preguntas sirven para formar diálogo y construir pensamiento propio. Ponen en marcha las habilidades de pensamiento de las criaturas. Lipman dice que debemos fomentar habilidades diversas y que las preguntas que les hacemos son las que las mueven. Pedirle un ejemplo a un niño o a una niña sobre lo que afirma es trabajar la habilidad de ejemplificar, o pedirles resumir su pensamiento en un titular procura la habilidad de sintetizar.

Usted dice que el ejercicio de filosofar hace a niñas y niños creativos, críticos y cuidadosos. ¿A qué se refiere con cuidadosos?

El pensamiento cuidadoso es el que se ocupa de pensar sobre las demás personas. Es un pensamiento valorativo, que emplea los valores, que trabaja la inteligencia emocional porque usa las emociones. Es un pensamiento que se preocupa por los demás: que tengan su espacio y lugar. También trabaja sobre las consecuencias que tienen nuestros actos en el resto y que los tengamos en cuenta cuando tomamos decisiones. Es lo mismo que el pensamiento ético, es un ejercicio de ciudadanía porque tiene un papel social.

Hay que explicar a los niños que los demás siempre tienen que estar en nuestra ecuación. Hay que plantearles pensar cómo van a afectar las decisiones propias en otras personas. Y sobre todo, cómo mostrar respeto hacia ellos con nuestras acciones

¿Cómo se educa a los niños y niñas en la ciudadanía?

Explicándoles que los demás siempre tienen que estar en nuestra ecuación. Hay que plantearles pensar cómo van a afectar las decisiones propias en otras personas. Y sobre todo, cómo mostrar respeto hacia ellos con nuestras acciones. Estamos acostumbrados a imponer a los demás cómo deben pensar y cómo deben sentirse. Lo vemos continuamente en las clases: "Oye, has herido con tus palabras a un compañero", y la respuesta es "era una broma". Y la pregunta que hay que hacerle es: ¿pero tienes derecho a decidir cómo tiene que sentirse la otra persona? Quizá será una broma en intención pero, si la otra persona lo ha vivido mal, ya no es una broma porque no se han reído juntos. Nadie tiene derecho a decidir cómo deben sentirse ni pensar las otras personas. He ahí el pensamiento cuidadoso: no decidir por los demás, sino tenerlos en cuenta.

¿El pensamiento cuidadoso sería el pilar para educar a los niños y las niñas en democracia?

Sí, sobre el bien común y el interés general, se trata por tanto de pensar que no estamos solos y que convivimos con otras personas que tienen los mismos derechos y deberes que nosotros. Es imprescindible educar a nuestros niños en el pensamiento cuidadoso para vivir la ciudadanía responsable, activa y rebelde. Y digo rebelde porque rebeldes son aquellos que no se conforman cuando hay alguien que está mal y piensa y trabaja para que todos estemos bien. Hay un concepto sudafricano que me encanta: ubuntu, que significa "yo soy porque nosotros somos". El mundo iría mucho mejor si tuviéramos en el pensamiento que si los demás no son felices, es imposible que uno lo sea.

Las familias y la escuela estamos intentando inculcarles el valor del bien común a la vez que el de la competencia y el sálvese quién pueda. ¿Cómo casa?

Este es el gran dilema. Entiendo que hay otra manera de interactuar con el mundo más allá de la adaptación social, me refiero a la transformación social. Hay demasiada injusticia y cuestiones que no funcionan y nosotros tenemos el poder, sobre todo si nos asociamos y lo hacemos con los que tenemos al lado, de intentar cambiar a un mundo mejor. La filosofía no puede ser una entelequia que sueña y en la que los filósofos están flotando en el éter: desde pequeños hay que remangarse e intentar trasformar las cosas para que seamos mejores. Por supuesto esta idea contrapone a toda idea mercantilista, de súper éxito o de emprender negocios sin tener en cuenta a los demás.

La filosofía no puede ser una entelequia que sueña y en la que los filósofos están flotando en el éter: desde pequeños hay que remangarse e intentar trasformar las cosas para que seamos mejores

Si la filosofía consiste principalmente en hacerse preguntas y los niños demandan principalmente respuestas, ¿no les podemos frustrar?

Lo importante es que comprendan que las respuestas no son cerradas, porque eso es dogmatismo. Hay que explicarles que las respuestas dependen del contexto y las circunstancias, así que se construyen con los demás. Y para esto hay que valorar la diversidad y educarles en la escucha a todo el mundo. Las respuestas cerradas solo son posible en la ciencia. Mis alumnos no se frustran con las respuestas diversas, al contrario, las analizan e incluso aceptan que se han equivocado. Es importante que aprendan que no tener la razón no significa inferioridad.

¿Hay que educarles en la tolerancia incluso a la intolerancia?

No, es una línea roja. La intolerancia se carga a la tolerancia, entonces ya no hay espacio para seguir siendo tolerante. Frente a la intolerancia hay que actuar con métodos como la denuncia o la desacreditación de la validez de esas opiniones que seguro estarán basadas en prejuicios y estereotipos o en sesgos cognitivos erróneos. La intolerancia se basa en la ignorancia, por tanto es imperiosa la necesidad de desenmascarar la ignorancia.

¿Cuándo y cómo matamos la curiosidad y las ganas de saber de los niños?

Cuando no les escuchamos. La Filosofía para niños tiene esa ventaja, no es un currículum cerrado en el que se dice lo que hay que hacer, sino que se invita a los niños y niñas de qué quieren hablar. Matamos su curiosidad cuando les entregamos la tecnología sin haber trabajado su buen uso antes. La tecnología lo que hace es absorber la atención y a la vez dispersarla. Si los mantenemos encerrados en cuatro paredes también merma, así que es bueno salir a la naturaleza, viajar y abrirles el mundo, conocer otras culturas y personas diversas. Y por supuesto acercarles el arte: ver cuadros, películas o música juntos y reflexionar luego o mientras.

Dice en sus libros que a sus alumnos los pone a dibujar. ¿Por qué el dibujo puede ser filosófico?

Les propongo por ejemplo dibujar la isla de sus pensamientos. Les indico que, metafóricamente, su cabeza es una isla, y si esto es así, qué pensamientos habría en esa isla. El dibujo incluye una forma de simbolismo, es lo que se llama pensamiento analógico. En esta isla ellos han llegado a poner el volcán de la rabia, el río de la calma o la bahía de la amistad. Lo interesante es que te expliquen por qué identifican un río con la calma. El dibujo les ayuda a hacer un ejercicio de introspección y a analizar sus pensamientos y sus emociones. El dibujo es una manera fantástica de entrar en el mundo filosófico de los niños y las niñas.

Cuando un juego es reflexivo, después del juego es un buen momento para preguntarles cosas como: ¿por qué solo juegan a fútbol los niños? o ¿qué han sentido los que han perdido?

¿Por qué es tan importante el juego en la educación y, como cuenta usted en sus libros, también en la filosofía?

El juego es una forma de acercarse al mundo y de conocer la realidad. Todos nos hemos acercado a las normas de convivencia y a las reglas sociales a través de este. Así que considero que cuando un juego es reflexivo, después del juego es un buen momento para preguntarles cosas como: ¿por qué solo juegan a fútbol los niños? o ¿qué han sentido los que han perdido? El juego acompañado de preguntas pertinentes puede dar lugar a buena filosofía.

El Gobierno ha eliminado en la Lomloe la Ética en la ESO. ¿Qué opina usted?

La ética es imprescindible para una democracia y una ciudadanía de calidad. La ética se centra en el pensamiento cuidadoso. Perder ética es perder humanidad en las aulas. Considero que la asignatura no debe impartirse como el estudio de lo que han dicho anteriores pensadores sino que la ética tiene que bajar a la calle. Esto quiere decir aterrizarla y abordar los problemas sociales e individuales que tenemos. Tiene que basarse en dilemas éticos y morales y hablar sobre estos temas. Por ejemplo, la pandemia nos ha planteado un buen dilema: libertad o seguridad. Esto debería abordarse en las aulas. No hay ningún interés en promover una ciudadanía crítica, creativa y cuidadosa y esto da que pensar. ¿Por qué a los estados no les interesan ciudadanos y ciudadanas pensantes?, ¿es porque les vuelve más rebeldes y exigentes a la hora de pedir transparencia al poder?. 

*Filosofía para niños fue el proyecto creado en los años 60 por el educador y filósofo Matthew Lipman (Vineland, 1932). Si un niño piensa, un niño puede filosofar, así que el reto consiste en plantearles problemas y preguntas filosóficos desde la cotidianidad, el diálogo entre iguales y la escucha activa. 
*Jordi Nomen (Barcelona, 1965) es discípulo de Lipman: profesor de Filosofía y Ciencias Sociales en la escuela Sadako de Barcelona. Nomen ha publicado una trilogía de libros en los que propone ejercicios prácticos para que madres y padres (y profesores) activen el diálogo filosófico con los niños. En El niño filósofo y la ética (Arpa, 2021), su nuevo trabajo, promueve los valores sociales para que ejerzan como ciudadanos comprometidos, empáticos y responsables.  
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Revista Sociedad e Infancias: Llamada a contribuciones sobre el tema "Crisis climática y primera infancia".

Volumen 6(1), Revista Complutense "Sociedad e Infancias".

Publicación: Primer semestre 2022.

Fecha límite de recepción de artículos para la sección monográfica: 15 de febrero de 2022.

e-ISSN 2531-0720  |  ISSN-L 2531-0720

Sección monográfica: Crisis climática y primera infancia.

Si el cambio climático representa actualmente uno de los mayores desafíos para el desarrollo equilibrado de la humanidad en general, los riesgos que de él se derivan afectan más gravemente a los grupos de población más vulnerables, entre los que se encuentra el conformado por la población infantil y adolescente. Pero aún dentro de este grupo, la edad, la economía del grupo familiar, la ubicación geográfica, los sistemas de protección existentes o el acceso a los recursos naturales, materiales o tecnológicos, señalan también diferencias entre unos y otros niños y niñas.

Al poner el foco sobre la primera infancia, la investigación ha demostrado el interés de los niños y niñas más pequeños en todo aquello que se refiere a la naturaleza, sean las plantas, los animales, la contaminación del aire o el uso del agua. Asimismo se ha podido observar que algunos conceptos, como sostenibilidad, equilibrio entre especies o compromiso intergeneracional no les resultan extraños o ajenos. Sin embargo, todavía se echan en falta estudios que vinculen los cambios estructurales derivados de una intervención humana abusiva sobre la naturaleza, con las actitudes y las prácticas de los niños pequeños en relación con el entorno natural. 

Estudios que aborden temas como:

- La competencia de los niños y su derecho a participar en los esfuerzos de sostenibilidad.
- El derecho de los niños a actuar como agentes de cambio.
- Derechos colectivos como complemento a la reflexión sobre los derechos humanos/del niño.
- Los derechos de todos los seres vivos y de los no vivos.

Esperamos artículos que contribuyan a comprender la relación entre la primera infancia y la crisis climática, desde la perspectiva de los estudios de infancia.

Fecha límite de recepción de artículos para sección monografía: 15 de febrero de 2022

Convocatoria abierta sin límite de fecha para otras secciones:

• Miscelánea: Artículos originales, de carácter teórico o empírico, sobre cualquier otro tema distinto del monográfico, siempre referido a la infancia y adolescencia y/o al estudio de las vidas de niños, niñas o adolescentes.

Recensiones: Trabajos de evaluación y análisis crítico de una obra que verse sobre alguno de los temas de interés para la revista.

Otras colaboraciones: Aportaciones en el campo de la investigación aplicada, la intervención social, la defensa de los derechos o el desarrollo y evaluación de proyectos; especialmente de aquellas que hayan contado con la participación activa de niños, niñas y adolescentes. Envíos: Se aceptarán contribuciones escritas tanto en español como en portugués.

Directrices para autores y autoras: https://revistas.ucm.es/index.php/SOCI/about/submissions

Forma de envío: registro en la página web de la revista http://revistas.ucm.es/index.php/SOCI

Contacto: Secretaría de la Revista: sociedadeinfancia@ucm.es

Sociedad e Infancias es una revista interdisciplinaria, orientada en la línea de los nuevos estudios de infancia, cuyo objetivo es promover el conocimiento científico sobre las vidas de los niños, niñas y adolescentes, principalmente en los ámbitos español, portugués e iberoamericano.

Con la Colaboración de la Asociación GSIA.


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«Cuidar la toma de decisiones: ¿Mantener en el hogar o separar para proteger?», 3º Art. Renovando desde dentro.

Artículo 3: «Cuidar la toma de decisiones: ¿Mantener en el hogar o separar para proteger?» por Antonio Ferrandis Torres,
Pedagogo. Técnico en Protección Infantil.
La preocupación porque los niños, niñas y adolescentes (NNAi) no sean innecesariamente separados de sus familias es relativamente reciente. En la historia de nuestro país, la salida del hogar y el internamiento masificado en grandes residencias constituyó durante décadas la respuesta habitual ante necesidades tan dispares como la orfandad, la falta de recursos económicos, el horario laboral prolongado, la moralidad cuestionada, la mala reputación, o la negligencia y el maltrato padecidos. Como dijo Maslow: “Si tu única herramienta es un martillo, todo lo tratarás como un clavo”. Cuando el único recurso de protección infantil era el internado, la respuesta habitual para los NNA en situación de dificultad era la separación de sus familias y la consiguiente institucionalización, fueran cuales fueran las causas y circunstancias.

Lenta y trabajosamente, el acogimiento familiar se va imponiendo como medida prioritaria frente al acogimiento residencial en los casos de salida del NNA del hogar familiar, lo cual supone una mejora sustancial en los sistemas de protección modernos. Pero aun siendo preferible al internamiento, no debe perderse de vista que también en el acogimiento familiar, con la salida del hogar se separa al NNA de su familia, allegados y entorno.

Para contrarrestar la vieja tendencia a la separación como medida prioritaria, los sistemas modernos de protección infantil deben dotarse de controles para evitar la separación siempre que resulte posible mantener a los NNA protegidos en su propio entorno. En los manuales internacionales se denomina “gatekeeping” (literalmente, “vigilar la puerta”) a estos controles que forman parte de los procedimientos y recursos implicados en la toma de decisiones de protección sobre los NNA en situación de riesgo o desamparo ii. Se trata de consolidar un procedimiento sistemático para garantizar que la separación de su familia se produzca sólo cuando sea necesaria, y que se acuerde el apoyo o la medida más adecuados, a la luz de lo que sea más beneficioso para el NNA (“su superior interés”). Una política adecuada de gatekeeping es un requisito básico de un sistema de protección infantil respetuoso con los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

A estas alturas podemos afirmar que la protección de los NNA está asociada a la protección de sus propias familias como ámbito natural y fundamental para su crianza y educación, y por tanto la preservación familiar se configura como la opción de partida para atender a los NNA en riesgo. Pero también somos conscientes de la existencia del maltrato infantil intrafamiliar y el devastador efecto de la adversidad continuada en el desarrollo, que justifica la existencia de recursos e instrumentos legales para separar al NNA y colocarlo en un entorno protector, e incluso suspender temporal o definitivamente los derechos parentales (y si las circunstancias lo exigen, con carácter de urgencia).

La separación de un NNA de sus figuras significativas de cuidado interfiere el desarrollo de los vínculos primarios y perjudica la normal evolución de los aspectos del desarrollo que más relación guardan con la estimulación social. Sólo se justifica si es decidida tras una evaluación lo más exhaustiva posible, en el marco de una red de servicios que comprende diferentes medidas posibles, y como parte de un proceso más amplio de intervención. En sí misma, la mera separación no corrige las circunstancias que han amenazado o dañado al NNA. La protección no puede limitarse a separar y, supuestamente, poner a salvo al NNA. La separación permite que se pongan en marcha acciones para atender el conjunto de necesidades implicadas, con el objetivo de que en un plazo razonable el NNA se encuentre en una situación estable que atienda sus necesidades y respete sus derechos. No es fácil definir la duración de ese “plazo razonable”, pero la reforma del sistema de protección a la infancia de 2015 asumió los planteamientos de la corriente de la “planificación para la permanenciaiiique enfatiza la importancia de la estabilidad y pone plazos a la reunificación familiar, que en principio se debe prever en un plazo máximo de dos años, o en caso contrario ofrecer una alternativa familiar estable. Con mucho acierto, se afirma en dicha reforma que uno de los elementos esenciales para ponderar el superior interés de los NNA es “el irreversible efecto del transcurso del tiempo en su desarrollo”.

Pros y contras

Conviene considerar con mucho respeto la decisión de separación. Indudablemente, sacar al NNA de un entorno amenazador o perjudicial ofrece la ventaja de proporcionar una protección inmediata contra la negligencia o el maltrato detectados (aunque existan otros riesgos y maltratos al acecho). La salida del NNA del hogar puede proporcionar a los progenitores un alivio temporal ante situaciones de estrés que están dificultando su tarea. También puede suponer una demostración de la gravedad de la situación si no eran suficientemente conscientes de las necesidades infantiles, que les haga tomar conciencia y movilizar sus recursos. Pero, como solución que puede crear nuevos problemas, implica también una doble victimización para el NNA que es separado, puede generar conflictos de lealtades y desapego emocional, y se corre el riesgo de ubicarlo en un limbo impreciso mientras su familia se reorganiza sin él o ella, lo que hace a los NNA y a sus familias progresivamente más vulnerables.

Una decisión con ruido y sesgos

El hecho de separar a los NNA de su familia y su hogar es una acción tan grave que debe ser resultado de una decisión muy fundamentada. La complejidad de esta decisión se manifiesta en la frecuente falta de consenso entre los profesionales que, enfrentados a una situación concreta, no nos ponemos de acuerdo sobre si separar al NNA será o no la alternativa más adecuada. Este dilema entre preservar la convivencia familiar o separar al NNA para asegurar su protección constituye un ejemplo evidente de decisión con elevado riesgo de error, por su alto grado de ruido y de sesgoiv. Ruido es como llaman los expertos a las divergencias entre distintos profesionales en cuanto a la respuesta que juzgan más adecuada; y sesgo, a la tendencia individual o colectiva a responder de determinada manera por condicionamientos o prejuicios independientes del caso concreto. La experiencia de participar en las deliberaciones, a veces colaborativas y a veces confrontativas, de un equipo o una comisión que debe proponer o acordar la medida más conveniente para la protección de un NNA, suele confirmar este ruido de cosechar respuestas diferentes por parte de actores sincera y rotundamente convencidos de que su opción es la adecuada.

Al igual que los profesionales de la medicina, la economía o la justicia, los profesionales de la protección infantil y las entidades intervinientes debemos incorporar a nuestra práctica procesos de racionalización de la toma de decisiones y evitación de errores típicos en los juicios diagnósticos y pronósticos.

Una decisión condicionada por sesgos profesionales y vaivenes políticos

Cuando se consigue cierta visión de conjunto, se observa que hay lugares y tiempos más proclives a priorizar la seguridad inmediata (separando a los NNA de sus familias en caso de riesgo) mientras que en otros la preferencia se desplaza hacia la preservación familiar (manteniéndolos en su entorno con los necesarios apoyos). Se ha constatado, por ejemplo, que ciertos sucesos con repercusión mediática influyen y modifican las políticas de protección infantil británicas v. Cuando ocurre un escándalo en el sistema de protección, ya sea por una insuficiente acción con resultado de muerte infantil o, en casos opuestos, por una intromisión arbitraria y excesiva en la intimidad de una familia, se realiza una comisión parlamentaria de investigación. Las controversias y conclusiones de tales comisiones provocan movimientos pendulares, tanto entre los profesionales individualmente como en las instituciones locales, en cuanto a ser más proclives a sacar del hogar y poner a salvo a los NNA o estar más inclinados a la preservación de la convivencia familiar. Sin duda, también en nuestro país existen ejemplos de estos vaivenes provocados por éxitos o fracasos anteriores o por otras razones ideológicas. La definición de qué alternativa resulta más acorde “al superior interés del NNA” no siempre resulta fácil cuando debe aplicarse a los casos concretos en que debemos intervenir.

Entre ambas orillas fluctúan las decisiones de protección, como Ulises navegando entre Escila, que devoraba a los marineros, y Caribdis, cuyo remolino hundía los barcos. El sesgo de Ulises es conocido: prefirió sacrificar a las personas que arriesgar la nave. A un lado está la separación de los NNA y su potencial desarraigo de sus familias, y al otro la permanencia en el hogar en unas condiciones potencialmente amenazadoras para su bienestar: ¿será posible objetivar las decisiones y controlar los sesgos?

Una decisión condicionada por los recursos

Otra fuente de complejidad es que no se trata de una decisión que se toma en el vacío, sino en un entorno real y concreto. A la hora de intentar clarificar “en qué casos hay que separar y en qué casos no”, pronto aprendemos que no depende tanto del caso en sí mismo, sino de los recursos reales disponibles. Es decir, que no es impensable que, ante una situación similar de desatención y negligencia padecida por una niña de cuatro años, en determinado lugar podría ser enfocada como un proyecto de preservación familiar porque se dispone de recursos para la supervisión domiciliaria y entrenamiento parental, mientras que un kilómetro más allá podría implicar la separación de la niña de su inexperta madre y el acogimiento temporal porque no hay posibilidad de asegurar su bienestar mínimo. Y esto no ocurre sólo en cuanto a diferencias entre Comunidades Autónomas, sino incluso entre localidades próximas, tal es la diversidad de planteamientos y recursos disponibles entre unos lugares y otros.

Una decisión con múltiples actores

La decisión de separación o preservación familiar también resulta compleja porque implica a muchos actores y corre el riesgo de que tanto el análisis de la situación como la actuación posterior sean muy fragmentadas. En el proceso de valoración y decisión sobre si este NNA sale o no de su casa porque se considera que es lo que más le conviene, intervienen tanto profesionales de la protección como personas particulares (familiares y otros), de varios ámbitos (social, educativo, sanitario, judicial…) así como varios niveles diferentes del sistema, desde la atención primaria, la atención especializada, los servicios centrales y hasta el juzgado. Los diversos ámbitos, culturas, lenguajes y sensibilidades de tantos actores aportan la riqueza de la multidisciplinariedad, pero multiplican la probabilidad de divergencias. Sin olvidar la propia posición del NNA, expresada directamente o a través de personas cualificadas por su relación con él, para obedecer el mandato legal de incorporar “la consideración de los deseos, sentimientos y opiniones del menor, así como su derecho a participar progresivamente en función de su edad, madurez, desarrollo y evolución personal, en el proceso de determinación de su interés superior”.

Una decisión intempestiva

Es decir, “que ocurre fuera del tiempo adecuado o conveniente”. En buen número de casos la decisión se toma en momentos de crisis que pueden emborronar el análisis, o se ve demorada por la dificultad para recabar los antecedentes necesarios, o se ve apremiada porque se aproxima una fecha o el límite de un plazo. Como ocurre cuando los NNA se encuentran en recursos de urgencia, sean familiares o residenciales, la salida efectiva del hogar se ha adelantado a la valoración y decisión previas, y el NNA ya se encuentra fuera de su domicilio, sea por circunstancias sobrevenidas que han impedido un estudio previo, o por acciones judiciales (como un desahucio o una medida cautelar de alejamiento del progenitor…), o sanitarias (como una hospitalización o una intervención), o policiales (como un desalojo o una detención), u otras. La valoración puede concluir la conveniencia de un regreso al hogar y así ocurre en muchos casos, pero lo cierto es que la separación se ha producido y a veces dificulta el regreso.

Una decisión que implica dos dimensiones

Cuando decimos que la intervención protectora debe poder explicar su porqué y su paraqué debemos ser conscientes de que ello implica dos juicios complejos:

– un juicio de evaluación sobre la situación actual, esto es, la valoración del riesgo o desamparo existente a la vista de una ponderación de las circunstancias lo más completa posible;

un juicio de predicción sobre las medidas y acciones necesarias para modificar las circunstancias perjudiciales conocidas y que, en un plazo de tiempo razonable, el NNA se encuentre en una situación estable y segura.

Este juicio predictivo o “pronóstico”, tal como lo denomina la ley de 2015, no consiste en la formulación de una profecía ni una especial videncia atribuida a técnicos experimentados, sino la determinación de los objetivos a conseguir, los indicadores de logro para evaluarlos, y la previsión de un plan de trabajo con compromisos de todas las partes. En los casos de una situación de riesgo en la que es posible la preservación familiar, la ley los llama proyecto de intervención social y educativo familiar, que deberán recoger los objetivos, actuaciones, recursos y previsión de plazos, para promover los factores de protección que permiten mantener al NNA en su medio. En el caso de que se trate de una salida del hogar, tanto si es guarda como si es tutela, lo llama plan individualizado de protección, también con sus objetivos, la previsión y el plazo de las medidas de intervención, incluyendo si es el caso el programa de reintegración familiar. Todas las partes deben estar informadas de esos compromisos y condiciones de regreso, y evitar ambigüedades que hagan parecer que el futuro lo determinará la mayor o menor generosidad, simpatía, o estrés … de los técnicos.

Nos parece muy importante incorporar esta perspectiva de futuro a la toma de decisiones. Lamentablemente, los servicios de protección pueden estar tan cargados de trabajo y apremiados por la urgencia que una vez se produce la separación de un NNA de su entorno, se relaja la tensión y el sistema pasa a preocuparse por otros casos. Hace veinte años vicomprobamos el elevado porcentaje de casos en que los servicios sociales dejaban de intervenir con la familia tras la separación, o la limitaban al mero “seguimiento social” del caso. El destino del NNA que ha sido separado puede quedar a merced de la disponibilidad de recursos, el exceso de casos, la ausencia de una planificación consistente, o el azar.

Diez pistas para examinar la toma de decisiones

Por si resultan inspiradoras para mejorar los procesos de toma de decisiones de preservación / separación, tanto desde el punto de vista individual del profesional que participa, como del conjunto de la institución, proponemos diez sugerencias para la reflexionar sobre nuestra práctica.

  1. ¿Se consideran las opiniones, deseos y necesidades de cada NNA en el proceso de toma de decisión que le concierne?

Aunque parezca innecesario recordar esto treinta años después de la Convención de 1989, hay que asegurarse de que se ha informado, preguntado y pedido opinión al NNA, e incluso recabado su participación. Y esto no es porque seamos especialmente simpáticos y cercanos (que ojalá lo fuéramos), sino por imperativo legal de escuchar y tener en cuenta al NNA, sin discriminación alguna por edad, discapacidad o cualquier otra circunstancia en cualquier procedimiento que conduzca a una decisión que incida en su esfera personal, familiar o social, teniéndose debidamente en cuenta sus opiniones, en función de su edad y madurez. Y esto comprende sus manifestaciones directas (“verbalmente o a través de formas no verbales de comunicación”), como a través de personas designadas por el NNA que por su “relación de especial confianza con él” o por su profesión puedan transmitir objetivamente su parecer.

Diremos también que, por muchos que sean los niveles administrativos o judiciales de decisión, la presencia y la participación en la decisión de quien conoce personalmente al NNA es un requisito necesario –aunque no suficiente – para la calidad del proceso.

  1. ¿Está asegurada la aportación de distintas personas / equipos y de diferentes perspectivas?

También en esta cuestión varias decenas de ojos suelen ver mejor que un solo par. La existencia de valoraciones por separado que se ponen en común reduce los riesgos de sesgo y de ruido. Complementar los datos del ámbito sanitario con los que se aportan desde el ámbito educativo o social multiplica la fiabilidad y validez de las evaluaciones. Y nos referimos a la aportación de los técnicos, y las de las familias acogedoras de urgencia, y las de las familias de origen. Disponer también de valoraciones en momentos diferentes puede enriquecer la evaluación final. Como es natural, también existen defectos en las decisiones colectivas, pero se reducen los riesgos de decisiones condicionadas por ideologías o sentimientos individuales. Que existan supervisores con suficiente especialización, capaces de devolver a los equipos un feedback respecto a la calidad de sus procesos decisorios, sería un valor añadido.

Pero no conviene ser ingenuos: la coordinación entre instituciones y la colaboración entre servicios no suele ser el estado natural de las cosas ni surge únicamente de las buenas intenciones, sino que requieren protocolos y liderazgo.

  1. ¿Se recoge información suficiente para reducir el riesgo de los prejuicios y el peso de las primeras impresiones?

Como en toda actividad humana, tendemos a buscar datos que apoyen nuestra primera impresión y creer que esta búsqueda de coherencia interna garantiza la decisión. Las percepciones subjetivas pueden condicionar toda la valoración posterior y que tendamos a aceptar únicamente los argumentos que las confirman. Por ello es necesaria una evaluación comprensiva que recopile información diversa. Es necesario identificar correctamente la situación de desprotección, los factores que la han motivado, las necesidades del NNA y la familia, los factores de protección existentes, y el pronóstico respecto a los cambios necesarios.

Junto a la seguridad que nos da asirnos a las primeras impresiones, está el peligro de fijarse en un único aspecto (la “visión de túnel”) y despreciar otras dimensiones relevantes. Otro error frecuente es el de sobredimensionar datos cercanos o inmediatos (por ejemplo, una anécdota reciente muy llamativa) y minusvalorar los datos de una trayectoria temporal prolongada. Otro sesgo que hay que vigilar es el llamado sesgo de deseabilidad, que nos inclina a creer lo que queremos que ocurra, confundiendo deseos con realidades.

  1. ¿Se emplean instrumentos para que la información sea lo más objetiva posible?

En ocasiones, las reuniones técnicas que van a tomar decisiones trascendentales sobre la vida de los NNA corren el riesgo de parecerse a tertulias de opinión, en las que se comparten y discuten valoraciones meramente subjetivas de los presentes. Los equipos profesionales deben trabajar sobre datos y evidencias, para fundamentar las decisiones posteriores y limitar en lo posible la influencia de los propios sistemas de valores, prejuicios e ideología que pueden sesgar la intervención. El empleo de la historia social única, de informes detallados, de protocolos de valoración, de guías y directrices de aplicación, de instrumentos de medida, de escalas de valoración, de hojas de registro, de instrumentos estandarizados y digitalizados, etc., que permiten objetivar y ponderar las circunstancias y disposiciones familiares puede ayudar a conseguir mayor objetividad en el proceso de decisión. Ello exige también un grado suficiente de formación y entrenamiento para los equipos profesionales.

Reconozcamos que son precisamente los equipos experimentados los que a veces muestran resistencia a emplear estrategias de análisis y toma de decisiones que compensen estos riesgos potenciales, como si ello cuestionara su “juicio clínico” o su intuición. La experiencia, obviamente, es valiosísima siempre que sea reflexionada y analizada; pero no es incompatible con los necesarios procedimientos de análisis estructurados y racionales.

  1. ¿Tomamos una decisión sólo porque es más fácil que otras?

Parece inevitable que, ante situaciones complejas, el ser humano tiende a decidir lo más fácil. Si no se dispone del recurso idóneo, o parece complicado conseguirlo, existe el riesgo a conformarse con la alternativa más al alcance, o que implica menores esfuerzos, o que no exige enfrentamiento o exigencia, o que no va a molestar a nadie. Tradicionalmente, se decía que “siempre habrá tantos menores internos como plazas residenciales existan” porque la mera existencia de un recurso más fácil de aplicar que una intervención preventiva en el medio o una familia acogedora, lo convierte en opción prioritaria, aunque no fuera la más idónea. Ello permite una respuesta inmediata al problema y la impresión, en la mayor parte de los casos falsa, de que el problema ha quedado resuelto. Pero ni se previene la situación de riesgo para el NNA ni se interviene sobre sus causas. Sería una lástima que la actuación protectora no se decidiera sobre la base de las necesidades del caso, sino que la decisión final esté condicionada por la facilidad o dificultad de conseguir el recurso que responde a las necesidades del NNA, o por evitar enfrentamientos.

  1. ¿Existen mecanismos para evitar las decisiones apresuradas?

Aunque no dejamos de recordar la importancia de valorar el paso del tiempo en el desarrollo de los NNA y la fijación de plazos, hay que advertir que la rapidez y las decisiones intuitivas no son necesariamente un mérito. Hay procedimientos de trabajo o culturas de equipo que parecen reforzar las decisiones rápidas tomadas por personas resolutivas, que evitan problemas a la institución, aunque coloquen a los NNA en un rumbo inadecuado. El riesgo permanente de que lo urgente se anteponga a lo importante. Se dice que un tercio de los errores de una organización son atribuibles a los excesos de carga de trabajo en determinadas personas, lo cual merecería también una especial precaución.

Con frecuencia, la decisión sobre separación o preservación se toma apresuradamente en momentos de crisis, lo cual reduce su fundamentación técnica y puede resultar más inconveniente para el NNA implicado. Como en la práctica siempre habrá que tomar decisiones en momentos de urgencia, estas medidas urgentes deben estar sometidas a revisión temprana antes de que la fuerza de la costumbre las equipare a otras decisiones de mejor fundamentación.

En el extremo contrario estaría la excesiva demora en la toma de decisiones por inoperancia, dificultad, o falta de rigor. Desarrollar una cultura de respeto a los plazos y de diligencia es fundamental.

  1. ¿Se especifican adecuadamente los problemas, decisiones y compromisos?

Trabajar con formulaciones genéricas o vagas (en la descripción de las circunstancias, en la calificación del problema, en los objetivos de la intervención, en los compromisos a asumir…) resulta confuso e inoperante. Debemos ser capaces de precisar de qué dimensiones estamos hablando y de qué indicadores. Si estamos valorando la posibilidad de una preservación familiar, será necesario descender a variables más concretas, como el grado de conciencia de problema, la motivación de cambio, la respuesta de colaboración e implicación, la cronicidad de los problemas, la posibilidad de modificar las causas, el grado de incapacidad y de conflictividad, la vinculación parento-filial, la gravedad de los perjuicios o el volumen de necesidades infantiles por su edad o necesidades, u otras dimensiones que concreten la realidad y previsión de cambios posibles.

Si se está decidiendo el acogimiento fuera del hogar, se requiere un plan de continuidad para el NNA y la familia. ¿En qué tipo de acogimiento? ¿Cuánto estará fuera? ¿Con qué tipo y frecuencia de relación con la familia? ¿Cuál es el plan de vuelta? ¿Qué objetivos se van a perseguir y qué grado de consecución permitirá el regreso? ¿Evaluado a través de qué indicadores? En caso contrario ¿qué plazo se considera para una solución alternativa estable?

Las buenas intenciones son valiosas, pero la eficacia requiere descender a los detalles. Un viejo refrán decía “Si definimos, no discutiremos”.

  1. ¿Las decisiones tomadas contemplan el futuro de los NNA implicados?

Las decisiones de protección infantil deben tener visión de futuro y pronunciarse sobre lo que debe ocurrir. La intervención protectora no se interrumpe o ralentiza si el NNA es separado, ni se limita a “esperar y observar” si se le mantiene en su entorno. La decisión implica acciones que hay que hacer y define quién va a hacerlas y en qué plazo. Sólo si existe el plan de caso que se revisa periódicamente es posible asegurar la finalidad de la intervención protectora. En principio, el objetivo debería ser la preservación de la vida familiar, pero si su seguridad y su atención adecuadas han justificado su salida del hogar familiar, la primera alternativa que debe considerarse es la de la reunificación familiar en un plazo establecido con los recursos necesarios (apoyo intensivo a la familia, ayuda económica, supervisión educativa, programa terapéutico, etc.) Y si la reunificación familiar no es posible, deberá considerarse la medida permanente o, en el caso de adolescentes, la preparación para la autonomía personal. Pero todo ello implica que las decisiones tomadas incluyen plazos y compromisos: plazos de intervención, plazos de seguimiento, plazos de modificación de la decisión…

Pensar en el futuro también implica considerar los riesgos potenciales la decisión tomada, de modo que puedan adoptarse medidas preventivas frente a ellos; y si es posible, planes alternativos por si la medida resulta inadecuada.

  1. ¿Nos aseguramos de que las decisiones sean comprendidas por todos los implicados, tanto familias como profesionales?

Gran parte de la evolución posterior está condicionada por el modo en que se desarrolla el comienzo de la intervención (y más si se trata de una separación, que debería planificarse lo más cuidadosamente posible). Asegurarse de que la familia de origen y el menor comprenden la medida tomada y la finalidad que se persigue resulta fundamental. Aunque en los casos de gran conflictividad será complejo, resulta de vital importancia que en las primeras semanas se consiga cierto grado de comprensión, colaboración y consenso con las familias, que permita una relación más fluida, que ayude a los progenitores a tomar conciencia de sus dificultades, pero también sus fortalezas, que les transmita su derecho a ser escuchados, a implicarse y a mejorar en competencia.

También es importante asegurarse desde el comienzo la mayor claridad y conjunción posible en cuanto a la orientación de la intervención sociofamiliar entre los diversos servicios implicados, incluida la familia acogedora o los encargados del cuidado directo. A veces ocurre, más bien al contrario: se tardan meses o años en coordinar a las instituciones implicadas y que asuman una orientación conjunta del trabajo sociofamiliar en los casos de un NNA separado de su hogar, lo que impide una intervención intensiva durante las primeras etapas de separación, tan decisivas para facilitar la reincorporación posterior.

  1. ¿Existen mecanismos para asegurar la revisión y la decisión incluso en ausencia de crisis?

En un sistema enfrentado a la urgencia permanente y que maneja problemas con fuerte componente emocional, pueden pasar inadvertidos los casos que no llaman la atención o se cronifican sin llamativos incidentes. Las estructuras se acomodan fácilmente a aceptar cierto grado de adversidad crónica, y sólo si se produce una crisis aguda se re-evalúa la situación de los NNA. Pero inevitablemente, no tomar decisiones también es una forma de decidir sobre la vida de los NNA en riesgo que permanecen en su casa, o que han sido separados y no regresan. Los mecanismos de control y la exigencia de informar periódicamente a instancias ajenas deberían reducir este riesgo de que sólo se tomen decisiones cuando la situación explota.

Para concluir

En el documento inicial con el que abrimos “Renovando desde dentro” mencionábamos la paradoja de que los profesionales de la protección ejercen con sus acciones, decisiones y omisiones una poderosa influencia en las vidas de los NNA, pero a la vez experimentan la impotencia de no poder ofrecer a los NNA la respuesta a sus necesidades. Ojalá estas sugerencias os inspiren para reflexionar sobre ello.

Antonio Ferrandis.

20 de noviembre de 2021, Día Internacional de los Derechos de los NNA

32º Aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño

i A lo largo del texto usaré el acrónimo NNA para referirme, tanto en singular como en plural, a “niño, niña y/o adolescente” que incluye a todas las personas menores de edad, aunque la Academia considere innecesario el desdoblamiento por género.

ii https://bettercarenetwork.org/library/principles-of-good-care-practices/gatekeeping

iii https://bettercarenetwork.org/library/principles-of-good-care-practices/permanency-planning

iv KAHNEMAN, D. et al. (2021). Ruido: Un fallo en el juicio humano. Debate, Madrid.

v STEVENSON, O. (1992): La atención al niño maltratado. Paidós, Barcelona.

vi FERRANDIS, A. (1998): El Internamiento residencial como recurso de protección a la infancia. Tesis doctoral no publicada. Universidad Pontificia Comillas, Madrid.

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