viernes, febrero 26, 2016

Un juez italiano deshace familias para salvar a los hijos de la mafia

            
El polémico plan del juez Roberto Di Bella 
para detener la influencia de la ‘Ndrangheta en la provincia de Reggio Calabria 
consiste en alejar a los menores de sus padres y 
enviarlos a familias o instituciones de acogida
La madre del clan de los Carbone toca el ataúd de su hijo
Un fotograma de la película Calabria, de Francesco Munzi, 
sobre una familia perteneciente  a la 'Ndrangheta
Cuando en 2011 el juez Roberto Di Bella regresó a Reggio Calabria, sede de una de las redes criminales más poderosas del mundo, se dio cuenta de que los jóvenes menores de edad que comparecían ante su tribunal eran los hijos de los mafiosos que, años atrás, él mismo había puesto tras las rejas.
Darse cuenta de aquello fue como una "especie de epifanía" para este juez de 52 años, que ha pasado gran parte de su carrera (salvo por una temporada de cinco años en Sicilia) en esta región montañosa y algo aislada de Italia, en donde la mafia 'Ndrangheta demostró tener una inmunidad persistente a las tácticas de los cuerpos policiales que han ayudado a frenar la cultura del crimen organizado en otras plazas fuertes de la mafia.

 En 2014 la sociedad italiana se horrorizó con el hallazgo de un coche con tres cuerpos carbonizados, uno de ellos un niño de tres años, en un presunto ajuste de cuentas entre miembros de la Ndrangueta.
En 2014 la sociedad italiana se horrorizó con el hallazgo de un coche
con tres cuerpos carbonizados, uno de ellos un niño de tres años,
en un presunto ajuste de cuentas entre miembros de la Ndrangueta.
EFE
"La juventud perteneciente a la 'Ndrangheta es un fenómeno endémico que ha sido subestimado por mucho tiempo. Debemos detener esta espiral de violencia", sostiene Di Bella.
El juez ha adoptado un nuevo enfoque: desde 2012, el tribunal de menores que preside Di Bella quitó la custodia de unos 30 menores "en situación de riesgo" a sus familias, pertenecientes a la 'Ndrangheta. En algunos casos se reubicó a los menores con familias del norte de Italia; en otros, se trasladó a los jóvenes a centros de menores o se los dejó en manos de organizaciones que luchan contra la mafia.
En cada caso, explica Di Bella, el objetivo es claro: mostrarle al menor –que el tribunal cree que está, de alguna manera, siendo educado para una vida delictiva– que hay otras opciones. "La meta es resguardar a esos niños, darles la oportunidad de tener acceso a la cultura y a la socialización, que son totalmente opuestas a la realidad en la que viven. Queremos alejarlos del destino inexorable que son la cárcel o la muerte a temprana edad", asegura el juez.

Se trata de un enfoque novedoso en la lucha contra una organización criminal con fama de ser despiadada, que tiene una sociedad de confianza con traficantes de drogas sudamericanos, y que es la fuente de abastecimiento de cocaína más grande de Europa.
Se cree que la 'Ndrangheta se ha infiltrado en empresas, partidos políticos y organizaciones de toda Italia, y se sabe que tienen representantes en otros países, entre ellos, Alemania y Estados Unidos. El hecho de que opere, en gran parte, bajo un sistema de familias, hace que sea muy difícil para las autoridades lograr persuadir a los miembros de que se delaten unos a otros.

Una iniciativa polémica

En un principio, la iniciativa del juez Di Bella fue muy criticada por los medios de comunicación locales (Di Bella cuenta que lo llamaron nazi) pero según el juez, el programa no es un intento de "limpieza étnica" o de "deportación" de niños de la mafia. Se buscan ciertos indicadores, como, por ejemplo, si el menor estaba bajo los efectos de un "lavado de cerebro" para unirse al sindicato criminal, o si su actividad criminal (son principalmente varones) iba en aumento. El tribunal también toma en cuenta las disputas entre clanes familiares como un riesgo para los menores.
"A veces, en algunas escuchas telefónicas, oímos como un padre le dice a su hijo de 13 o 14 años que cuando ingrese en la 'Ndrangheta, tendrá tal rango", relata Di Bella.
El juez insiste en que los menores todavía pueden ser "moldeados" y en que, hasta ahora, los resultados de este experimento judicial han sido "extremadamente satisfactorios". Tan solo uno de los adolescentes que regresó a la región ha cometido un crimen desde que empezó el programa, pero no era un delito relacionado con la mafia.
En particular, las mujeres han pedido ayuda al tribunal, incluso después de cumplir los 18 años. Según Di Bella, en algunos casos, las mujeres jóvenes se han librado de matrimonios arreglados entre familias, que se realizan con el propósito de expandir las influencias de su propia familia.
"La primera etapa del desarraigo de los jóvenes es muy difícil", admite Di Bella. Estudios psicológicos realizados a los jóvenes  demuestran que éstos sufren trastornos en varios niveles: sufren pesadillas y dolencias físicas, y tienen una enorme dificultad para demostrar emociones.
"La rígida estructura de la ‘Ndrangheta sofoca la necesidad que tienen los jóvenes de ser libres y expresarse", afirma Di Bella. El magistrado recuerda haberle pedido a un adolescente (un joven que parecía muy "sincero" y que usaba gafas), que luego sería trasladado, que le cuente qué música le gustaba. "Me dijo que solo escuchaba tarantela (la música tradicional de Calabria). Eso es una locura para un adolescente normal de 16 años. Un año y medio después, el joven usaba lentes de contacto, uno de esos peinados extravagantes y escuchaba la música que ahora está de moda. Cuando cumplió 18 años, me invitaron a su fiesta", cuenta Di Bella con un dejo de orgullo.
"Empiezan a mostrar un gran potencial, el mismo que ha sido reprimido por las familias. Retoman sus estudios, hacen trabajo voluntario y, por supuesto, experimentan relaciones de afecto que no podrían llevarse a cabo en este lugar. Pero necesitan buenos psicólogos y trabajadores sociales que tengan capacitación específica".

"Mi hijo cree que es un honor ir a la cárcel"

Enrico Interdonato es un psicólogo de 31 años, que ha trabajado como voluntario en tres casos en la localidad cercana de Messina, Sicilia, a tan solo un corto viaje en bote.  "Es verdad que si quitas a un potencial asesino de las calles, estás debilitando la estructura criminal, pero esa no es la cuestión. Lo único que queremos hacer es salvar vidas. Si ven a un padre dándole whisky o una jeringa a su hijo, eso se trata de un caso de maltrato. En esta región sabemos que los padres ponen una kalashnikov en manos de sus hijos, o los llevan a una reunión de la 'Ndrangheta. Eso también es abuso y maltrato", afirma.
El terapeuta, que aspira a convertirse en un hermano mayor para sus pacientes, saca a los niños del ambiente al que están acostumbrados y los lleva de "incógnito" a eventos con temática antimafia. "Generalmente tenemos historias de gente que se ha infiltrado en la 'Ndrangheta (como agentes de encubierto) pero, ahora, tenemos gente que trabaja de encubierto con las víctimas, y ellos escuchan las historias", explicó el psicólogo.
Aunque no cree posible que puedan cambiar, Interdonato asegura que su meta principal ha sido mostrar a los menores que hay otras posibilidades en la vida e infundirles la idea de que pueden elegir.
En algunos casos, los menores que habían sido trasladados temporalmente (el programa puede durar hasta tres años), no tenían idea de lo que era la vida fuera del mundo criminal. Sus padres, abuelos y hermanos han estado en prisión, han muerto o se han dado a la fuga.
Recientemente, Di Bella se dio cuenta de otro fenómeno emergente: ha crecido el número de madres con mucho interés en que sus hijos salgan de esa vida. Con unas notas que saca de su escritorio, Di Bella explica cómo, hace poco, una madre se acercó hasta él a pedirle que interviniera en su familia porque estaba preocupada por su hijo de 14 años, cuya fascinación por las armas y por la cultura de la 'Ndrangheta crecía a pasos agigantados. "La mujer me dijo que su hijo pensaba que ir a la cárcel era un honor, pero que no tenía idea del sufrimiento que eso causaría", dijo Di Bella.
Para el juez, no está claro si el programa puede llegar a hacer mella en la 'Ndrangheta, pero espera que tenga el resultado esperado si se le brinda el apoyo necesario. Di Bella confía en que el gobierno italiano (la justicia y los ministerios del interior) apoye un programa para ayudar a los trabajadores sociales y a los terapeutas en su trabajo de campo y que, al mismo tiempo, ayude a encontrar casas de acogida. Además, pretende que los menores tengan más ayuda luego de cumplir los 18 años, ya que, para ese entonces, dejan de estar bajo la supervisión de su tribunal.
"En 100 años, no ha cambiado nada en este lugar", reflexiona Di Bella. Los niños que han sido separados de sus familias son las semillas. Esto puede tener efectos a largo plazo, porque las familias se desintegran". 
Traducción de Francisco de Zárate