Reflexiones de la infancia camino a la nueva normalidad.

Para compartir lo que ha supuesto la cuarentena, el post-confinamiento y la desescalada, 
y en la que han hablado de temas elegidos previamente por los propios participantes.




Participantes en la asamblea online
Algunos de los participantes en la asamblea online

En el lento camino hacia la normalidad tras la crisis sanitaria del COVID-19 surgen miles de dudas e incertidumbres, y para hablar de todas ellas se le ha dado voz, generalmente, a los adultos. Pero, ¿cómo lo han vivido y lo viven la infancia y adolescencia? ¿De qué forma han enfrentado temas que afectan especialmente a los más jóvenes, como el educativo, y cómo prevén que será la desescalada y el verano?
Para hablar de estos y otros temas se ha celebrado una asamblea online el 18 de junio, moderada por miembros del grupo asesor de UNICEF y a la que se conectaron, a través de la plataforma Zoom, 195 chicos y chicas hasta los 18 años de diferentes grupos de participación infantil y adolescente: “Hemos decidido que en esta sesión no participaran adultos para estar más cómodos”, explica Rober, uno de los encargados de introducir los bloques temáticos, de temas elegidos previamente por los propios chicos y chicas.

Un verano marcado por la pandemia

A las puertas del verano, todos se muestran de acuerdo en que esta etapa va a estar marcada por la sombra de la pandemia, por el inevitable uso de mascarillas y por las normas de la distancia de seguridad y aforo en piscinas, playas y otros lugares. Los niños y niñas participantes en la asamblea tienen asumido que para disfrutar del tiempo libre de verano de manera responsable tendrán que seguir cumpliendo las medidas de seguridad a rajatabla, y que muchas actividades del periodo estival, como los campamentos, peligran. “Yo lo veo chungo”, confiesa Eva, una de las chicas participantes en la asamblea. “Todas las actividades que yo tenía programadas no van a poder ser”. Dependiendo de la comunidad autónoma y la zona o el tipo de municipio en el que viven, cuentan con distintas opciones de ocio; la cuestión es si en contexto de pandemia podrán realizarse de forma segura. “Muchos espacios en los que hacíamos actividades no están preparados”, opina Alba. “Los campamentos urbanos de verano no los han podido hacer y eran espacios que los niños y niñas necesitaban, eran espacios de evasión. Yo veo mi ocio limitado”.
Sin embargo, a pesar de las dificultades, los niños y niñas no quieren renunciar a sus actividades de verano, tan necesarias después de los meses de cuarentena sin salir de casa y pegados a las pantallas. Los profesionales que trabajan con la infancia, ayuntamientos y entidades tienen la tarea de crear entornos seguros para la infancia a fin de garantizar tanto su protección como el ejercicio de su derecho al juego y al tiempo libre. Algunos chicos y chicas se muestran optimistas: “Sigue habiendo tiempo para hacer muchas cosas”, sugiere Pablo. “Haber pasado por el confinamiento nos ha hecho descubrir muchos hobbies que podemos aplicar al verano”. Una de las participantes, de Madrid, reconoce que a va a ser difícil quedar y mantener la distancia de seguridad: “Ahora en vez de quedar para ir al cine o un centro comercial, vamos a un parque, así podemos mantener la distancia de seguridad y juntarnos igual”. Rosa, de Almería, señala que si durante el confinamiento han sido capaces de entretenerse, lo conseguirán ahora.

La experiencia de las clases online y la incertidumbre de septiembre

En cuanto a los meses de escuela desde casa durante la cuarentena, nadie mejor que los niños, niñas y adolescentes para hacer una evaluación. ¿Cómo han visto la transformación digital de la educación? Alba, por ejemplo, reconoce que llevó mal el cambio de las clases presenciales a las digitales a través de la plataforma educativa online: “En clase a mí me gusta consultar dudas, no sabía si lo estaba haciendo bien o mal, los profesores se habían desconectado”, explica.  Muchos, como Rosa, aseguran haber reflexionado sobre lo importante que es la presencialidad a la hora del aprendizaje: “Que haya un profesor dispuesto a ayudarte, la diferencia se nota”. Algunos creen que se ha mandado excesiva tarea durante estos meses: “Los trabajos han sido un poco abusivos”, opina Iker. “Al no tener clase entiendo que hay que intentar meter los contenidos de otra manera, pero creo que había formas de hacerlo en menos tiempo, con mayor efectividad y sin necesidad de escribir tanto”.
Otros chicos y chicas han tenido otros problemas, como dolores de espalda o problemas en la vista debido al uso excesivo de pantallas. También se muestran empáticos con los alumnos y alumnas que no contaban con ordenador o una buena conexión a internet, y en algunos casos han visto sus estudios afectados por problemas derivados del confinamiento, como estrés, ansiedad o depresión: “A mí me podían haber descalificado por dejadez, pero yo estaba super triste”, ha compartido Alba. “Que me dijeran ‘esfuérzate, trabaja’ no me sirvió, por mucho que lo intentase no bastaba”.
Pasada ya la incertidumbre de las clases online y de cómo iban a ser evaluados en este curso atípico, ahora se presenta otra preocupación: la vuelta a clase en septiembre. Los chicos y chicas asimilan que se producirá en un contexto de fuertes medidas de seguridad y cumplimiento del aforo, lo que plantea las dudas de si se impartirán las clases por turnos o se intercalarán clases online con las presenciales. Creen que la vuelta va a ser complicada, que los profesores van a tener que adaptarse, y algunos lamentan que habrá que reforzar los contenidos que se han dado durante la cuarentena: “El año que viene van a tener que volver a dar todo el temario, de la manera que nos han enseñado casi nadie ha aprendido casi nada, va a ser muy difícil”, dice Alejandra. Eva es más optimista: “Habrá que tener medidas de seguridad, pero la situación habrá mejorado”.

El derecho a participar y opinar durante la cuarentena y después

En la asamblea se han abordado otros temas de actualidad, como el ecologismo, la discriminación o las movilizaciones antirracistas que se han extendido al resto del mundo, y algunos niños han aprovechado el encuentro online para compartir experiencias de discriminación vividas por ellos mismos. “Yo sí he sufrido alguna agresión racista por mi color de piel”, cuenta Sandra, que ha señalado la importancia de controlar las redes sociales y de educar desde casa. Si en algo han estado de acuerdo todos y todas ha sido en la importancia de la empatía a la hora de abordar estos problemas.

Por último, niños y niñas muestran deseos de que se garantice su derecho a la participación. Durante el encuentro online, miembros de diferentes consejos de participación infantil y adolescente de todo el territorio español han compartido los proyectos y actividades que han seguido llevando a cabo durante la cuarentena gracias a las reuniones telemáticas, así como sus ganas de darles continuidad en la desescalada. Manuel ha contado que su consejo, de un pequeño pueblo de Toledo, se había formado poco antes de la entrada del estado de alarma, pero entre todos consiguieron continuar con el contacto durante la cuarentena. “En mi ciudad el consejo es una manera de dar la palabra a los niños”, explica Paula, del consejo de Palencia. “Antes al no haber el consejo no se sabían nuestras opiniones. Ahora hacemos un pleno al año con el alcalde. Creo que en mi ciudad se han ganado muchos derechos de la infancia gracias a este pleno”.

Todos y todas asumen que se tardará mucho en volver a la normalidad, puede que años. Que la pandemia va a marcar un antes y un después y que habrá otros aspectos aparte del sanitario, como la crisis económica. Hay quien es más positivo: “Tomando las medidas pertinentes ya estamos casi a la mitad, con un pie dentro de la normalidad”, dice Alejandro. Pero si algo queda claro es que todos tienen muchas ganas de volver a sus rutinas, sus escuelas, sus lugares de ocio y sus espacios de encuentro y participación, aunque tenga que ser con mascarilla.

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