«Las imágenes del acogimiento familiar que merman su desarrollo y la captación de nuevas familias». Renovando desde dentro 8.


En otoño de 2021 la ASEAF (Asociación Estatal de Acogimiento Familiar de España) propuso la siguiente reflexión en torno al acogimiento familiar: “¿Cómo captar familias sin conocer el efecto de lo que hacemos … y de la imagen que damos?”. La reflexión parte de la clara conciencia del desconocimiento general de qué es el acogimiento familiar y cuáles son sus logros pasados, presentes e incluso futuros. De esta reflexión surgió una ponencia que presenté en las V Jornadas “Interés Superior del Menor” 2021 de dicha asociación. 

En este artículo no se pretende hacer un análisis sociológico de la imagen del acogimiento familiar en España. Se busca recopilar las diversas imágenes que sobre el acogimiento familiar son conocidas en cuanto a medida protectora que se desea potenciar. Podemos encontrarnos toda una serie de imágenes que posiblemente impiden su desarrollo y hacen que la captación de nuevas familias no solo se estanque, sino que no sean familias adecuadas, o que causan que disminuya o crezca el número de ellas muy por debajo de las necesidades en prácticamente todo el territorio español. 

Hay muchas imágenes diferentes del acogimiento familiar en lo que toca a sus diversos protagonistas: familias de origen o biológicas, niños, niñas y adolescentes, personas acogedoras, profesionales de ayuda, técnicos de protección, responsables administrativos y políticos… Todos sus protagonistas hacen aportaciones a la idea o imagen que difundimos sobre el acogimiento familiar. 

Para empezar, hay que reconocer una imagen que con frecuencia es una no-imagen. El acogimiento familiar de niños, niñas y adolescentes es algo que no existe o es completamente desconocido para una inmensa mayoría de integrantes de nuestra comunidad. No aparece en los medios de comunicación como otras medidas protectoras. Se confunde continuamente con la adopción. 

El “boca a boca”, que dicen que es un buen modo de difusión, no ayuda a la captación. Hay muchas bocas de personas acogedoras llenas de quejas, decepción, sufrimiento y dolor. Dicen los publicistas que un cliente contento te trae a dos o tres más, pero que uno descontento ahuyenta a más de diez. El descontento y las quejas de tantas personas acogedoras desmoviliza a quien se lo esté pensando. 

Haciendo una recopilación de los relatos sobre el acogimiento familiar de niños, niñas y adolescentes se ve cómo continuamente se asocia con demasiada frecuencia esta medida protectora a conceptos como el altruismo, la heroicidad, el bajo coste, la gratuidad, la buena voluntad, algo desconocido, el incógnito, la temeridad o el exceso de riesgo, la apropiación, la extirpación de legado, una serie de requisitos innecesarios para acoger y el sacrificio.

 Altruismo 
Por supuesto que el altruismo está bien y es necesario, pero en el contexto del acogimiento familiar como medida protectora, ideas como “El amor al prójimo como motor del acogimiento familiar”, o que “Los beneficios solo pueden ser morales” o que “El amor no puede tener precio” pueden ser un lastre. Parece que no caben otras motivaciones que no tengan que ver con dicho altruismo, o que no pueden ser legítimas. Un informe alemán sobre las políticas financieras de los servicios de infancia alemanes en el acogimiento familiar constataba que el exceso de apelación al altruismo de los responsables de dichas instituciones era inversamente proporcional a la cantidad de recursos económicos invertidos. Dicho de otro modo, a mayor apelación al altruismo, menor inversión en recursos para el acogimiento familiar. Esto tiene consecuencias muy serias y muy prácticas en el desarrollo del acogimiento familiar. Se evita el debate de los recursos necesarios como si este debate fuera algo innecesario o atrajera solo a personas con fines lucrativos. 

Una sociedad debe promover y asegurar que sus ciudadanos puedan acoger para cumplir el mandato legal y moral de dotar a los niños, niñas y adolescentes en desamparo de un ambiente familiar, que necesitan y al que tienen derecho para la reparación de los daños causados por las adversidades y el abandono del que son víctimas inocentes. Esto no es una opción solidaria de la comunidad. Es una obligación tan seria como pagar impuestos, auxiliar a las víctimas de un accidente, respetar las normas de convivencia o circular por la derecha con nuestros vehículos. Las instituciones tienen que cumplir las leyes vigentes y la ciudadanía tiene que asumir su responsabilidad y su protagonismo. Una comunidad tiene que tener personas y familias acogedoras y las instituciones hacer lo preciso para que puedan acoger. Es más una cuestión de deber ante la justicia, que todos deseamos, que de amor. 

Heroicidad 
“El acogimiento familiar es una heroicidad”. Es propio solo de buenas personas en el sentido más abnegado. Entonces el acogimiento requiere características heroicas: sacrificio total, el bien común o el amor al prójimo como prioridad, dar la vida, generosidad absoluta… y más rasgos que queramos otorgar a las heroínas y héroes. Y los héroes o heroínas son muy escasos. La mayoría somos personas normales con luces y sombras. Por tanto, si reducimos el acogimiento familiar a la población heroica reducimos la población diana de captación de un modo automático. Pocos pueden tener dicho valor. Que se retiren quienes no se consideren héroes. Reducción simplista. 

Además, los héroes actúan solos, no necesitan ayudan. Deben actuar en solitario sin necesidad de tribu, comunidad o cuerpo técnico. Las personas acogedoras deben de ser como el Llanero Solitario. La soledad silenciosa y abnegada como virtud y modelo de referencia puede ser insuficiente ante una labor que requiere el máximo posible apoyos de todo tipo. Pero los héroes del acogimiento familiar posibilitan recortes y ahorros significativos a la comunidad porque no tienen nómina ni intención de lucro. Viven de lo suyo sin que nadie se entere. Deben ser además anónimos. 

 Barato, protección de menores “low-cost” 
“No se debe acoger por dinero porque es inmoral”. Esto es algo que piensa muchísima gente. Es la mentalidad donativo contra el concepto de reparto justo de recursos y, para más inri, en un contexto socioeconómico neoliberal de capitalismo libre, donde cabe hacer negocio y lucrarse con las residencias de ancianos, la salud, la seguridad, la discapacidad, la dependencia y el bienestar en general… Una economía de libre mercado, donde la avaricia, el acaparamiento, la privatización de lo público y el escaqueo insolidario de impuestos son valorados. Las familias acogedoras saben que rara vez las aportaciones por acogimiento familiar cubren realmente los gastos de educación y crianza de un niño, niña, adolescente en una familia española de clase media. No se cubren los gastos de crianza. Tampoco se tienen en cuenta los gastos extras que con frecuencia implican las graves adversidades, secuelas y mochilas emocionales de los niños, niñas y adolescentes en acogida. La diferencia tan abismal en inversiones entre las medidas de protección actuales puede ayudar también a entender la baja captación de familias acogedoras. 

Las familias de acogida con frecuencia ponen su dinero para cubrir los gastos de sus hijos e hijas de acogida, que no cubren las instituciones de protección. Se enfrentan al dilema de empobrecer a su familia por hacer algo que es responsabilidad de todos y que además exige mucho esfuerzo, dedicación y quebraderos de cabeza. El coste del tiempo de dedicación a la acogida familiar es impagable, pero se puede compensar de muchas maneras que facilitarían la captación. Hay una ratio de diferencia de coste “plaza” entre acogida residencial y acogida familiar de muchos múltiplos. Como decía el Sr. Geisler (Senado de Berlín, responsable de planificación económica de los servicios de infancia de la ciudad de Berlín) en una visita realizada en el año 2000 “El acogimiento familiar es maravilloso, tres veces más barato y con diez veces mejor resultado que el residencial”. En España, teniendo en cuenta el coste de la plaza residencial en protección, seguramente se podría incrementar recursos para acogimiento familiar, reducir el número de niños y niñas en acogimiento residencial, como marcan nuestras leyes, y además ahorrar o gastar mejor lo dedicado a protección. Ya hay modelos y programas en España que lo demuestran. 

Temeridad, alto riesgo 
De la alabanza al reproche y sin términos medios es la valoración que reciben las familias de acogida de sus entornos inmediatos. Del “¡Qué buena obra tan maravillosa estáis haciendo!” al “¿Ya sabéis donde os habéis metido? ¿No será pernicioso para vuestros hijos, no les estaréis privando de atenciones para ayudar a alguien que es ajeno a la familia?”. Con frecuencia los entornos cercanos de las familias de acogida alaban o critican de esta manera a quienes deciden acoger. Meter un hijo ajeno, que da problemas, es un riesgo para los propios. Algo digno de insensatos e irresponsables. 

Además, si el acogimiento familiar falla o se trunca, teniendo en cuenta la falta de recursos, acompañamientos, y dificultades que sufren los niños, niñas y adolescentes, víctimas de adversidad temprana, no hay duda de que la culpa es del mal hacer de los acogedores. Hay un perverso consenso social. Todos, técnicos de protección, enseñantes, sanitarios, profesionales de apoyo, familiares, e incluso los propios niños, niñas, adolescentes y personas acogedoras consideran que estas últimas son las culpables de amar mal. Y los técnicos de protección, profesionales, escuelas, centros de salud y comunidad quedan siempre a salvo y libres de responsabilidad. 

“¿No teméis que él/ella (una monstruosidad de mala criatura) o su familia biológica os haga daño?” es otra de las cuestiones que tienen que sortear personas acogedoras de sus entornos inmediatos y de algún que otro profesional mal informado. Las personas desfavorecidas son además de culpables y responsables de su situación, gente peligrosa y muy inadecuada. A veces, con su modo de actuar con la familia biológica, los propios técnicos e instituciones de protección fomentan esta sensación en las familias de acogida. 

“¿Verdaderamente sirve para algo?” es la duda que en este contexto de agresión, prejuicios, soledad y escasez tienen que resolver las familias de acogida. Sin embargo, la experiencia nos dice que incluso los acogimientos familiares truncados en circunstancias difíciles pueden generar beneficios y vínculos que nunca o pocas veces consiguen los acogimientos residenciales. Ser persona acogedora implica con frecuencia arriesgarse a perder su bienestar familiar y ser tachada de incompetente cuando hay dificultades. 

Apropiación 
Todavía flota en nuestra cultura parental la idea de que hijos e hijas son una propiedad biológica que debe ser controlada y administrada para el bien y el futuro de nuestra herencia y estirpe. Desde este pensamiento criar hijos e hijas que no son tu propiedad biológica es un desperdicio de energía y esfuerzo. “Si has de criar a alguien, asegúrate de que es y será para tu bien”. El acogimiento con frecuencia tiene que combatir estas ideas… “Le cuidas, le educas, le coges cariño  y luego te lo quitan para devolvérselo a alguien que no le quiere y destruirá lo que habéis hecho. Te quitan algo que te has trabajado tú, estás haciendo una inversión a fondo perdido y estéril”. 

“Si acoges debes asegurarte de que podrás disfrutar para ti de lo que hagas y de que nadie, nadie se entrometa. Esto sería lo aceptable”. Pero la realidad demuestra que los vínculos creados en las relaciones de acogida familiar son un “para siempre” y trascienden los procesos administrativos de protección de infancia. Lo más probable es que los niños, niñas y adolescentes que pudieron ser acogidos por familias continúen teniendo esas relaciones en el futuro y sigan precisando presencia parental, disponibilidad y acompañamiento en su vida adulta. Algo que se suele desconocer es que los buenos tratos dados por familias de acogida producen efectos reparadores en sus acogidos, que disfrutarán terceras personas y que es posible que las personas acogedoras no lleguen nunca a ver. 

 La familia biológica sobra 
Mientras en la adopción nadie cuenta con la familia biológica, aunque exista a modo de fantasma conviviente, en el acogimiento familiar está presente y suele haber algún tipo de trato. Muy diverso y dependiendo de situaciones muy diferentes. La cantidad de prejuicios en torno a los miembros de la familia biológica es muy significativa y responde más a la ignorancia que a la necesidad de que no estén presentes. Hay un pensamiento compartido por muchos de los actores del acogimiento en el que se asume la idea de que la familia biológica solo puede estropear la tarea de los acogedores. 

Otro prejuicio muy extendido es el referido a las visitas. “Las visitas con la familia biológica solo son un peligro para el niño, niña o adolescente, que va a implicar riesgos y consecuencias que dañan a sus acogedores”. Con frecuencia las visitas son consideradas una insensatez y no se entiende que beneficio tienen. Sin embargo, son fundamentales para los procesos de reparación del daño infligido y son facilitadores de la construcción de la identidad. También son fundamentales para el abordaje de la experiencia de abandono, como entender sus causas, atenuantes y límites. Los conflictos de lealtades divididas también se abordan mejor con su presencia y participación. Estas ventajas no las tienen los niños, niñas y adolescentes adoptados y podría afirmarse que la presencia y el contacto con la familia biológica es un factor protector para su salud mental. Encontramos más casos de patologías graves en niños, niñas y adolescentes que han sido adoptados (23%) que en los que han sido acogidos en familia (3%). 

Colaboración entre familias como algo imposible 
Otra idea que daña el desarrollo y la captación de familias de acogida es la creencia de que los familiares biológicos no pueden colaborar y no quieren entregar a sus niños y niñas. El que les hayan maltratado, no se ocupen adecuadamente de ellos o les hayan dañado no les incapacita para entregar voluntariamente y colaborar en el proceso de reparación del daño causado. La experiencia muestra que cuando se ayuda y se apoya a la familia biológica con acompañamientos y ayudas adecuadas, sin juicios de valor ni prejuicios, se puede llegar a tener más del 90% de colaboraciones y un buen clima entre la familia biológica y la familia de acogida. Esto es un auténtico factor de protección y reparación para los niños, niñas y adolescentes. Si se conociera esta realidad y los servicios de protección ofrecieran estas ayudas de forma sistemática a las familias biológicas, la atención redundaría en mejores resultados y un menor temor a la familia biológica por parte de posibles candidatos o personas que se ofrecen para acoger. 

“O conmigo o contra mí. La familia biológica (simplemente familia) y la familia de acogida no pueden cooperar en la crianza de los niños, niñas y adolescentes”. O la una o la otra. “Los malos fuera, porque no tienen nada que aportarles, solo problemas”. Es frecuente oír que las familias biológicas de los niños, niñas y adolescentes en acogida familiar no pueden colaborar, no tienen nada bueno y no aportan un legado digno de ser tenido en cuenta y, por tanto, no se les permite, no se les apoya ni se les ayuda a tener una presencia con disponibilidad a la cooperación y complementariedad, ni pueden hacer la reparación que sus hijos e hijas necesitan. 

El acogimiento familiar como una ilegítima y fraudulenta puerta hacia la adopción 
Durante muchos años ha habido (y aún hoy quedan) técnicos que consideran el acogimiento familiar como un método para engañar a las autoridades y técnicos. Técnicos que piensan que las personas acogedoras pueden intentar “adoptar a la carta” y por tanto carecen de escrúpulos a la hora de conseguir lo que quieren. “Me quedo con la criatura solo si me gusta y me da garantías de cubrir todas mis expectativas”. La persona acogedora es vista como adoptante emboscada y oculta, dispuesta a apropiarse solo de los niños o niñas que le complacen. Como si el acogimiento se tratara de una tienda de electrodomésticos con derecho a probar el “producto”. 

Todo esto cuando es ya una práctica aceptada por muchos y tendencia clara de futuro el considerar a los adoptantes, que ya han desarrollado un vínculo de apego, como los adoptantes preferentes si están disponibles para hacer el cambio en función de las necesidades del niño, niña o adolescente. La práctica en algunas comunidades autónomas y a instancias de algunos técnicos de protección de entregar en adopción (a familias adoptivas desconocidas por los niños, en contextos sociales, emocionales y culturales nuevos) a niños y niñas que llevan más de doce meses de convivencia con sus familias de acogida es una mala praxis con consecuencias graves. Si deben de ser adoptados y sus acogedores fueran versátiles y aceptaran adoptar, los acogedores deben ser los adoptantes. Actuar de otra manera, aunque sea administrativamente correcto, es una práctica inhumana y cruel. Estas adopciones forzosas, contrarias a los deseos y disponibilidades de las familias acogedoras con vínculos de apego visibles, deben ser denunciadas como mala praxis y eliminadas de nuestro modo de generar adopciones. La imagen del acogimiento familiar cuando se  producen estos casos sale muy dañada, genera estupor en la ciudadanía y espanta a cualquier ciudadano con un mínimo sentido común. 

Requisitos innecesarios 
La idoneidad que se debe de evaluar por ley ha sido (y es aún) algo vivido como un impedimento de las autoridades: porque socialmente suena a capricho de las autoridades, porque hay quien no entiende cómo se atreven las autoridades a cuestionar el deseo de hacer el bien y de ser padres. Este anhelo debería ser suficiente para mucha gente. Acoger a niños, niñas y adolescentes en desamparo no precisa de una solvencia técnica manifiesta y demostrable pues es creencia generalizada que cualquiera puede acoger en su familia si así lo desea. La evaluación de idoneidad no es entendida y frecuentemente se dice “Si para ser madre o padre hiciera falta una evaluación el ser humano se habría extinguido”. La idoneidad debe estar al servicio de garantizar que las personas y familias que acogen tienen las condiciones adecuadas para hacerlo, entendiendo que no todas las personas pueden o están preparadas para acoger niños, niñas y adolescentes en situación de desamparo. 

Sacrificio 
En los términos actuales del acogimiento familiar, con sus recursos de ayuda, sus regímenes de visita, la nula capacidad de participar en las decisiones protectoras por parte de las personas acogedoras, los esfuerzos educativos de crianza de criaturas con adversidad temprana, los tiempos de dedicación necesarios y los costes económicos añadidos que corren por cuenta de la familia acogedora… podemos decir que el acogimiento familiar es una tarea vista como muy sacrificada. 

Tal vez por el Interés Superior de Niños, Niñas y Adolescentes conviene que las personas que acogen en sus familias a niños, niñas o adolescentes en situación de desamparo hagan algún que otro sacrificio. El principal sacrificio deberán ser las expectativas irrealistas y creencias desajustadas y normalizadoras, pero nada más. Las personas acogedoras no deben sacrificar ni sus vidas ni sus familias. Las familias de acogida por el bien del acogimiento familiar pueden hacer sacrificios, pero no deben ser sacrificadas por el Interés Superior de Niños, Niñas y Adolescentes. 

La buena voluntad como herramienta 
La buena voluntad sin otros ingredientes es también un recurso insuficiente para abordar las dificultades de desarrollo de los niños, niñas y adolescentes en situación de acogida familiar. La idea de que cualquiera puede acoger desde esta forma de concebir el acogimiento familiar, porque es suficiente querer hacer el bien, debe desecharse. Esta idea es precursora del pensamiento de  que no es precisa una solvencia en materia de protección para acoger. Acoger implica desarrollar habilidades para trabajar el apego, los daños del abandono, la resiliencia, las vivencias traumáticas, las patologías emocionales posible, la integración, la identidad, la biografía, la inclusión… 

Hoy las personas acogedoras saben que necesitan y piden mucha más formación básica, sólidos contenidos teórico-prácticos sobre protección de infancia, para saber dónde se meten, entender y actuar de manera más solvente con los niños, niñas y adolescentes que se les encomiendan. Piden y reclaman nuevos modelos y herramientas eficaces para afrontar la crianza, educación y las secuelas de las adversidades y el abandono del que son víctimas sus acogidos. Saben que necesitan en muchos casos un reciclaje continuo y amplio para afrontar todos los retos que se le presentan. Reclaman más ayuda y apoyos en modo de seguimiento, acompañamiento, supervisión, refresco… suficientes, continuados y sostenidos. Ya se oyen voces de cansancio y hartazgo ante tanta soledad en una tarea que requiere la responsabilidad, la solvencia y el esfuerzo de toda la “tribu” (técnicos de protección, especialistas en adversidad temprana, enseñantes sensibles, sanitarios con conocimiento, jueces y reguladores…). Sin estos aportes la buena voluntad se marchita y las personas acogedoras huyen o se desmotivan y desmovilizan. No estarán en disposición de hacer y participar en campañas de captación que pueden ser vividas propaganda engañosa. 

Ciudadanas y ciudadanos ejemplares 
Las personas acogedoras en sus familias son consideradas como ciudadanía ejemplar. Esta ejemplaridad suele estar vinculada a la obediencia y al acatamiento de los dictados de los técnicos e instituciones de protección, aunque no los compartan o sean claramente contraproducentes. Esta imagen ligada a una visión de autoridad excesivamente tradicional y fuera del principio de realidad y convivencia moderna es rechazada cada vez más por las personas acogedoras y sus organizaciones, que quieren no seguir siendo ciudadanos y ciudadanas dispuestas al acatamiento de las indicaciones de los técnicos, jueces y especialistas, que desconocen la realidad cotidiana de los niños, niñas y adolescentes que acogen. 

Cada vez más personas acogedoras critican la obediencia ciega a los técnicos de protección, cuando debería ser estos quienes aceptaran más indicaciones y propuestas de quienes llevan sobre sus vidas, convivencias y familias el peso real del acogimiento familiar. Callados y silenciosos es como muchos técnicos de protección y diversos profesionales de los recursos comunitarios quieren verles. Los técnicos del sistema de protección, de la educación, o de la sanidad no tienen costumbre de contar con la opinión, la crítica o la disconformidad de los acogedores y acogedoras. 

No es de recibo en una sociedad democrática, ni fomenta el desarrollo y la captación de personas acogedoras que viven en una democracia, el que no se les concedan espacios para la participación, la opinión o la protesta legítima. No ayuda al acogimiento ni fomenta la captación el que las  personas acogedoras tengan que vivir temerosas de expresar sus quejas razonables y fundadas ante la dimisión que muchos ámbitos de los recursos comunitarios hacen de las necesidades que tiene los niños, niñas y adolescentes que acogen en sus familias. 

Con frecuencia las personas acogedoras se viven como personas comandadas por terceras personas y con una participación muy limitada en procesos que les incumben y afectan familiarmente. No se les oye, ni se les escucha, ni se conocen sus reivindicaciones, sus inquietudes o sus necesidades de manera suficiente. No disponen aún de una interlocución corporativa reconocida, no se organizan suficientemente. Aunque hay una mejoría esperanzadora. 

Todo esto desmoviliza y les puede hacer sentir, además de soledad, que su situación y la de sus acogidos no importan ni a la comunidad ni a sus instituciones. Otra situación que duele a las personas acogedoras y les desmoviliza es que sienten y perciben que cualquier técnico o profesional puede criticarles, reprocharles y quitarles del medio sin consecuencias, sin complejos y con impunidad. Con frecuencia sienten que las instituciones de protección quieren que sean ejemplares, pero sin derechos y sin aliados (organizaciones, profesionales…). 

El acogimiento familiar depende y dependerá de la aportación de las personas acogedoras, no de la de los técnicos, instituciones o responsables políticos. La cultura de la participación de acogedoras y acogedores en los procesos de toma de decisión en lo que respecta al acogimiento familiar es una cultura pendiente y aún muy lejana. Incluso vista como peligrosa o inapropiada. Las personas acogedoras son vividas como un servicio del que pueden disponer los técnicos y las instituciones de protección. La sumisión es vivida como una virtud y se impide la participación en los procesos de diseño de plan de caso y de toma de decisiones de quien mejor conoce a los niños y niñas. Planes y decisiones que afectan a la economía, el tiempo y la presencia de todos los miembros de su familia, de todas las familias y personas implicadas. 

Incógnito, realidad desconocida y desprotegida 
Otra realidad que impide el desarrollo del acogimiento familiar es la constante y continuada confusión entre adopción y acogimiento. Los hijos e hijas son aún una propiedad biológica, no una responsabilidad colectiva y, por tanto, un bien común. Esta falta de cuestionamiento va contra otros modelos de vida familiar que no son la clásica de consanguinidad. El vínculo establecido entre personas acogedoras y los niños, niñas, adolescentes que acogen no está protegido de forma jurídica y social, como los inexistentes vínculos de sangre que no garantizan la existencia de vínculos socioemocionales y sin embargo siguen sobrevalorándose. 

No se habla a nivel social de las dificultades y costes que tiene el acogimiento familiar en las personas acogedoras y sus familias a nivel de tiempo y dedicación, solvencia técnica para abordar la crianza, educación y rehabilitación de estos niños, niñas y adolescentes en acogida familiar y de  sus familias. No se conocen los recursos necesarios y obligatorios, los problemas cotidianos y las secuelas tangibles que sufren los hijos e hijas de acogida. 

Se busca crear excesivamente una imagen del acogimiento familiar como una realidad innecesariamente edulcorada y caramelizada. Sin reconocer explícitamente que acoger en familia, convivir y compartir el dolor y sufrimiento de las víctimas de abandono, con demasiada frecuencia es algo condenadamente complicado, frustrante, desesperante, difícil y doloroso para las familias… y muy beneficioso para los niños, niñas y adolescentes de acogida. Esto que suena desmovilizador ayudaría a captar personas acogedoras con una visión realista que afronten la tarea, conscientes de los esfuerzos y costes necesarios. Porque también es una realidad que mayoritariamente los esfuerzos tienen muchas compensaciones para todos y todas 

 Cultura de “mejor no saber” 
No se habla suficientemente con los niños, niñas y adolescentes de sus orígenes, de su familia biológica, de los problemas, de los sufrimientos, de los motivos de su abandono y de las secuelas y trastornos que este abandono les genera. No se les posibilita una reparación de lo que les convirtió en víctimas, en la medida en que no se habla de ello, ni se posibilita a sus familias reparar el daño infligido. 

Hablar del sufrimiento causado por el abandono todavía sigue siendo algo malo que causa traumas, que es muy peligroso y nos hace sufrir innecesariamente. El incógnito como sistema tampoco facilita la aparición de acogedores realistas, preparados, solventes y decididos a entrar en el mundo emocional del dolor y del sufrimiento, que afecta a sus hijos e hijas de acogida. 

A modo de conclusión: a pesar de todo esto, cabe el optimismo y la esperanza 
Hay que reconocer que percibimos a la par muchas imágenes del acogimiento familiar muy positivas y prometedoras. Pero las imágenes que se proyectan del acogimiento familiar por parte de demasiados de nuestros conciudadanos, responsables políticos, técnicos, medios de comunicación e incluso algunas personas acogedoras no contribuyen a la captación de familias adecuadas, para la tarea de criar y educar niños, niñas y adolescentes, víctimas de abandono y otras adversidades. 

Con la idea o con el desconocimiento social y técnico de acogimiento low-cost que impera, podemos decir que incluso el acogimiento familiar como medida protectora en España es un milagro. El acogimiento familiar tiene una imagen excesivamente lastrada por un altruismo mal entendido, un exceso de voluntarismo y sacrificio, y una dotación insolidaria por parte de las instituciones y de la comunidad. También le perjudica el pensamiento generalizado de la  no-necesidad de una solvencia técnica, la soledad con la que viven y desarrollan las familias su tarea y la falta de acompañamiento a la que se ven sometidas. El exceso de expectativas o deseos de apropiación de los niños, niñas y adolescentes que son acogidos, por parte de sus acogedores, tiene con frecuencia su origen en la mala imagen que algunos técnicos y administraciones dan de sus familias biológicas y de la falsa peligrosidad con la que se las etiqueta. Tampoco ayuda al acogimiento familiar la cultura de protección basada en no-saber e ignorar el pasado y los orígenes para no originar daños y traumas. Estos ya existen desde hace mucho, pero han sido invisibilizados y el silencio los convierten en trastornos y sufrimientos permanentes e inaccesibles. Todas estas imágenes sacadas de los testimonios de las familias acogedoras hacen del acogimiento familiar una obra heroica. 

Hay, por tanto, muchas razones para no considerar adecuada la actual imagen social del acogimiento familiar. Esta imagen debe corregirse para incrementar la captación de familias de acogida y su corrección redundará en un incremento de ofertas y oportunidades para el acogimiento familiar. 

Sin duda, en el acogimiento familiar caminamos hacia otros modos de pensar, actuar y seremos capaces de cambiar esta imagen por otra más acorde al deseable Interés Superior de Niños, Niñas y Adolescentes. Esta tarea sigue siendo nuestra esperanza y nuestra tarea pendiente. Otra imagen del acogimiento familiar diferente, que facilite otros modos de decidir y actuar es posible. Lo que le pasa al acogimiento familiar tiene mucho que ver con la imagen que se crea internamente en sus protagonistas y que la proyectan hacia fuera. Tiene que ver con la ignorancia de la comunidad, sus medios de comunicación y las inadecuadas informaciones y formaciones de los técnicos y de las instituciones, que deben de promocionar el acogimiento, darlo a conocer y captar familias con una visión más realista, eficiente y acorde a las necesidades de todas la partes implicadas y sus protagonistas. 

Por tanto, con la imagen que se proyecta del acogimiento familiar por parte de demasiados de nuestros conciudadanos, responsables políticos, técnicos, medios de comunicación e incluso algunas personas acogedoras, es muy complicado captar familias adecuadas o suficientes para la tarea de criar y educar niños, niñas y adolescentes, víctimas de abandono y otras adversidades. 

Por otro lado, el discurso que posibilita un cambio de imagen ya está en marcha desde hace tiempo y cada vez más voces lo dicen alto y claro: solidaridad, altruismo, buena voluntad, sí, pero sobre todo justicia, solvencia técnica, participación e implicación de todos, recursos especializados y presupuestos económicos más solidarios. Por el Interés Superior de los Niños, Niñas y Adolescentes deberemos mejorar las condiciones del acogimiento familiar y seguramente habrá más familias acogedoras en la medida que la comunidad y sus instituciones incrementen los siguientes elementos:  
1. Dotación económica suficiente y acorde al nivel de dedicación y a la satisfacción de las necesidades de Niños, Niñas y Adolescentes en acogimiento familiar. 
2. Formación inicial y continua, reciclaje y supervisión para personas acogedoras. 
3. Acompañamiento técnico para mejorar la solvencia ante las secuelas de las adversidades y el abandono vivido por Niños, Niñas y Adolescentes. 
4. Estructuras terapéuticas y reparadoras (Sanidad, Educación, Vivienda, Economía, Trabajo…), la comunidad debe ser corresponsable de la satisfacción de las necesidades de los Niños, Niñas y Adolescentes en acogimiento familiar. Tan solo asumir su tarea también con ellos y ellas. 
5. Cercanía, presencia y disponibilidad de todos los recursos sociales, educativos, sanitarios, jurídicos. Basta de lejanía y soledad, que el amor y el acogimiento familiar se construyen en la cercanía y el roce, en sentido amplio. 

¿Pueden la ciudadanía, e incluso las personas acogedoras, pensar en la solidaridad, el altruismo, la heroicidad, la buena voluntad, la colaboración, cierto nivel de heroicidad, generosidad y gratuidad, el ser buenos ciudadanos… como motores de su motivación para el acogimiento familiar? La respuesta es claramente que sí. Ellos y ellas se pueden, por supuesto, apoyar en estos valores para considerar su ofrecimiento como un bien moral. 

¿Pueden los técnicos, profesionales e instituciones de protección pedir, promocionar, seleccionar formar, acompañar y evaluar el acogimiento en base a estos principios? Claramente no. Los técnicos, los profesionales, las instituciones y los diversos recursos que deben participar y responsabilizarse de la protección de niños, niñas y adolescentes en desamparo y víctimas de experiencias de abandono deben promocionar, seleccionar, formar, acompañar y evaluar a las familias de acogida planteando y aportando los recursos necesarios para que las familias (biológicas y de acogida) y los niños, niñas y adolescentes participen, sean protagonistas del acogimiento familiar, formando y formándose en la solvencia técnica de lo que realmente se necesita, comprendiendo las dificultades y conflictos del acogimiento familiar sin prejuicios ni juicios precipitados, siendo realistas, acompañando y apoyando a los protagonistas en las transiciones y momentos difíciles y asumiendo sus propuestas, sus quejas y críticas. 

Haciendo esto se irá creando una imagen y una cultura que puede hacer del acogimiento familiar una tarea a la que toda la ciudadanía se sienta llamada e interpelada a asumir su cuota de responsabilidad social para con los niños, niñas y adolescentes que necesitan de su ambiente familiar y comunitario, de su esfuerzo y colaboración para paliar las secuelas de su abandono y adversidad


“VIAJANDO EN NIÑEZ”, LANZAMIENTO EDITORIAL POR EL BIENESTAR Y PROTECCIÓN DE LA NIÑEZ MIGRANTE


¿Te has preguntado qué clase de riesgos puede correr la niñez y la adolescencia migrante venezolana que llegan a  Colombia? La Universidad Santo Tomás, World Vision y el Instituto de Migraciones de la Universidad de Granada (España)  lanzan investigación para resolver dicho cuestionamiento.  

El lanzamiento de “Viajando En Niñez” será el próximo 30 de junio en el Auditorio Mayor de la Universidad Santo Tomás  en la sede Doctor Angélico (Carrera 9 # 72 – 90) en Bogotá. 

La herramienta pedagógica “Viajando En Niñez” tiene como objetivo prevenir los riesgos y vulneración de derechos que puede  correr la niñez migrante venezolana en Colombia por medio de una serie de historias, actividades, conceptos y reflexiones. El diseño  lúdico del libro, que incluye la ilustración del famoso dibujante Turcios, permite tratar temas muy complejos de una forma  comprensible para un público amplio, incluyendo padres, madres, cuidadores, docentes, niñas, niños y adolescentes migrantes.  

Un ejercicio que incluye las experiencias de vida de niñas y niños no acompañados que atraviesan la frontera, comunidades  afrodescendientes, indígenas transfronterizos, personas en condición de discapacidad y comunidades sexuales y de género  diversas; todo con el propósito de promover la reducción de riesgos, así como la inclusión, la integración intercultural y la  convivencia pacífica. 

Esta herramienta fue construida a lo largo de un año y medio por un equipo interdisciplinario e internacional de investigadores,  contando con la participación de los docentes Felipe Aliaga Sáez, coordinador del Grupo de Estudios sobre Migraciones  Internacionales y Vulnerabilidad (GEMIV) y Ángelo Flórez de Andrade, coordinador del Semillero de Migraciones Internacionales y  Seguridad Humana, de la Universidad Santo Tomás; así como un grupo de estudiantes y egresados, destacando la coordinación  editorial de Carla Rodríguez y Laura Rincón. Articulados con el trabajo de la profesora titular Antonia Olmos Alcaraz, experta en  temas de migraciones y educación del Instituto de Migraciones de la Universidad de Granada, España; así como la participación de  World Vision, con dos co-investigadores, Heydi Arévalo y Nelson Rojas. 

“Viajando En Niñez es un compromiso ético de la academia con la sociedad, una investigación sensible, una manera de  devolver el conocimiento a las comunidades y transformar realidades, haciendo más segura la vida de niños, niñas y  adolescentes migrantes, por medio de una herramienta fácilmente comprensible y que despierte interés y ganas de  reflexionar sobre cómo cuidarnos entre nosotros”, asegura el profesor Felipe Aliaga, investigador líder de la Universidad  Santo Tomas.  

Un ejercicio investigativo que consolida un documento en diferentes etapas: amplia revisión bibliográfica y discusión conceptual,  contraste con material empírico, más de cuarenta entrevistas realizadas a funcionarios de gobierno y de ONGs, así como a niños,  niñas y adolescentes, las cuales fueron realizadas principalmente por el equipo de World Vision.  

“Esta investigación y su publicación final significa reconocer las percepciones y perspectivas de las niñas y niños migrantes;  reconocer sus formas de asumir la experiencia migratoria y reconocer los (sus) diálogos generadores de cuidado, como  posibilidad de ser en territorios donde se encuentran en el centro de condiciones sociales, políticas y comunitarias que  aperturan a la esperanza”, afirma Heydi Arévalo, gerente de estrategia y gestión del conocimiento de World Vision. 

El lanzamiento del libro tendrá lugar
el 30 de junio, desde las 8:00 a 11:30 a.m.,
en el Auditorio Mayor de la Universidad Santo Tomás
en  la sede Doctor Angélico,
ubicada en la carrera 9 número 72-90 en Bogotá. 

Confirmar su asistencia por medio del siguiente enlace: https://gemiv.wordpress.com/eventos-gemiv/lanzamiento-viajando-en-ninez/

PROGRAMA 08:00 am. - 08:30 am. INSCRIPCIONES 08:30 am. - 09:10 am. PALABRAS DE BIENVENIDA Miguel Urra Canales. Decano de la Facultad de Sociología, USTA Colombia Alberto Castillo Castañeda. Decano de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales, USTA Colombia Peter Gape. Director de World Vision Colombia Javier García Castaño. Director del Instituto de Migraciones, Universidad de Granada, España 9:10 am. - 11:00 am. PANEL DE AUTORES Presentación de contenidos y proceso de elaboración: Carla Rodríguez Portillo y Laura Rincón Alarcón Importancia antropológica y sociológica: Antonia Olmos Alcaraz y Felipe Aliaga Sáez Utilidad para los gobiernos y el sector público: Angelo Flórez de Andrade Herramienta para la acción humanitaria: Heydi Arévalo Mendoza 11:00 am. - 11:30 am. COMPROMISO EN DEFENSA DE LA NIÑEZ MIGRANTE Entrega de Zoy y del libro “Viajando en niñez”

Sobre World Vision 

World Vision es una organización de desarrollo, ayuda humanitaria y promoción de la justicia, de principios cristianos, centrada en promover la protección integral con ternura  de las niñas y niños más vulnerables, incidiendo en la superación de la pobreza extrema, la plenitud de la vida y la transformación humana. 

Sobre la Universidad Santo Tomás 

La Universidad Santo Tomás (USTA) es una Institución de Educación Superior católica de carácter privado, sin ánimo de lucro y de orden nacional. 

Sobre la Universidad de Granada (España) 

La Universidad de Granada (UGR) es una universidad pública española con sede en Granada y con campus en las ciudades de Granada, Ceuta y Melilla, lo que la convierte en  la única universidad europea con dos campus en África.

Comunicaciones y Marca World Vision Colombia 

Sebastián Portilla Avellaneda Mayerly Sánchez Coord. de Comunicaciones Gerente de Comunicaciones Correo: sebastian_portilla@wvi.org Correo: mayerly_sanchez@wvi.org Celular: 300 7602459

Justicia ambiental para niñas y niños, Revista Sociedad e Infancias, Vol 6, nº 1 (junio 2022)

Ediciones Complutense, UCM.
Vol 6, nº 1, junio 2022,
Con la colaboración de la Asociación GSIA.






Si  el  cambio  climático  representa  actualmente  uno  de  los  mayores  desafíos  para  el  desarrollo  equilibrado  de  la  humanidad en general, los riesgos que de él se derivan afectan más gravemente a los grupos de población más vulnerables, entre los que se encuentra el conformado por la población infantil y adolescente. Pero aún dentro de este grupo, factores como son la edad, la economía del grupo familiar, la ubicación geográfica, los sistemas de protección existentes o el acceso a los recursos naturales, materiales o tecnológicos, señalan también diferencias entre unos y otros niños y niñas.

Carlos Dora (2020) afirma que la programación de medidas para el desarrollo de la primera infancia debería acompañarse de políticas para limitar el impacto del cambio climático en los niños, a lo largo de su vida, y a la vez se pregunta si la agenda climática puede también reforzar los argumentos que defienden la mejora del desarrollo de la primera infancia. Su respuesta es afirmativa y, para lograrlo, destaca el papel de la investigación para conocer las conexiones y las relaciones causa-efecto entre las políticas climáticas y el cuidado cariñoso y sensible hacia los niños y niñas más pequeños. Recomienda este autor, asimismo, la creación de mecanismos para que las partes interesadas y la población en general se impliquen a largo plazo en el objetivo de vincular el cambio climático con la calidad de vida en la primera infancia. 

Al  poner  el  foco  sobre  la  primera  infancia,  la  investigación  ha  demostrado  el  interés  de  los  niños  y  niñas  más  jóvenes en todo aquello que se refiere a la naturaleza, sean las plantas, los animales, la contaminación del aire o el uso del agua. Asimismo se ha podido observar que algunos conceptos, como sostenibilidad, equilibrio entre especies o compromiso intergeneracional no les resultan extraños o ajenos. Sin embargo, todavía se echan en falta estudios que vinculen los cambios estructurales derivados de una intervención humana abusiva sobre la naturaleza, con las actitudes y las prácticas de los niños más jóvenes en relación con el entorno natural.

El tema monográfico de este primer volumen del año 2022 de la revista SOCIEDAD E INFANCIAS representa un intento de abordar este tema, haciendo una llamada a las investigadoras e investigadores de la infancia para compartir sus hallazgos con la comunidad de las personas estudiosas de la infancia. Como resultado presentamos a continuación tres selectos artículos que ponen el foco tanto en el estado de la cuestión de los estudios que relacionan cambio climático con infancia, como en el papel de la educación ambiental participativa con niños y niñas y su propia visión sobre lo que debería ser un entorno de vida deseable. 


Presentación. 


Monografía




Miscelánea

 


Otras colaboraciones




Reseñas bibliográficas



ndexación

Sistema antiplagio

Licencia de uso

Creative commons

Colaboración


The First 1.000 Days.


Los primeros 1.000 días de vida dan forma a todos los días siguientes.
Necesitamos saber más sobre ellos.

En enero de 2021,  Irene Caselli* lanzó su propio boletín, The First 1,000 Days , financiado por los lectores, donde continúa escribiendo sobre los primeros 1,000 días: el período fundamental de nuestras vidas que con demasiada frecuencia se pasa por alto. Un blog-boletin que merece un seguimiento.


*Irene Caselli es reportera y escritora multimedia, con más de 15 años de experiencia en radio, televisión y prensa, y ahora se enfoca en la primera infancia, los derechos reproductivos y los cuidadores. También es asesora principal de The Early Childhood Reporting Initiative en el Dart Cent.



Secretos de mi niñez y la ley de protección integral a la infancia.

Maltratar a un niño o niña, ejercer violencia contra ellos/as, desatenderles y violentarles sexualmente o violarles son delitos. Los peores que se pueden cometer porque les destruyen y se moldean adultos que arrastrarán sufrimiento, me temo, de por vida. Me angustia este crimen, le sucede a niños/as, los más indefensos de todos, personitas que por imperativo humanitario y moral debemos cuidar, proteger, educar y querer. Siempre lo he tenido cerca y despierta en mi temor, rechazo e indignación, pero desde que soy madre lo vivo desde las entrañas. 


Violencia sexual dentro familia. Glenn Doman UEd
Pienso en esta amenaza con frecuencia no sólo por mi hija, por cada niña y niño que está a mi alrededor, por los que están en casas de acogida, los que migran solos o acompañados, los que viven en casas hacinadas, los que quedan al cuidado de amigos o vecinos, los de España, los de Chile y los de cualquier parte o condición social. Los abusos en la niñez están demasiado extendidos, son muy frecuentes y suceden todos lo días bajo nuestras narices.

Nací en Chile. Un día caminando por la calle con una de mis amigas, tendríamos unos 10 años, me dice: te cuento un secreto pero no se lo digas a nadie, claro dije (los secretos son fascinantes en la infancia) y me lo contó. Sus dos hermanos mayores, universitarios, abusaban de ella; me habló de manoseos, de obligarla a hacer cosas diciéndole que era un juego para  luego compensarla con golosinas y televisión. Le dije con una mezcla de sorpresa, miedo y bastante incomprensión -porque a mis 10 años no entendía nada- que por qué no se lo decía a sus padres y su respuesta fue: creo que lo saben, los han visto y también mi padre lo hace a veces y además, “es culpa mía porque me he desarrollado muy pronto, ya soy una mujercita”.

Escribo esto, ahora, de adulta y no puedo evitar llorar de impotencia y rabia: mi amiga  se sentía culpable de provocarlo y avergonzada, con 10 añitos! Por supuesto yo guardé el secreto, no se lo conté a nadie, tampoco entendía mucho, sólo sabía que era malo, muy malo y que no era culpa suya, comencé a mirar a su familia con desconfianza y pavor. Nunca más me acerqué a su casa, fui cariñosa con ella y poco a poco me fui alejando y la fui dejando sola. Me protegí instintivamente, pero a ella nadie la protegió.

Con el tiempo,  adquirí un imán para amigas que pasaban por lo mismo o, tal vez, simplemente, esto estaba mucho más extendido de lo que yo pensaba. Me fui enterando de otras amigas: abusos de primos, violaciones del padrastro o del propio abuelo. Siempre guardé los secretos y no hice nada. En realidad, creo que lo normalicé sin dejar de horrorizarme: qué mala suerte la de mis amigas y qué suerte la mía. Era algo que pasaba dentro de las familias y en entornos cercanos y no podías hacer nada, ni siquiera contarlo. No podías esperar ayuda de nadie, mucho menos denunciarlo. ¿A quién acudir sin las personas que las tenían que proteger las dañaban y el resto de adultos actuaba como si no existieran estas cosas?

Estaba tan arraigado el maltrato y los abusos sexuales en el entorno de mi infancia, tanto que eran casi lo normal. Esto de que padres, familiares o amigos, pueden hacer lo que quieran con un menor por el sólo hecho de ser pequeños, de “pertenecerles”
Lo más normal del mundo. Y cómo no iba a serlo si hasta salía en la Biblia. De pequeña yo leía la biblia y cuando me encontré con la historia de Lot y la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis) supe, a ciencia cierta, que las familias podían hacer cualquier cosa con los niños y las niñas. Que no teníamos escapatoria y que yo sólo podía agradecer mi suerte de no estar tan “desarrollada” o tener hermanos y padre que no se interesaban por mí de esa manera.

La historia de Lot. Dos ángeles de Dios entraron en Sodoma a rescatar a Lot sobrino de Abraham; los ángeles eran de hermosa apariencia y llamaron la atención de los habitantes. Al verlos, Lot los invitó e insistió en que pasaran la noche en su casa. Pero antes de que se acostasen, los sodomitas cercaron la casa y exigieron que les entregase a sus invitados para abusar de ellos. Lot salió de la casa y se dirigió hacia ellos, cerrando la puerta detrás de sí, y les dijo: -les ruego, hermanos míos, que no cometan semejante maldad. Miren, tengo dos hijas que todavía son vírgenes. Se las voy a traer para que ustedes hagan con ellas lo que quieran, pero dejen tranquilos a estos hombres que han confiado en mi hospitalidad.

Yo no registré nada de las bondades y la justicia de Lot que señalaba la Biblia, sólo me quedé con lo que he resaltado. Pregunté a mi madre -experta en Biblia- qué edad tenían las hijas de Lot y me dijo que  unos 12 y 13 años.  Sólo dos más que yo!. Aprendí a vivir sabiendo que existían estos abusos y que los adultos pueden hacer cualquier cosa con un niño o niña impunemente.

Crecí, fui a la universidad, viajé, llegué a España y me siguieron llegando secretos. De mayor, he intentado que mis amigas y amigos (sí, también chicos) se sintieran acogidos por mí y, si se veían con fuerza, denunciaran. Una amiga estuvo a punto de hacerlo pero, finalmente no; se impuso la borrosa, aparente e hipócrita convivencia familiar. Lo entiendo, tal vez yo en su lugar hubiera hecho lo mismo. No se denuncia para no dañar a la familia aunque la sanación siga sin llegar a la víctima.

La ley aprobada, ayudará a las víctimas y como sociedad estamos intentando proteger a nuestros niños y niñas, estamos diciendo alto y claro que se trata de los peores delitos que se puedan cometer. El hablar de esto como delitos contribuye a normalizar lo que sí debe ser normal: 
que abusar de niños/as es un crimen que podrá denunciarse en la vida adulta y si se trata de niños/as, por cualquiera que esté enterado, estará obligado. No son cuestiones que se deban quedar en la familia dañando, empequeñeciendo, haciendo sufrir y destruyendo a los niños y las niñas.

Yo,  y todos, hemos crecido en el mundo al revés donde lo normal era callarlo, un secreto contado a otras niñas tan asustadas como la víctima, niñas que no hacen nada más que callar, ser cariñosa con la amiga y evitar provocar para no pasar por lo mismo. Como yo hice, poniéndome por varios meses vendas elásticas en los pechos pre púberes para anularlos. Niñas que crecieron con culpa por no ayudar a sus amigas y que hoy, ya mujeres, extreman los cuidados con sus hijas para evitarlo, detectarlo y actuar. Por eso hoy, a la vez que aplaudo esta ley, lloro profunda y sosegadamente por mi, por mis amigas, por todas las hijas (e hijos) de todos los Lot que existen y por la infancia. Un llanto mitad tristeza por esas infancias ultrajadas y mitad esperanza porque podemos, ahora, rebelarnos ante estos secretos.
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Eso de que la familia es un bien absoluto para los niños y niñas es más que discutible, quizá sea una forma más de encubrir el abuso y la violencia sexual de todo tipo contra ellos...

Plan de acción contra la explotación sexual de niñas, niños y adolescentes del sistema de protección a la infancia.

El Gobierno y las comunidades autónomas han aprobado, por unanimidad, un plan para luchar contra la explotación sexual de menores en el sistema de protección a la infancia, un catálogo de medidas que incluye la formación de los profesionales que trabajan con menores, una guía de actuación para los casos que se detecten y programas de inserción sociolaboral.


diariojurídico.
El objetivo del plan aprobado por Gobierno y autonomías es prevenir la explotación sexual contra la infancia y adolescencia tutelada o acogida por las administraciones, mejorar la atención a las víctimas, y reforzar estructuralmente al sistema de protección para prevenir que se produzcan en un futuro. Este plan de choque se basa en varios principios de intervención: el enfoque de género; la coordinación institucional; la atención individualizada de carácter terapéutico; y el acogimiento familiar como alternativa habitacional frente al centro residencial...

La explotación sexual es uno de los grandes desafíos que debemos enfrentar como sociedad.  Una violencia, especialmente dirigida a mujeres y niñas, que explota las desigualdades y que tiene como principales responsables a los perpetradores y las redes de explotación. 
Nuestro principal esfuerzo debe dedicarse a lograr un cambio cultural que acabe con esta violencia, al tiempo que quien la ejerza responda siempre ante la justicia. No obstante, de manera inmediata, debemos detectar a las potenciales víctimas, especialmente a las más vulnerables, y asegurarles una reparación integral que les permita vivir una vida digna y sin violencia.

En este sentido, no podemos negar que, aunque la infancia en general puede estar expuesta a este tipo de violencia y debemos evitarlo, las niñas y las adolescentes, y, aunque en menor medida, también los niños y adolescentes del sistema de protección, son un blanco de preferencia para los abusadores, proxenetas o explotadores sexuales.

Un desafío al que no se enfrenta una única CC.AA. de forma aislada, sino que está latente en el conjunto del sistema de protección español, habiéndose reportado y reconocido casos en toda Europa.1 Visibilizar y reconocer la explotación sexual en la infancia es el primer paso para afrontar esta realidad con firmeza. Al tiempo que avanzamos en ese cambio cultural que destierre la violencia sexual de nuestras sociedades, este Plan pretende ser una medida central para reducir las vulnerabilidades y factores de discriminación que han hecho de estas niñas y niños un blanco en ocasiones demasiado fácil para aquellos que quieren explotarlas, y seguir reforzando los sistemas de protección y a los equipos de profesionales con el fin de darles una respuesta adecuada...

Construyendo entornos protectores para la infancia y adolescencia: la nueva Especificación UNE 0070

La Cátedra de los Derechos del Niño-ICADE tiene el placer de invitarle al encuentro informativo "Construyendo entornos protectores para la infancia y adolescencia: 
la nueva Especificación UNE 0070".

22-06-2022 10:00h
Universidad Pontificia Comillas - ICADE C/Alberto Aguilera,23 Madrid
Organizado por Centro de Innovación del Derecho (CID - ICADE).


P-ESPECIFICACION UNE 0070,  UNE Normalización Española. Abril 2022.

Sistema de gestión de la protección frente a la violencia en organizaciones de acción social, educación, deporte, ocio o tiempo libre que trabajan con personas menores de edad o en situación de vulnerabilidad. Requisitos con orientación para su uso.


   INSCRIPCIONES
   PRESENCIAL: https://eventos.comillas.edu/85298/
   ONLINE: https://eventos.comillas.edu/85300
 

“Llenamos la agenda de nuestros hijos con el objetivo de prepararles para el mañana, y no les dejamos vivir su presente” . 'Escúchalos', libro.

es el último libro de Miguel López, más conocido como El Hematocrítico. 
En él ofrece un manifiesto en defensa de los niños.  
Miguel López, más conocido como El Hematocrítico, después de llevar años escribiendo literatura infantil y trabajando como maestro de educación infantil y primaria, ha decidido dar el salto al mundo del ensayo con ‘Escúchalos’, un libro en el que ofrece su visión de la crianza tratando temas como: las actividades extraescolares, los deberes, el miedo a que nuestros hijos se aburran, los juguetes sexistas, la sobreprotección….

María Dotor.

  • Miguel, has definido este libro como un manifiesto en defensa de los niños. Un alegato en pro de una crianza más respetuosa, centrada en la empatía, la escucha, la ternura y el acompañamiento… ¿Por qué crees que nadie piensa en los niños, que los adultos no nos ponemos en su lugar ni les escuchamos? 

Según vamos creciendo, nos vamos desvinculando del niño que éramos nosotros. Y, llega un momento, que los niños nos parecen extraterrestres. Esa ruptura con tu niño del pasado produce esta desconexión con la infancia que nos lleva, en la mayoría de los casos, a tratar a los niños como proyectos de adultos. Es como si la vida fuese eso que pasa de los 25 a los 60 años, más o menos. Lo anterior es como un entrenamiento para llegar a esa periodo.

  • El pedagogo Francisco Tonucci dice que otro gallo cantaría si los niños pudieran votar…

Exacto, los niños no generan dinero, no se abren una cuenta de Neflix, no firman una hipoteca. Y, en un mundo en el que la vida es eso que haces mientras puedes producir y comprar cosas para que los engranajes funcionen, nadie piense en aquellas personas que no producen, en este caso, los niños.

  • ¿Podrías ponernos un ejemplo cotidiano que demuestre que nadie piensa en los niños, que necesitamos alzar la voz con un manifiesto como el que has escrito?

Por ejemplo, el debate que se repite cada cierto tiempo en redes, en los medios, en conversaciones en la calle… de si debemos llevar a los niños a los restaurantes o de si deben existir los hoteles sin niños… Yo te aseguro que la persona que inicia ese debate porque un niño le ha molestado mientras trataba de disfrutar de una comida tranquila o de un baño en la piscina ha tenido peores experiencias con adultos, pero nadie plantea el debate en si debemos prohibir la entrada a determinados sitios a los adultos. Y esto es porque vemos a los niños como un colectivo, un enjambre, pero no es así. Los niños son personas. Algunos están mejor educados que otros. ¿Molestan los niños en los espacios públicos? Depende. Depende de lo cansados que estén, de lo adaptado que esté el espacio para ellos…de muchas cosas.

  • ¿Esta visión adultocéntrica nos lleva a pretender, además, que los niños se comporten desde muy pequeños como adultos?

Por supuesto. Cualquiera que trabaja con niños sabe que hay un tiempo límite para realizar una actividad con ellos. En seguida pierden la concentración, se aburren, y necesitan pasar a otra tarea porque así es cómo funciona su cerebro. No podemos pretender que un niño esté tres horas sentado en un restaurante mientras los adultos comemos y hacemos sobremesa. Habrá que llevarle cuentos, puzzles, sacarle al parque de enfrente un rato… Empatizar con ellos.

  • Por un lado, pretendemos que se comporten como adultos y, por otro, nosotros les tratamos como nunca trataríamos a un adulto…

O sí trataríamos así a un adulto, pero nos acusarían, obviamente, de maltratadores. Amenazamos, gritamos, encerramos a los niños castigados en habitaciones, pero si tuviéramos esa misma actitud con nuestra pareja, nos estarían señalando como maltratadores, cuando en ambos casos hay una persona ejerciendo violencia sobre alguien que tiene menos “poder”. Es un tema delicado, que a nadie le gusta escuchar, pero es verdad. Tú no puedes gritar, chantajear a un niño. La principal herramienta en la educación es el respeto.

  • Dices en el libro que “los niños de ahora son iguales que el niño que éramos nosotros”. ¿Sería tan fácil como, eso, como recordar lo que necesitábamos nosotros a su edad?

Sí. Totalmente. El título del libro es ‘Escúchalos’, pero no solo me refiero a los niños de ahora, sino a nuestro niño del pasado. Nuestros hijos muchas veces no saben lo que necesitan, un niño no te va a decir que necesita una tarde entera libre para aburrirse, pero tú si puedes recordar esas tardes en el salón de casa leyendo Mortaledo, y no tenías que ir de 7 a 8 al taller de alfarería mindfulness.

  • Dices en el libro que “El tiempo libre de los niños está siendo constantemente atacado”. Y pones de ejemplo los excesivos deberes que tienen que hacer después del colegio, la cantidad de extraescolares a las que les apuntamos… en definitiva, la “hiperagendización” a la que les sometemos. ¿Qué hay detrás de todo esto?

Nosotros estamos metidos en la rueda de la sociedad, del capitalismo, y todos nuestros ratos tienen que ser “para algo”, tenemos que estar “produciendo” a todas horas. En este contexto, nos da la sensación de que si una tarde nuestro hijo no hace nada, estamos perdiendo unas horas valiosísimas para prepararle para el futuro. Estar en casa leyendo un cuento o jugando a lo que al niño le apetezca nos genera ansiedad. Pensamos que nuestros hijos debería estar en un taller de lettering. Y esto es por lo que hemos hablado antes, vemos a los niños como proyectos de adultos a los que tenemos que formar continuamente para el futuro, y nos cargamos su presente.

  • ¿Cuales son las consecuencias para los niños?

La principal consecuencia es que los niños se convierten en personas incapaces de gestionar su ocio, su tiempo libre. Cuando se enfrentan a un espacio en blanco, se paralizan, les tenemos que decir nosotros que lean un libro, que jueguen a un puzzle. Están acostumbrados a que les tengamos las agendas llenas, y les digamos a cada momento lo que tienen hacer, hasta el punto que llega un momento en que nosotros nos ponemos a hacer la comida o a contestar mails y ellos no saben qué hacer. Es como si les llevásemos en brazos porque andar es muy cansado y de un día para otro les pidiéramos que caminasen. No pueden porque no saben, nadie les ha enseñado.

  • Hablas en el libro de los hipercumpleaños. Que no es otra cosa que celebrar los cumpleaños de nuestros hijos como si fueran bodas. Castillos hinchables, regalos por doquier… Nosotros nunca vivimos eso…

No, para nada. Los niños hemos pasado de ser un poco más importantes que el gato a ser el centro de todo. En los cumpleaños de la gente que fuimos niños hace unos cuantos años, como mucho había una Fanta de naranja que compartíamos entre todos y unos sandwiches de paté y gusanitos. Ahora parecen, como dices, bodas.Todos somos conscientes en que estos cumpleaños se nos han ido de las manos, que hay que bajar el listón, que hay que volver a algo más sencillo, pero al año siguiente repetimos, estamos en la rueda.

  • Claro, aquí entra en juego la culpa… Todos sabemos que estamos perdiendo la cabeza, pero a ver quién es el primero que “deja” a su hijo sin ese hipercumpleaños que sí tienen todos sus amigos…

Las redes sociales han hecho mucho daño. Tú ves la vida de las madres influencer, que están pasando el fin de semana en la montaña, haciendo senderismo.. y tú piensas: ¿cómo voy a pasarme yo el fin de semana viendo Toy Story en casa? Pero es que además están comiendo ensalada con aguacate y nosotros macarrones con tomate. Y te sientes mal, pero eso no es real, el día a día no es así.

  • También hablas de sexismo, de cómo educamos diferente a los niños y a las niñas… y también de cómo, si decides no hacerlo, vas a contracorriente, porque la sociedad todavía sigue dividiendo el mundo en azul y en rosa… ¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos no se vean influenciados por todo este entorno de príncipes y princesas?

Es muy complicado, porque como dices, el mundo está planteado en rosa y en azul. Lo que sí podemos hacer es señalarlo y conseguir que nuestros hijos sean críticos con esto. No podemos evitar que el dependiente de una tienda te pregunte delante de ellos si el regalo lo envuelve con papel de regalo para niña o para niño, pero sí puedes conseguir que tu hijo sea consciente de que esa pregunta no tiene sentido. Y, ahí es donde reside el cambio.

  • He rescatado una frase de tu libro que me parece que podría ser una buena definición de la maternidad o la paternidad: “El viaje por el desarrollo emocional de tus hijos es largo y tortuoso. Lleno de baches y de curvas. Muy mal asfaltado y seguramente resbaladizo cuando llueve. Pero ahí tenemos que estar nosotros, en el asiento del copiloto, con el cinturón puesto y felicitándonos por lo bien que están conduciendo, aunque nuestro corazón esté a punto de salirse del pecho por alguna cafrada que acaba de hacer en alguna curva”. ¿Qué nos cuesta más, no bajarnos del coche para quitarles los piedras o asumir que ellos no conducen como nosotros, que puede que elijan otros caminos distintos y su meta sea otra?

Tienes un hijo, sale de ti, lo crías, pero a lo mejor tu hijo no es cómo esperas que sea. Es muy difícil asimilar que tus hijos no son tú, pero es importante prepararte para eso. Como también es importante mentalizarse de que la mejor forma de ayudar a nuestros hijos es dándoles herramientas para que sean ellos quiénes se enfrenten a las dificultades, porque las dificultades van a estar ahí. A la autonomía nuestros hijos llegan con ensayo, error.

  • En el libro hablas de los adolescentes…. Si los niños son los grandes incomprendidos, los adolescentes mucho más. ¿La culpa de esto está en que los adultos no aceptamos la brecha generacional que nos separa?

Los adolescentes siempre van un poco por delante. Son los que empezaron con el rock and roll, el rap, ahora con el streaming.. Traen las cosas del futuro al presente. Y el papel de los padres es decirles que el rock and roll es un desastre, que lo bueno es la copla. El motivo es que nos hacemos mayores, pero no nos damos cuenta, o no queremos darnos cuenta.


El Hematocrítico
EAN: 9788449339530
ISBN: 978-84-493-3953-0
Editorial: Paidós
Fecha de la edición: Junio 2022

El peso de la precariedad laboral en la pobreza de los hogares con niños.

"En España, el 70% de niños en pobreza viven en hogares con uno o más trabajadores; y pese a que solo un 27% de los hogares en España hay menores, los hogares con menores constituyen la mayoría de hogares en pobreza laboral (53%). No obstante, a menudo se piensa en la pobreza laboral y la pobreza infantil como problemas separados. La mayor parte de los análisis sobre la pobreza laboral en España usan datos de un momento en el tiempo y se focalizan en individuos que trabajan. Sin embargo, dado que los hogares comparten necesidades y
recursos, entender los factores que incrementan el riesgo de pobreza requiere poner el foco en los hogares."
Lanau, Alba ; Lozano, Mariona
Revista Perspectives Demogràfiques, 2022; abril; (27) : 1-4 pp.
Centre d´Estudis Demogràfics,
ISSN: 2696-4228.


El estudio ha analizado la relación entre pobreza laboral y pobreza infantil, una relación a la que se había prestado poca atención en España hasta la fecha. España tiene una de las tasas de pobreza laboral más elevadas de la Unión Europea. Es una tasa que se mantiene relativamente estable en el tiempo: entre el 12 y el 15% de hogares con trabajadores viven en pobreza. Pese a una leve reducción entre 2018 y 2020, España se mantiene como el segundo país con más pobreza laboral, solo por detrás de Rumania.

Según el estudio, "la pérdida o disminución de ingresos de un adulto incrementa el riesgo de pobreza en un contexto en que dos salarios son, a menudo, necesarios para evitar la pobreza", a su vez "numerosos estudios científicos han destacado las dificultades que experimentan las madres para entrar o mantenerse en el mercado laboral, así como la vinculación entre maternidad y menores salarios" (resumen sacado del SiiS Servicio de Información e Investigación Social).

Una nueva Oportunidad de proteger los derechos de la infancia andaluza.

Los niños y las niñas no votan, 
por eso son los grandes olvidados en las campañas electorales.


Los niños y las niñas no votan, por eso son los grandes olvidados en las campañas electorales. Para revertir esta realidad, y coincidiendo con las próximas elecciones en Andalucía, Save the Children lanza La Oportunidad, un medio de comunicación con vocación de ser un referente en la defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes.

#LaOportunidad participa en la mitad de la campaña electoral para poder hacer un hueco a la infancia en los mítines, debates, entrevistas, actos de campaña y, sobre todo, para demandar a los partidos políticos que expliquen sus medidas para garantizar a los niños y niñas una vida mejor. 

Además de analizar la realidad andaluza en materia de pobreza, educación, violencia, salud mental y migraciones, La Oportunidad propone soluciones que deberían llevar a cabo, tanto el nuevo gobierno de la Junta de Andalucía como los grupos parlamentarios, para poner fin a los problemas más acuciantes y graves que sufren cientos de miles de niños y niñas en Andalucía desde hace décadas.

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@Voto_ALos16 

blog: votarjoven.blogspot.com.ar



Dos materiales dirigidos a los niños y niñas en el Plan de infancia 2021-2030 de Barcelona al alcance de los niños y niñas.

El Instituto Infancia y Adolescencia y el Ayuntamiento de Barcelona hemos editado dos materiales dirigidos a los niños y niñas de la ciudad (una infografía y un vídeo animado) para que estén informados sobre el nuevo Plan de Infancia de Barcelona que el Ayuntamiento aprobó en octubre de 2021, un plan que se proyecta a 10 años vista y que recoge 70 acciones para mejorar la vida de los niños, niñas y adolescentes en la ciudad.

De acuerdo con lo que establece el artículo 17 de la Convención de los derechos de los niños, los niños y niñas tienen derecho a una información adecuada, en especial, aquella que tiene por finalidad promover su bienestar social y cultural. Por ello, de acuerdo con el derecho a la información que les ampara, se han preparado dos materiales comunicativos para dar a conocer a la infancia el nuevo Plan de Infancia, para destacar que el compromiso con los niños y niñas ha sido renovado y para explicar sus contenidos a todos los niños y niñas.

Por un lado, hemos elaborado la infografía 70 acciones para mejorar las vidas y los derechos de la infancia en la que se destacan algunas de las actuaciones del Plan de infancia, todas ellas organizadas en torno a los 7 derechos de la infancia sobre los que se estructura el plan.

Por otro lado, en este vídeo animado de explicación del Plan de infancia (con subtítulos disponibles en catalán, español e inglés), dos niños, Ona y Pau, se encargan de explicarlo de viva voz a los niños y niñas de la ciudad. A partir del barco de los derechos que llega a las playas de Barcelona, repasan las principales actuaciones que se desarrollarán en los próximos años en la ciudad para avanzar hacia el pleno ejercicio de los derechos de la infancia para todas las niñas, niños y adolescentes de Barcelona, con especial foco a quienes más lo necesiten.

Acceso al Video

A lo largo de la última semana de mayo, desde el Ayuntamiento de Barcelona se hará llegar una infografía del Plan a todas las escuelas de la ciudad y se las animará a hacer difusión y mirar el vídeo con todos los niños y niñas.

Día del Niño Africano, #DAC2022, 16 junio 2022.

” Eliminación de prácticas dañinas que afectan a los niños: 
progreso en políticas y prácticas desde 2013 ”.


El tema del Día del Niño Africano (CAD) 2022 es 
"Eliminación de las prácticas nocivas que afectan a los niños: avances en las políticas y prácticas desde 2013" . #DAC2022
El Comité Africano de Expertos sobre los Derechos y el Bienestar del Niño (Comité), establecido en virtud de los artículos 32 y 33 de la Carta Africana sobre los Derechos y el Bienestar del Niño (la Carta), seleccionó este tema para la conmemoración del CAD en 2021 .

Tema del CAD 2022

” Eliminación de prácticas dañinas que afectan a los niños: progreso en políticas y prácticas desde 2013 ”.

Nota conceptual DAC-2021 (inglés)
Nota conceptual DAC-2021 (francés)

El Día del Niño Africano se celebra el 16 de junio todos los años desde 1991, cuando fue iniciado por primera vez por la Organización de la Unidad Africana OUA. Honra a aquellos que participaron en el levantamiento de Soweto en 1976 en ese día. También aumenta la conciencia de la necesidad continua de mejorar la educación brindada a los niños africanos.

En Sowet, Sudáfrica, el 16 de junio de 1976, unos diez mil escolares negros marcharon en una columna de más de media milla de largo, protestando por la mala calidad de su educación y exigiendo su derecho a recibir enseñanza en su propio idioma. Cientos de jóvenes estudiantes fueron asesinados, el más famoso de los cuales fue Hector Pieterson. Más de un centenar de personas murieron en las protestas de las dos semanas siguientes y más de mil resultaron heridas.

El 16 de junio de cada año, los gobiernos, las ONG, las organizaciones internacionales y otras partes interesadas se reúnen para debatir sobre los desafíos y las oportunidades que enfrenta la plena realización de los derechos de los niños en África.