HDIA, Hablando de Infancia y Adolescencia: Blog GSIA con información y reflexión sobre la realidad que viven millones de niñas, niños y adolescentes en el mundo.
Adolescentes con mascarilla contra el coronavirus.J. L. CEREIJIDO. EFE
Primero, Matteo se rebela contra sus padres antivacunas. "Quiero vacunarme, mamá y papá están en contra", explica, "pero están cometiendo un error descarado. Y voy a desobedecer aunque sea menor de edad". Matteo (nombre ficticio) tiene 17 años, vive en Florencia, estudia en un instituto y ha decidido que ha llegado el momento de la protesta constructiva. "Y no sólo porque quiero viajar, bailar, hacer deporte, vivir con una sonrisa y no tener miedo al virus", dice, "vacunarse es también y sobre todo un acto de amor hacia los demás . No quiero contagiar a nadie: ni a amigos, ni a familiares ni a mis padres".
Matteo es solo uno de los adolescentes dispuestos a enfrentarse a sus padres y madres antivacunas. Son muchos los casos, pero la mayoría de las veces quedan silenciados entre las paredes de casa. Pero el estudiante florentino es un joven luchador y ha decidido ir más allá. Ha preguntado por sus derechos y ha llamado al despacho del abogado Gianni Baldini, presidente de la Asociación Toscana de Abogados Matrimoniales y de Protección de Menores. No ha sido el primero.
Simone, de 16 años y residente en la provincia de Arezzo, en el este de la Toscana, también preguntó a la asociación cómo sortear la prohibición de sus padres y vacunarse. "No es sencillo", explica Baldini, "porque lamentablemente en Italia no existe la figura del abogado de menores que, como ocurre en otros países europeos, interviene en estos casos para resolver disputas en favor de los niños sin que la autoridad judicial tenga que intervenir. Pediremos hablar con sus padres, pero además he sugerido a los chicos que contacten con los servicios sociales a la espera de la decisión judicial".
La reacción de los padres
¿Y cómo han reaccionado los padres? "Es absurdo", responden Matteo y Simone, "somos libres para drogarnos en la discoteca y luego no podemos decidir sobre nuestra salud. Pero no nos detendremos y si es necesario escribiremos al presidente de la República".
Matteo subraya, eso sí, que ama la libertad y no quiere oponerse al movimiento antivacunas. "Dicen que son personas libres y, si no hacen daño a los demás, está todo bien", explica, "pero si imponen sus ideas a otros, incluidos los niños, sus normas se vuelven incorrectas e incluso groseras".
La sensación es que en este asunto hay muchas normas que cambiar. No sólo para proteger a los niños a favor de la vacunación, sino también para intervenir cuando los padres, casados, separados o divorciados, tienen puntos de vista contradictorios sobre la vacunación.
"En nuestro sistema judicial los menores no pueden decidir sobre su propia salud", explica el abogado Baldini, "y tampoco pueden designar un abogado. Sería deseable otorgar un cierto poder a la escuela para que pueda activar a los servicios sociales y presentar una apelación en los tribunales. Pero habría un conflicto, mientras que la figura del abogado de menores podría resolver el caso por consenso sin acudir al juez".
GSIA es una asociación sin ánimo de
lucro, de carácter independiente, que fue creada hace 10 años por un pequeño
pero apasionado grupo de profesionales de diferentes especialidades.
Su finalidad principal es la de
contribuir al reconocimiento de los derechos humanos en la infancia y la
adolescencia, a través del estudio, la formación, la sensibilización y la
difusión de los mismos.
¡AYÚDANOS A MANTENER Y AMPLIAR NUESTROS PROYECTOS!.
El Congreso (web del mismo), bajo el lema El camino hacia la plena autonomía y el compromiso social, tiene como principal objetivo dar respuestas innovadoras a los retos que se plantean en la actualidad a las personas jóvenes en su transición a la vida adulta en general y, en especial, a aquellos colectivos más vulnerables. Así, se pretende como fin último contribuir a la mejora de la acción socioeducativa dirigida a los jóvenes y, por ende, a la sociedad en general.
Los temas incluidos en el programa del Congreso abarcan las principales cuestiones que se le presentan a quienes trabajan con jóvenes en la educación actual: avances y resultados de investigación y transferencia de conocimiento sobre adolescencia y juventud en tránsito a la vida adulta/en dificultad social; la formación de profesionales que trabajan con jóvenes; el trabajo en red: el rol de universidad, profesionales, entidades y administraciones públicas; el proceso de autonomía de los jóvenes: resiliencia, empoderamiento y bienestar social.
El Congreso está dirigido a académicos, profesionales y estudiantes del campo de la educación, el trabajo social, la psicología, el derecho, la sociología y otras ciencias sociales, interesados en compartir conocimientos y experiencias sobre este ámbito.
El congreso se realiza tanto en la modalidad online como presencial. La UNED acogerá el Congreso en la Facultad de Educación el día 1 de diciembre y el Centro Carlos Santamaría de la UPV/EHU en Donostia-San Sebastián lo acogerá el día 2 de diciembre.
Envío de resúmenes de comunicaciones
Del 20 de mayo de 2021 al 26 de julio de 2021
Envío de comunicaciones para su publicación en el capítulo de libro
Del 15 de septiembre de 2021 al 15 de octubre de 2021
Fecha límite para la notificación de la aceptación o rechazo vía email del resumen presentado
30 de julio de 2021
LÍNEAS TEMÁTICAS
1. Avances y resultados de investigación y transferencia de conocimiento sobre adolescencia. y juventud en tránsito a la vida adulta/en dificultad social.
2. La formación de profesionales que trabajan con jóvenes.
3. El trabajo en Red: el rol de universidad, profesionales, entidades y administraciones públicas.
4. El proceso de autonomía de los jóvenes: Resiliencia, empoderamiento y bienestar social.
GSIA es una asociación sin ánimo de lucro, de carácter independiente, que fue creada hace 10 años por un pequeño pero apasionado grupo de profesionales de diferentes especialidades.
Su finalidad principal es la de contribuir al reconocimiento de los derechos humanos en la infancia y la adolescencia, a través del estudio, la formación, la sensibilización y la difusión de los mismos.
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Actualmente la Comunidad Autónoma de Andalucía dispone para el
colectivo de menores y jóvenes procedentes del Sistema de Protección a
la Infancia y Adolescencia de Andalucía, de distintos programas y
Servicios, entre los que hay que destacar el Programa de Adquisición de
Competencias Sociolaborales (en adelante, PACS) de la Consejería
competente en materia de protección de menores.
El
PACS se compone principalmente de dos programas especializados, que
engloban tres tipos de recursos para llevar a cabo un conjunto de
actuaciones, medidas y prestaciones de diferente tipo (residenciales,
formativos, de acompañamiento, de prácticas en empresas…) destinados a
la adquisición de competencias sociales y laborales por el colectivo de
menores y jóvenes procedentes del Sistema de Protección de Menores de
Andalucía, desde los dieciséis y hasta veinticinco años. La finalidad es
la integración social normalizada y el acceso al mercado de trabajo,
consiguiendo la emancipación y el logro de su plena inclusión.
Objetivo General:
Mejorar
la empleabilidad y la inserción sociolaboral de jóvenes entre dieciséis
y veinticinco años, procedentes del Sistema de Protección de Menores de
Andalucía, con el fin de conseguir su autonomía personal y lograr su
emancipación, evitando situaciones de marginalidad y exclusión social.
Objetivos Específicos:
Acompañar en el proceso de maduración y desarrollo personal y social.
Ayudar y asesorar en la consecución de recursos básicos (alimentación, vivienda.)
Ofrecer orientación vocacional y formación para el empleo, a través de la formación ocupacional y los itinerarios laborales.
Potenciar la motivación por el acceso y/o la continuidad en la formación reglada.
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En sentido simbólico la infancia es sinónimo de pureza, inocencia, ingenuidad,
inexperiencia, pero también de ignorancia e incompetencia…
La infancia es el
lugar de los recuerdos de las personas cuando son adultas, recuerdos
idealizados muchas veces, pero que también se proyectan como deseos sobre las
infancias actuales.
La infancia está situada en una zona intemporal, como si
fuera, por así decirlo, un costado de la historia y la cultura dominantes, la
historia y la cultura propias de la parte adulta.
Perdida en el tiempo, la
infancia siempre se remite bien al pasado o bien al futuro, o se sitúa
simplemente fuera del tiempo.
Mas la infancia es el presente de quienes son
ahora niños, o niñas o adolescentes...
La infancia es vivida en
tiempo presente. Lourdes
Gaitán Muñoz, Mónica María Monguí Monsalve
Monografía.
Ø .- Jugar,
musicar y crear: los niños (en)cantan la vida en Mozambique.Marina
Di Napoli Pastore
Ø .- Cadê a infância que estava aqui? O gato comeu! Reflexões sobre o tempo e a infância. Andreia Mendes dos
Santos, Ana Carolina Brandão Verissimo, Paloma Rodrigues Cardozo
Ø .- Memoria, infancias y pedagogía de paz en el
Nordeste antioqueño. Colombia, 2018-2019. Mary Luz Marín Posada, Jaime Alberto
Saldarriaga-Vélez
Ø .- ¿Cómo incorporar el análisis de los tiempos en la infancia?. Mónica Domínguez Serrano y
Alicia Pérez García
Ø .- La infancia y el tiempo: la obsesión WEIRD por la
cronologización del desarrollo infantil. Carolina Remorini
Miscelánea.
Ø .- Uma proposta de metodologia participativa com crianças
em visitas familiares a museus em ciências. Graziele Scalfi, Martha Marandino
Ø .- La experiencia de ser migrante. Una mirada
transnacional desde la infancia venezolana en Madrid. Michelle Quintero.
Otras Colaboraciones.
Ø .- Los escolares madrileños en el proyecto europeo STARS. Pilar Martín de Castro
Ø .- Participación de los jóvenes en su proceso de emancipación. Laura
Vallejo-Slocker, Erenia Barrero Rodríguez
Ø .- Los relatos de vida como
estrategia de acercamiento a la trayectoria social de los supervivientes de
cáncer infantil. Una aproximación desde la Sociología clínica. Alba María Aragón Morales y María Rosalía
Martínez García
Ø .- Que voten los niños. Reflexiones en torno a una propuesta de
David Runciman. Luis Villacañas de Castro
Reseñas.
Ø .- Children in Social Movements: Rethinking
Agency, Mobilization, and Rights. Manfred Liebel
Ø .- Children’s
Lives in Southern Europe.Kepa Paul Larrañaga
Ø .- The future of
Childhood Studies. Lourdes Gaitán Muñoz
LLAMADA A CONTRIBUCIONES siguiente nº de Sociedad e Infancias.
Volumen 5.2
“LA INFANCIA
DESPUÉS DE LA PANDEMIA: CLAVES PARAUNA NUEVA ERA”
La presente
convocatoria llama a reflexionar sobre cuáles son los grandes desafíos del
mundo actual, la sociedad y los sistemas políticos y económicos en este
momento, de cara a las generaciones más jóvenes y las que vendrán. Así mismo a
mostrar qué papel juegan (o no juegan) los niños y las niñas en estos procesos,
cuáles son sus intereses y cómo se relacionan con las del mundo adulto en el
plano político. Se espera recibir artículos de investigación, ensayos, reseñas
y notas en torno a los siguientes tópicos:
·Relación de la infancia como fenómeno estructural con
los grandes retos de la humanidad, la globalización y los desafíos de una
ciudadanía global, la solidaridad mundial, las conexiones generacionales y la
vida social postpandemia.
·Niños, niñas y adolescentes ante la crisis de las
democracias y de los sistemas políticos. Su participación social, política y
económica. La idea del bien común.
·La biodiversidad, los retos políticos y
medioambientales y las relaciones con el mundo animal, desde la comprensión, el
juicio y la mirada de niños, niñas y adolescentes.
·La infancia y la adolescencia como desafíos para los
nuevos feminismos y las nuevas masculinidades: encuentros y desencuentros.
·El reconocimiento de la diversidad sexual, racial,
étnica y de capacidades diferentes.
·La actividad de las niñas y los niños en el cuidado de
las otras, los otros, de su comunidad, de la tierra que pisan y del planeta.
·Las tecnologías, la colaboración, las redes sociales,
la inteligencia artificial y la educación a distancia como herramientas
cotidianas de niños, niñas y adolescentes.
·Activismo de niños, niñas y
adolescentes en los movimientos sociales actuales ¿son ellas y ellos nuevos
sujetos políticos?
Se
aceptarán contribuciones escritas tanto en español como en portugués.
Fechas límite de recepción de artículos:
ØSección monográfica: 15 de
Septiembre de 2021
ØSecciones miscelánea, reseñas y
otras colaboraciones: sin límite de fecha
Forma de envío
El envío de cualquier tipo de
contribuciones se realizará a través de la página web de la revista: http://revistas.ucm.es/index.php/SOCI donde figuran en detalle las
normas para autores.
Sociedad e Infanciases una revista
interdisciplinaria, cuyo objetivo es promover el conocimiento científico sobre
las vidas de los niños, niñas y adolescentes, principalmente en el ámbito
español, portugués e iberoamericano y orientado en la línea de los nuevos
estudios de infancia.
GSIA es una asociación sin ánimo de lucro, de carácter independiente, que fue creada hace 10 años por un pequeño pero apasionado grupo de profesionales de diferentes especialidades.
Su finalidad principal es la de contribuir al reconocimiento de los derechos humanos en la infancia y la adolescencia, a través del estudio, la formación, la sensibilización y la difusión de los mismos.
Si a la violencia en Colombia se le pusiera una edad, la niñez y la adolescencia serían, sin duda, una de las poblaciones más golpeadas.
La muerte de una chica de 15 años tras un bombardeo del ejército sobre un campamento guerrillero reabre las heridas de una realidad histórica: el reclutamiento ilícito de menores. Estas son algunas de las historias del millón de adolescentes víctimas del conflicto.
Giselle, de 18 años, avanza con otros miembros de
las FARC en la región de Antioquia, en Colombia, en enero de 2016, Rodrigo Abd/AP/Gtres
A los 15 años Yeimy Sofía Vargas ya forma parte
del registro de niños y adolescentes víctimas del conflicto armado
colombiano. La menor murió en marzo tras un bombardeo de la Fuerza Aérea
sobre un campamento de disidentes de las antiguas FARC en Guaviare, una zona de tradición insurgente al sur del país.
Tras los hechos, el Ministro de Defensa, Diego Molano, quiso
proyectar una imagen de autosuficiencia y seguridad. Además, hizo
responsables a las disidencias guerrilleras, quienes, a su juicio,
convertían a los menores en “máquinas de guerra”. Analistas del
conflicto armado como Andrés Aponte señalan que el Gobierno conservador
de Iván Duque buscó con aquellas declaraciones evadirse de su obligación
constitucional de proteger a una de las poblaciones más vulnerables del
conflicto, y de paso, cargarles con el peso de una “gran
estigmatización”.
La noticia revivió, además, el recuerdo devastador de los ocho
menores de edad que fallecieron en 2019, tras otra descarga de plomo
aéreo sobre la misma facción guerrillera. El hecho trató de ser ocultado
por la cartera de Defensa y le costó el puesto al entonces ministro
Guillermo Botero.
Una de las poblaciones más golpeadas por la violencia en Colombia
El reclutamiento ilícito de menores de 18 años
en la guerra colombiana es una antigua realidad. A pesar de la opacidad
de las cifras, sabemos que 6976 niños, niñas y adolescentes han sido
acogidos entre 1999 y 2021 por el Instituto Colombiano de Bienestar
Familiar (ICBF), entidad estatal que atiende a los jóvenes que se
desvinculan, o son rescatados, de cualquier grupo armado ilegal.
Por su parte, la Unidad de Víctimas del conflicto ha registrado
desde 1985 unos 16.045 homicidios de personas de entre 12 y 17 años. Y
otras cifras apuntan que, del total de más de nueve millones víctimas
del conflicto registradas en la misma entidad, algo más de un millón son
adolescentes.
El politólogo Carlos Otálora es enfático en señalar que si a la
violencia en Colombia “se le pusiera una edad, la niñez y la
adolescencia serían, sin duda, una de las poblaciones más golpeadas”.
Así mismo lamenta que los medios locales se hayan limitado a
replicar la faceta más llamativa de una problemática profunda y
compleja. Andrés Aponte añade, en el mismo sentido, que el lenguaje
noticioso ha distorsionado la realidad: “La prensa en Colombia repite
como muletilla que se trata de ‘reclutamiento forzoso’ de menores. Un
estudio detallado muestra que eso es impreciso y que en nuestro país el
grueso de los casos de incorporación a los grupos ilegales es
voluntaria”.
De la misma manera, añade que el tratamiento correcto sería el
de “reclutamiento ilícito”. Y remata asegurando que, allí, "prefieren
las condenas moralistas y se forman ideas erróneas. En el caso
colombiano no sucede lo que en Nigeria, donde Boko Haram rapta a los niños y les corta violentamente toda capacidad de elección”.
Cruce de caminos
A los 13 años, Pedro Pablo Ibatá ya era un muchacho con nociones
políticas y relatos de guerra en la cabeza. A esa edad tomó la decisión
de alistarse en la guerrilla marxista de las FARC y seguir los pasos de
su padre, que formó parte de las primeras cuadrillas insurgentes a
principios de los años 60. Del universo rural que dejaba atrás, solo
añoraba a su familia, ya que la mayoría de chicos en la zona apostaron
también, en un punto u otro, por la lucha armada.
En Vistahermosa, la población del centro del país donde Ibatá
fue criado, a finales de los 80 quedaban ya pocos conocidos. Muchos
acabaron en las tropas antagónicas de la extrema derecha paramilitar,
que, por entonces, se empleaba a fondo en eliminar del mapa a los
miembros de la Unión Patriótica, una formación política legal de raíz
guerrillera.
Ibatá recibió el nombre de Guillermo como alias de guerra y pasó
casi 30 años en la clandestinidad, donde llegó a ser uno de los mayores
expertos en explosivos con varios delitos en la capital. Hoy, tras los acuerdos de paz de 2016
en La Habana con el Gobierno, es uno de los 19.000 desmovilizados de
las antiguas FARC. Cuenta que a sus 47 años ya es abuelo y tiene canas. A
pasar de ser un hombre precavido, muestra entusiasmo cuando habla de su
nueva misión al frente de una de las dependencias del programa de
reinserción a la vida civil para jóvenes combatientes.
Las desaparecidas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia
fueron, históricamente, los mayores reclutadores de jóvenes, con un 56%,
según las cifras de menores acogidos por el ICBF, la mayoría de ellos
tenía entre 14 y 17 años. A las FARC las siguen el aún activo Ejército
de Liberación Nacional, con un 19% del total de menores reclutados y las
desmovilizadas Autodefensas Unidas de Colombia, con el 15%.
Casi todas las fuentes coinciden en que, a pesar de que es
innegable que ha habido reclutamiento forzoso, se trata de un fenómeno
residual a lo largo de medio siglo de conflicto interno. Hay
documentación, por ejemplo, que demuestra que en la década de los 90 las
FARC ejercieron un sistema de cuotas. En determinadas regiones se
llevaban para la selva, bajo extorsión, a un menor por cada familia. En
2012 se descubrió el escándalo de unos escuadrones, bautizados los "pisa suave", de niños especializados en operaciones especiales que llegaron a degollar a miembros de la fuerza pública.
Pero el politólogo y ex guerrillero del ELN, Álvaro Villarraga,
matiza que en el esquema clásico de las guerrillas campesinas predominó
un sistema de convencimiento político y factores de tipo hereditario.
Los documentos de inteligencia militar clasificaban como familias
“farianas” o “elenas” a los clanes de milicianos que se sucedían por las
estructuras a través de generaciones.
El caso de los paramilitares es distinto. Su modelo consistía en
atraer delincuentes jóvenes más avazados, muchas veces ex guerrilleros o
ex militares, a los que se les ofrecía un sueldo o la promesa de todo
tipo de bienes. A diferencia de las guerrillas, su centros de
preparación se situaban a las afueras más pobres de ciudades medias, y
no en el campo.
Andrés Aponte, de la Fundación Ideas para la Paz, se refiere a
una “mercenarización” de la guerra. “A partir de los 80 se abre una
ventana de ascenso social distinto para jóvenes humildes. En la
guerrilla no había pago, pero en el caso de los paras sí, y la
remuneración dependía de la destreza de cada guerrero.”, señala el
investigador.
Generaciones rotas
A los 14 años, José Sánchez ingresó a la guerrilla de las FARC
para evitar la cárcel. Su padrastro había violado a una de sus hermanas y
como venganza decidió “zamparle un tiro para que aprendiera a
respetar”. Por eso huyó. Allí recibió el alias de "El tuerto". No
reniega de su pasado, pero confiesa que, en las más de tres décadas en
la montaña, lo único con lo que nunca congenió con su organización fue
en la fe religiosa. “Los lineamientos marxistas-leninistas imponen el
ateísmo. Con eso nunca pude. Siempre creí en la existencia de Dios y
antes de cada misión me echaba la bendición sin falta”, aseguró.
Sánchez tuvo en sus manos la misión de reclutar nuevos
integrantes para “la causa”. Asegura sin titubear que nunca mintió ni
tampoco obligó a nadie a seguirlo. Hoy, desmovilizado y con 57 años,
trabaja como conductor de maquinaria pesada y no reniega de su pasado.
"No había más nada"
Camila, en cambio, se muestra reacia a hablar de su vida en la
guerrilla. Además de haber perdido una pierna al pisar una mina
antipersona, ha tenido problemas de salud y su única preocupación en la
vida es velar por el futuro de su hijo de seis años.
También entró a las FARC con 14 años porque en su municipio “no
había más nada”. Ni escuela, ni ejército, ni nada. Allí aprendió a leer,
cumplió funciones como enfermera y odontóloga. Su voz es seca y dura.
Su vida no ha sido muy distinta. Tras preguntar una y otra vez cuál es
la finalidad de la entrevista, pide una única condición: que no se
mencione su nombre. No quiere que su hijo lea en el futuro sobre un
pasado que quisiera enterrar.
Las motivaciones para escoger el camino de las armas han variado
muy poco en el último medio siglo. La violencia ha amainado, pero de
ninguna forma ha desaparecido. De hecho, el cierre de escuelas debido a
la crisis sanitaria ha espoleado nuevos casos de reclutamiento
documentados por Organizaciones como la Coalición contra la vinculación
de niños, niñas y jóvenes al conflicto armado colombiano (Coalico).
El vínculo entre niños y maestros se ha visto interrumpida. Y el
repliegue por el confinamiento ha ahondado aún más el vacío
institucional.
En los últimos tiempos, nuevos grupos ilegales, así como bandas
más pequeñas apoyadas en el sempiterno y lucrativo narcotráfico, han
sumado herramientas digitales para enganchar a chicos en los suburbios
urbanos (en la ruralidad la cobertura de internet no supera en promedio
el 9,6%). Se trata de muchachos mucho menos ideologizados, más
interesados en subsistir. Muchas veces, migrantes venezolanos
vulnerables.
José lo resume claro: “Desde hace rato el Estado se lo pone muy
fácil a los grupos armados”. Basta repasar las declaraciones de los
excombatientes para constatar que hay patrones que se repiten:
precariedad, ausencia estatal, venganza o violencia. Pero también
pequeñas dosis de esperanza de que en un futuro no muy lejano las
próximas generaciones no tendrán que crecer bajo el silbido de las balas.