martes, febrero 14, 2017

“No sirve decir a los niños que no hablen con extraños,

 hay que enseñarles a pedir ayuda y 
a reconocer cuándo les hacen daño”

Entrevista a Pepa Horno, 
psicóloga y consultora en infancia, afectividad y protección. 
Durante más de quince años ha coordinado campañas contra la violencia a niños.




Pepa Horno interviene la próxima semana en las III Jornadas de protección a la infancia y adolescencia sobre el abuso sexual a menores*, una realidad que produce gran daño en los que lo sufren y sobre la que los adultos tienen gran responsabilidad.



Leticia de las Heras: ¿Cómo se puede prevenir que un menor sea víctima de abusos sexuales?

Pepa Horno
Pepa Horno: -Lo primero es hablar de ello. El abuso sexual infantil es un tema que a muchas familias les resulta difícil conversar. No solo por el tema de la sexualidad, sino también porque intentan mantener a sus hijos al margen de ese tipo de realidades y alejarles de la parte más dura y dolorosa de la vida, pero justamente cuando no hablas de eso es cuando les pones en riesgo de poder vivirlo. Hay que abordar el tema de diferente manera en función de la edad del niño, pero hay que hacerlo. No se trata tampoco de tener una charla, sino aprovechar las cosas que van surgiendo en el día a día para poder trabajarlo.

Se tiende más a alejarles de personas extrañas, ¿no?
-El 80% de los casos suceden en el entorno más cercano de los menores. No necesariamente en las familias, pero sí personas que los niños conocen y probablemente quieran porque así es más fácil ganarse su confianza y poderlos manipular para conseguir que callen sobre lo que está ocurriendo. No sirve decirles que no hablen con extraños ni se vayan con desconocidos, la clave es enseñarles a decir que no, a pedir ayuda y a saber reconocer cuándo alguien les hace daño, sea quien sea.

Y con niño muy pequeños, ¿cómo se puede tratar esto?
-Llevándolo al día a día. El asco, por ejemplo, es una emoción común que describen las víctimas de abuso sexual y que los niños pueden reconocer. Cuando un niño me dice “esta comida me da asco” puedo decirle que no sea maleducado y se lo coma o puedo decirle: “Cariño, cuando alguien, sea quien sea, te haga sentir esto, cuéntamelo”. Así le estás dando un recurso físico concreto para detectar una sensación de peligro y esto se puede hacer con niños de dos y tres años sin necesidad de hablarles de sexo. Para eso hay que afrontar la educación no censurando las sensaciones físicas y las emociones de los niños, sino ayudándoles a reconocerlas y a ponerles nombre.

Y con adolescentes que ya saben lo que es el sexo ¿cómo se debe tratar esto?
-Con claridad y honestidad. Las relaciones sexuales forman parte de la adolescencia, pero las claves siguen siendo las mismas porque el abuso sexual no es una cuestión de sexo, es una cuestión de abuso. Hay que enseñarles a ser capaces de reconocer sus propias emociones y el poder que tienen las personas sobre ellos y ellos sobre las personas. Una forma muy común de abuso sexual es que una persona termine teniendo relaciones sexuales con otra antes de lo que querría porque el otro le amenaza con dejarle. Al final, tanto en la niñez como en la adolescencia la prevención se basa en el respeto a los demás, en el reconocimiento de las situaciones de peligro y en la capacidad de pedir ayuda.

En el caso de que este abuso se esté produciendo, ¿cómo podemos identificarlo?
-El abuso sexual siempre daña el desarrollo del niño. Puede que no sepas lo que está pasando, pero ves el daño. Ves que un niño de repente deja de querer ir al colegio, empieza a aislarse y a no querer jugar con sus amigos, a no hablar, a tener problemas para comer, pesadillas continuadas, problemas de atención, de memoria... Cuando uno ve esto tiene que plantearse el abuso sexual como una de las posibles causas, aunque no es la única.

Entiendo que el primer paso si se detectan estos cambios es hablar con el niño, ¿no?
-Evidentemente. No hace falta entrar en detalle, pero sí ser claros. Basta con preguntarles si alguien les está haciendo daño o hay algo que les preocupa.

¿Qué papel tiene los psicólogos ante estas situaciones?
“Hay que hablar del abuso sexual de diferente manera en función de la edad del niño, pero hay que hacerlo”
“No hay que censurar las sensaciones físicas y las emociones de los niños, sino ayudarles a reconocerlas”
El abuso sexual es una experiencia que no se olvida, pero se puede hacer que no te condicione la vida. La capacidad de resiliencia de las personas es total, pero para superarlo necesitan poder detectarlo a tiempo porque cuanto más tiempo pasa más daño hay y más larga es la recuperación. Necesitan que su entorno les crea y les apoye, así como recibir un tratamiento terapéutico especializado y un buen proceso judicial.

¿Existe una falsa creencia de que los abusos sexuales a menores se dan solo de hombres a niñas?
-Sí, y esto también es importante que quede claro porque el abuso sexual es tanto sobre niños como sobre niñas y hay abusadores hombres y mujeres.

¿Los niños viven estos abusos de manera diferente a como lo vive una persona adulta?
-No es una cuestión de edad, lo que produce la vivencia diferente es cómo se produce el abuso y lo que ocurre en él. Por ejemplo, depende de la relación que se tenga con la personas que abusa o el tiempo que se lleve viviendo. Si lo cuentas en cuanto ocurre es más fácil que si pasa tiempo porque hay todo un proceso por el cual el abusador o abusadora hace sentir culpables a los niños por no contarlo, pero esto se cumple también en un adulto. Hay personas que pasan muchísimos años antes de poder hablar de esto, por eso el abuso sexual no debería prescribir nunca como delito. Hace falta mucho tiempo para poder recuperar una seguridad mínima para poder contarlo. Por eso la parte de prevención es tan importante, no solo evita que se produzca el abuso sino que también favorece la detección temprana y la revelación.

¿Por qué se produce esta sensación de inseguridad y culpabilidad en la víctima?
-La persona que abusa, como en todas las formas de maltrato, hace todo un proceso de anulación de la víctima. Sabe que está cometiendo un delito y hace una serie de cosas para conseguir que el niño no lo cuente. Lo manipula, lo engaña, lo amenaza y lo aísla de su entorno. Por eso es tan importante saber pedir ayuda, porque suelen elegir a niños que están solos, no tienen amigos, son tímidos o están en situaciones de riesgo. Una vez que los tienen aislados empiezan las amenazas y los chantajes y partir de ahí se sienten culpables de no contarlo y no saber pedir ayuda porque sienten que si hubiesen hecho algo antes habrían podido pararlo. Todo eso produce una sensación de impotencia y de culpabilidad.

¿Qué consecuencias puede tener en un adulto haber sufrido un abuso sexual durante su niñez?
-Si tu entorno no te ha creído hay una doble agresión. Esto te condena al aislamiento, la incomprensión y la soledad y los daños pueden ser en todas las áreas del desarrollo. Sin ayuda las consecuencias del abuso duran toda la vida. Por ejemplo, son muy frecuentes los problemas de alimentación, de hecho es muy común en los casos de anorexia y bulimia encontrar historias de abuso en la infancia. También presentan trastornos del sueño continuados y 20 o 30 años después siguen teniendo pesadillas. Establecer intimidad con otra persona se convierte un problema y no solo en lo referente a las relaciones sexuales, sino en poder confiar en otra persona. Tienen problemas de atención, fallos de memoria repetido, flash-back , episodios depresivos...

¿Qué peculiaridades tiene este abuso cuando se produce en menores con discapacidad?
-Un abusador lo que necesita es acercarse a niños lo más vulnerables, indefensos y aislados posible porque así le resultará más fácil y tendrá más posibilidades de salir impune. Las personas con discapacidad están en un riesgo muy superior, pero depende de nuevo de la formación que reciban ellos y su entorno para detectar estos abusos. En principio la discapacidad física no es un problema, pero la discapacidad mental o sensorial puede ponerles dificultades para contar lo que les está pasando, pueden no saber identificar ni siquiera lo que les está pasando. El daño en el desarrollo va a estar, con lo cual lo va a manifestar, pero la posibilidad de revelar el abuso si no se ha trabajado previamente con ellos es mucho más pequeña. Además, en el proceso judicial esto se complica muchísimo porque su capacidad de narrar los hechos que han ocurrido está mucho más limitada.

¿Qué responsabilidad tiene la sociedad en su conjunto de que se produzcan estos abusos?
-Los niños no pueden protegerse solos, somos los adultos los que somos responsables de protegerles. Cuando se da un abuso la responsabilidad no es solo de la persona que abusa, sino también de todos los que han estado a su alrededor y no le han ayudado ni lo han visto. Necesitamos padres que hablen sobre esto, docentes y profesionales que se formen sobre ello, que conozcan los indicadores y sepan actuar. Necesitamos una sociedad que no vuelva la vista cuando sabe que algo no va bien.

*Jornadas. La fundación Xilema organiza durante el 17 y 18 de febrero las III Jornadas de protección a la infancia y adolescencia, en la que intervendrán expertos estatales e internacionales. En esta ocasión se centrarán en la prevención, la detección y la intervención en casos de abusos sexuales a menores. Se profundizará sobre las buenas prácticas que se están llevando a cabo en la precencón y que facilitan la emergencia de la resiliencia secundaria. Se abordará también el aspecto de las sospechas, el impacto y consecuencias de dichas experiencias y la intervención educativa y terapéutoca para recuperarse tras esta experiencia.

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