domingo, diciembre 20, 2015

El fracaso escolar no existe







"No, no existe ese 30% de fracaso escolar porque, por desgracia, tiene poco de escolar y mucho de contextual...
No, no existe ninguna medida efectiva para reducir dicho fracaso escolar que no pase por una actuación global sobre el entramado social...
Y, por cierto, los menos culpables del asunto son ese porcentaje de alumnos que abandonan los estudios o repiten"...

Vamos a tirarnos a la piscina con una afirmación que, seguramente, generará controversia: afirmo rotundamente que el fracaso escolar no existe
No, no existe ese 30% de fracaso escolar porque, por desgracia, tiene poco de escolar y mucho de contextual. 
No, no existe ninguna medida efectiva para reducir dicho fracaso escolar que no pase por una actuación global sobre el entramado social. No, no hay ningún responsable directo y único bajo dichas cifras que deberían hacer sonrojar a más de uno. 
Y, por cierto, los menos culpables del asunto son ese porcentaje de alumnos que abandonan los estudios o repiten de forma reiterada hasta que, por alguno de esos mecanismos variopintos para disimular estadísticas, consiguen algún determinado título.


Estoy convencido de que, por desgracia ya hay alumnos desahuciados en nuestro país por el simple hecho de haber nacido en una determinada casa. Estoy más que convencido que, en determinadas familias, por desgracia es imposible sin atajar el problema de fondo, evitar el fracaso escolar de sus retoños. 
Un fracaso escolar que, por desgracia, pondría la mano en el fuego que van a heredar los hijos de estos hijos y sucesivas generaciones. El fracaso escolar no se ataja exclusivamente con medidas educativas y sociales tomadas de forma independiente. Ni tan sólo con leyes educativas o recursos destinados parcialmente a determinadas cuestiones menores. 
Porque, por desgracia, la Educación es sólo una cuestión menor dentro de algo muy complejo llamado contexto social. 
Y sí, la Educación puede hacer mucho para cambiar las cosas
 siempre y cuando cuente con la ayuda de todos. 
Y todos son todos. 
No hay medida educativa que, tomada aisladamente, sirva para nada. 
Los buenos, casi siempre sin problemas familiares, van a seguir siendo buenos y, gracias a muchas familias y al empuje de las mismas, muchos otros alumnos que, quizás tengan más problemas a la hora de adquirir determinados conocimientos, van a poder salir adelante. ¿Qué porcentaje de la sociedad cubre esta tipología de alumnos? Sí, curiosamente, creo que debe andar por el 70%. Qué triste ver que tres de cada diez niños no van a poder salir del hoyo por culpa de que no haya nadie que se plantee cubrir el hoyo de arena rodeándolo de medidas de seguridad para que nadie pueda caer en él. Qué penoso observar, mirando a los ojos de determinados chavales, circunstancias que poco ayudan a que puedan salir adelante. Mucha pena y rabia. Pena por ellos y rabia por una sociedad injusta que lo único que hace es perpetuar situaciones poco modélicas.

En Primaria ya hay chavales desahuciados. Cuando las familias no pueden ayudar a sus hijos e, incluso, potencian su perversión sentados en el sofá viendo a todo volumen determinados programas muy poco educativos mientras sus hijos intentan hacer las tareas que traen del colegio, algo falla. Falla más aún cuando les venden que lo normal es lo que ellos hacen. Qué estudiar sólo debe ser para los listos (qué triste otorgar calificativos de “cortos” a tus propios hijos). Qué la Escuela debe hacerlo todo y, aún así, tampoco importa demasiado porque, al igual que ellos, ya van a encontrar estrategias para sobrevivir. No se dan cuenta que sobrevivir no es el objetivo. El objetivo es que nuestros hijos vivan muchísimo mejor que nosotros. Y en eso algo tiene que ver la formación.

Quizás es que últimamente en muchas conversaciones ya se habla del tema y, por desgracia, al igual que niego la existencia del fracaso escolar, también niego la posibilidad de que la Escuela, de forma aislada, solucione los problemas sociales de cualquier país.

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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