El infame empeño de militarizar la infancia.

 Surgen, en distintas ciudades, academias premilitares de formación de niñas y niños. 
A partir de los 7, 8 ó 9 años. Que buscan formatear las infancias bajo la lógica del entrenamiento y obediencia militares. En prácticas que han impulsado dirigencias y gobiernos de diferentes tiempos históricos y de diversos sectores políticos.



“No se trata de qué país le dejamos a nuestros hijos, sino de qué hijos le dejamos a nuestro país”, repitió como un mantra en más de una ocasión el rey de la soja Alfredo Olmedo, hoy candidato a diputado al Parlasur por las listas de Milei. Desde hace años, el hombre que -desde el 24 de julio y hasta este domingo- sortea 100 dólares diarios, sostiene la urgencia de relanzar el servicio militar obligatorio.
A lo largo de la historia se ha intentado adiestrar a las infancias para prevenir rebeldías e indocilidades. Y hace escasos días, Alfredo Grande publicó en esta agencia que la doctrina del exterminio de las minorías, y de algunas mayorías molestas, volvió o nunca se fue
Aludía en su nota al Centro de Formación Pre Militar Manuel Eduardo Arias que, en su sede de Libertador General San Martín (icónica localidad jujeña donde 47 años atrás se producía la noche del apagón), recibe a niños de 8 a 18 años que son adiestrados bajo la lógica del entrenamiento y obediencia militares. Disciplina férrea, desfile, respeto de los símbolos patrios, acción de combate son algunos de los aprendizajes, según detallaron al diario El Tribuno los referentes del centro, Rubén Soria y Luciana Fernández.
No se trata de un centro pre militar aislado. Hace seis años se creó también la Academia General San Martín para chicos y chicas de 10 a 17 años. Y la Academia “General Álvarez Prado” que arranca a los 7 años y funciona en San Salvador, Perico, Palpalá y Tilcara. “Orden cerrado, defensa personal, preparación física, búsqueda y rescate, y adiestramiento canino” se ofrecen extrañamente desde una supuesta Fundación Enseñar y Aprender que también divulga cursos de peluquería canina, de cuidado cosmético de la piel, asistente de farmacia, de cuidado de ojos y pestañas. Pero que introduce como la gran estrella del momento la formación premilitar. Es interesante detallar también el listado de ciudades en las que se va ampliando el centro con sus sucursales: las ciudades de Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Pedro de Jujuy, Ledesma, Orán, Tartagal, Palpalá, El Carmen, Tilcara, Abra Pampa y La Quiaca.
No se trata de novedades de este tiempo histórico. Las distintas generaciones dirigenciales –a veces en gobiernos constitucionales, otras durante algunas de las dictaduras- promovieron este tipo de espacios destinados al formateo en el pensamiento.
El 10 de octubre de 1944 se creó la Gendarmería Infantil que empezó a funcionar al año siguiente bajo el reglamento de las actividades de los boy scouts ante la falta de reglamento propio. Pero algunos años más tarde, bajo la dirección del general de división Antonio Domingo Bussi se fundamentó la creación de los Agrupamientos de GI para «nuclear a la juventud sujeta a las más diversas influencias; orientarla, aglutinarla y sustraerla de todo factor negativo que pudiera hacer proclives a cualquier tipo de desviación, a nuestros jóvenes, adolescentes y niños». Y recibía solo a varones entre los 8 y los 14 años.
En su trabajo “La Gendarmería Infantil durante la última dictadura”, los investigadores del Conicet Daniel Lvovich y Laura Graciela Rodríguez plantean que “la doctrina impartida pretendía mantenerlos alejados de la subversión. La intención de influir sobre la formación de jóvenes y niños se observa en el establecimiento de lazos entre niños y jóvenes y las fuerzas de seguridad, la socialización en valores propios de esas fuerzas y en la participación en ceremonias fuertemente asociadas a sus principios, entre los que se destacaba una importante presencia de los tópicos propios del nacionalismo territorial”.
Y se argumentaba –como hizo el comandante Agustín Benítez, de Curuzú Cuatiá (Corrientes), la Gendarmería Infantil «aniquilará el ocio, que es el principal factor de las inclinaciones malsanas» y llenará las mentes de «nobles contenidos: Dios, patria, familia: no pueden ser vaciadas por el nihilismo frustrante y desalentador, sus firmes principios no pueden ser sustraídos por la degradación».
Hace unos siete años, la policía catamarqueña convocó a través de las redes sociales a niños de 6 a 14 años para la formación de una policía infantil y “elevar el espíritu patriótico”. Ya había habido movidas similares en Chubut, Misiones, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Jujuy, Mendoza, Neuquén, Salta, San Juan, Santa Fe y Tierra del Fuego que luego fueron eliminadas.
Se trata de instituciones de encierro que tienen en sus manos el adiestramiento de niñas y niños –porque ahora sí se abren las puertas también a las nenas- a puro grito y autoritarismo. Y no se trata de prácticas fogoneadas exclusivamente por los gobiernos y dirigentes de un solo sector político. Hay una reivindicación transversal de la formación militarizada temprana. Con diferentes nombres, con distintos títulos y en diversos territorios. Desde Ishii a Cariglino, desde Pereyra a Granados, desde Olmedo a Granata. Que apuntan a fundamentaciones similares a las que el gendarme de Curuzú Cuatiá reivindicaba en plena dictadura: “aniquilará el ocio”. Con buenas o malas intenciones, con desesperación por no saber qué hacer o con la determinación feroz de militarizar la cultura y la vida cotidiana suele ser una tentación ineludible.
Hitler solía decir: “No piensas como yo, pero tus hijos ya me pertenecen”. Que se parece demasiado al infierno tan temido.

Publicado originalmente en Pelota de Trapo

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