domingo, noviembre 22, 2015

Jóvenes y maternidad: una elección forzada: la generación de los sueños rotos

Fuente eldiario.es    

Paula Carrión    


La edad para tener el primer hijo en España se sitúa en 30,4 años, 
cuatro más que hace veinticinco años.
La crisis económica y el deseo de la mujer de ser reconocida profesionalmente 
explican este retraso.

Elizabeth Cárdenas, de 24 años, trabaja a tiempo parcial como  auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos. Con los 450 euros que   cobra viven ella y su hijo Daniel de 3 años
Elizabeth Cárdenas, de 24 años, trabaja a tiempo parcial como auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos. Con los 450 euros que cobra viven ella y su hijo Daniel de 3 años Daniel Rodríguez (Fundación porCausa)

Elizabeth Cárdenas, de 24 años, trabaja a tiempo parcial como auxiliar de enfermería en una residencia de ancianos. Con los 450 euros que cobra viven ella y su hijo Daniel de 3 años. 
Daniel es uno de esos 454.648 bebés que nacieron en 2012. Solo el 9% de los nacimientos correspondieron a madres consideradas como jóvenes de entre 16 y 24 años, casi el mismo porcentaje de los que se dieron en chicas de 34 años. 
Elizabeth sabe que su caso es una excepción y de hecho ella no planeó que sucediera así: "No me arrepiento de haber tenido a mi hijo entonces, pero si miro atrás, si me hubiera gustado haber tenido otras condiciones". Condiciones como haber accedido a la universidad, haber estudiado la carrera de enfermería a la que aún aspira a matricularse y estar trabajando como tal.

A que eso ocurra, a tener la formación deseada, el trabajo deseado y un salario decente, es a lo que esperan muchas mujeres y es una de las causas – que no la única- del retraso de la maternidad en España en estos últimos años. En 2014, la edad media para tener el primer hijo se situaba en los 30,4 años , mientras que hace un cuarto de siglo estaba en los 26,5 años , según Eurostat. Además , la media de hijos por mujer se sitúa ahora en 1,32 hijos, la mitad que en el año 1976. ¿A qué se debe este retraso en la edad de maternidad? ¿A dónde nos lleva tener uno de los índices de natalidad más bajos de la Unión Europea? ¿Cómo se puede invertir esta tendencia?
Esta crisis demográfica – se necesita una fecundidad mínima de 2,1 hijos por mujer solo para asegurar el relevo generacional de los que se mueren según los especialistas- p roduce una tormenta perfecta propiciada en gran medida por la recesión económica que empezó en 2008. “ La crisis y el éxodo de jóvenes e inmigrantes, junto con la precariedad en el empleo y los salarios mínimos hace que la emancipación sea más tardía, y, por lo tanto, que la edad de ser madre se atrase. Esto inevitablemente conlleva el envejecimiento de la población porque no hay nacimientos suficientes para el reemplazo poblacional”, explica el profesor de Geografía humana de la Universidad de Santiago y experto en despoblación, Carlos Ferras en declaraciones a la Fundación porCausa . Ferras lleva años estudiando este fenómeno en Galicia, una de las regiones de España donde la tasa de natalidad es más baja y la de mortalidad más alta.

El retraso no elegido de la maternidad

María Jesús Gutiérrez es un ejemplo de este retraso forzado para ser madre. Tiene 31 años, está casada y lleva tiempo queriendo ser más de dos en la familia. La realidad económica que vive y el entorno laboral en el que se “penaliza la maternidad”, le han hecho ir postergando la decisión.
Aunque en su casa entran dos sueldos, asegura que no pueden permitirse el piso con dos habitaciones que precisa el pasar de matrimonio a familia . “Formo parte de esa generación que quiere y no puede”, explica. María Jesús aspira a cobrar más, a ascender a un puesto laboral que considera que merece por su formación como licenciada y por su experiencia aquí y en el extranjero. Tiene prisa por conseguir ese nuevo estatus porque considera que una vez decida ser madre es muy probable que su carrera profesional se detenga. El miedo a que ese parón se produzca en el momento en que dé a luz, o incluso antes, hace que siga esperando.
Para el profesor Ferras, este aplazamiento hasta encontrar el momento adecuado provoca que cada vez seamos más viejos y ello comporta una sociedad más conservadora y menos dada a la innovación: “El problema más grave se relaciona con la sobrecarga de sistema de pensiones y los servicios públicos de salud y los servicios sociales en general. Debemos preguntarnos quién pagará la factura social en un país de viejos, escasamente atractiva para atraer inmigrantes, con muy alto desempleo y con escasa fecundidad”. “Los pocos niños que nacen hoy no podrán pagar las pensiones y el estado de Bienestar del mañana”, resume.
Mientras que la tasa de fecundidad en España se ha mantenido por debajo de 1,5 hijos por mujer durante más de dos décadas, el número deseado de hijos que afirman querer tener los españoles se sitúa de media en torno a dos. Ese desajuste ente realidad y deseo se debe, según el estudio El déficit de natalidad en Europa de la fundación La Caixa, a tres razones. La primera tiene que ver con que la estabilidad laboral “se ha convertido en un requisito previo para la formación de una familia”. Eso hace que la elevada tasa de desempleo entre los jóvenes y la precariedad de los empleos con los que se inician en el mundo laboral sean “claramente obstáculos de primer orden que inhiben la procreación”, explica el informe. En segundo lugar, se encuentra la ausencia de apoyo público a mujeres y hombres para que puedan conciliar la vida laboral y las responsabilidades familiares. Y por último, se sitúa la desigualdad de género. Ante esta realidad ¿cómo se prevé que evolucione la tasa de fecundidad en España? Si no se abordan estos problemas, explica el estudio, el pronóstico es simple: “la tasa de fecundidad muy baja [en 2013 alcanzó su punto más bajo : 9,10] se mantendrá indefinidamente. Solo si los costes y el cuidado de los hijos son compartidos entre la familia y el Estado, y también equitativamente entre ambos progenitores, es probable que la diferencia entre el número de hijos deseados y reales vaya reduciéndose”.
Las previsiones que hay por el momento en este sentido no son muy halagüeñas: el hecho de que ahora y en los próximos años haya menos nacimientos hará que en 2049 haya un 32% menos de jóvenes con edades comprendidas entre los 25 y los 35 años que en 2009 según el informe Estimaciones de la Población Actual 2049 del INE, siendo los grupos de edad que más caerán en términos de crecimiento relativo. Esto a su vez supondrá menos gente en edad fértil que pueda tener hijos. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Las brechas que afectan a las mujeres

En España tener hijos penaliza a la mujer en términos de empleo. Lo dicen los datos. En el año 2013, la tasa de empleo de los hombres entre 25 a 49 años sin hijos menores de 12 años era del 74,4%, según el informe Mujeres y Hombres en España del Instituto de la Mujer. En el caso de tener hijos de esa edad la tasa de empleo era más alta (78,9%). El valor más alto en hombres se alcanza con dos hijos menores de 12 años (80,6%). Por el contrario, en las mujeres, a medida que se incrementa el número de hijos menores de 12 años, disminuye la tasa de empleo. Para las mujeres de 25 a 49 años sin hijos de esa edad la tasa de empleo era de 66,9%, pero se reduce a 59,5% en el caso de tener hijos menores de 12 años. Con tres hijos o más la tasa desciende hasta el 47,0%.
Miedo es la palabra que más repite Maria Jesús durante toda la entrevista. Miedo a que la echen, miedo a no conseguir crecer profesionalmente en su empresa, miedo a no poder cobrar más. “Me daba miedo hasta casarme por temor a que me encasillaran en el grupo de las que pronto van a ser madres”, recuerda. Los actuales datos de empleo, así como la brecha salarial entre hombres y mujeres y de conciliación real en las empresas, sustentan esos miedos.
Para las mujeres jóvenes de hoy en día, que se educan tanto y que han apostado por el mercado laboral, la maternidad les supone un enorme reto: por una parte quieren ser madres, pero retrasan mucho esta decisión hasta tener un contrato estable. Se retrasa mucho la entrada en la maternidad, y luego es tan difícil conciliar que o bien se quedan con un hijo o abandonan el mercado laboral. En principio, este abandono piensan que es temporal pero al querer volver se enfrentan con una enorme barrera porque existen muchas reticencias a contratar a una mujer que es madre”, explica Sara de la Rica, catedrática de Economía de la Universidad del País Vasco.
Desempleo y formación superior en la Unión Europea
Desempleo y formación superior en la Unión Europea

Los datos muestran que las mujeres se enfrentan al mercado laboral con más formación: como el INE refleja en sus estadísticas que el porcentaje de mujeres entre 25 y 34 años con estudios superiores en 2014 fue del 47,5% frente al 35,4% de los hombres. Incluso , no existe discriminación en el momento de entrar al trabajo: de los 25 a los 29 años la tasa de paro en ambos sexos se sitúa indistintamente alrededor del 30% y en algunos países como Estados Unidos o Reino Unido el salario femenino en estos primeros años supera ya al masculino.
El problema viene después. Maria Jesús recuerda que cuando comenzaba a trabajar como ejecutiva de cuentas en su anterior empresa la gran mayoría de los trabajadores que entraban eran mujeres. “Lo que ocurre es que conforme crece el puesto de responsabilidad, las mujeres empiezan a escasear. Y, las madres, en mayor medida.”
Así lo constata la periodista Andrea Cárdenas, puesto que en su sector no hay muchas madres en puestos directivos. “Al final, eligen entre tener familia y disfrutar del cuidado de sus hijos o crecer en el empleo”. Embarazada de su primera hija con 29 años, Andrea, que prefiere no dar su nombre real, fue “invitada a dejar su trabajo en el que llevaba diez años. “Hubo un Expediente de Regulación de Empleo y mis jefes me dijeron ‘Piénsate que quieres hacer, tú ya sabes que trabajar aquí es muy exigente y es muy complicado llevar el ritmo para una madre’.” Aun así, dijo que quería seguir en el trabajo. Entonces llegó una época que ella recuerda como mobbing : trabajos imposibles de cumplir, falta de reconocimiento, charlas fuera del trabajo aconsejándole que se fuera. Al final, decidió dejarlo: eligió. Tres años después, Andrea tiene un sueldo muy inferior al del trabajo anterior: apenas gana 1.000 euros trabajando cinco horas al día. Todo ello, a pesar de contar con una licenciatura, un máster y trece años de experiencia laboral en el sector de la comunicación.
Este abandono por parte de las mujeres nos hace perder una valiosísima fuerza de trabajo que vamos a necesitar sí o sí ante el inminente envejecimiento al que nos enfrentamos. No se puede entender cómo la sociedad no considera este problema como de absoluta prioridad. Cuanto más se tarde en recomponer, más fuerte será el shock que este envejecimiento va a provocar en el mercado laboral”, comenta de la Rica, que también es investigadora de FEDEA (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) . Otra pieza más en la tormenta perfecta.
A finales de 2014 las mujeres jóvenes eran las que más tenían sobrecualificación en sus puestos de trabajo, afectando al 61,2% de las mujeres menores de 30 años . Esta realidad les frustra. “Somos una generación en la que se ha puesto muchas esperanzas, que nos han dicho desde pequeñas que nos estábamos preparando para triunfar en la vida, que así lo hemos hecho y ahora somos muchas las que nos sentimos con las manos atadas porque no podemos conseguir nada de eso, porque queremos ser madres y al final tenemos que elegir”, reivindica Andrea.
Un dato que lo ejemplifica: según el módulo sobre conciliación entre la vida laboral y la familiar del 2010 de la EPA, un 2,0% de hombres y un 20,9% de mujeres redujeron el número de horas trabajadas en un tiempo superior o igual a un mes, debido al cuidado de al menos un hijo menor de 8 años. Eso se traduce en menos horas presenciales de trabajo para la empresa . Ceferí Soler, profesor de Dirección de Personas y Organización en ESADE , cree que la clave del escaso número de mujeres que ocupan puestos de responsabilidad en la empresa está en esa disponibilidad. "El directivo de empresa tiene una visión a corto plazo en el que premia la disponibilidad que tienen los hombres en lugar de tener una visión más estratégica a largo plazo en la que se prime el talento de cada persona", explica Soler. Según el profesor esta visión más estratégica que garantice la igualdad de oportunidades debería incluir desde la propia empresa planes de carrera para la mujer y así asegurarle que se cuenta con ella en el futuro -sea cual sea su decisión respecto a la maternidad-, una flexibilidad en los horarios o jornadas continuas y la potenciación del teletrabajo.

En los trabajos a tiempo parcial es donde más se dispara la brecha salarial entre hombres y mujeres
Laura Baena, publicista de 34 años y fundadora del movimiento Malas Madres Daniel Rodríguez (Fundación porCausa)

Una de las principales diferencias de género para las personas jóvenes es el trabajo a tiempo parcial, siendo las mujeres jóvenes las que realizan trabajos a jornada partida con mucha mayor frecuencia que los varones. En 2013, el 15,3% de los varones de entre 25 y 29 años trabajaban a tiempo parcial, un porcentaje que llega casi al 27,7% en el caso de las mujeres. Mientras, en el grupo de edad de 30 a 34 años, las diferencias se agrandan aún más siendo el 7,8% ellos y un 24,3%, ellas, según la Encuesta de Población Activa.
"Esta es, en la actualidad, una de las principales brechas de género en el mercado de trabajo no solo para las personas jóvenes, sino prácticamente para cualquier grupo de edad. Además, esta brecha contribuye a explicar otras diferencias, como por ejemplo la diferencia en los salarios, aunque no es el único factor que determina esa diferencia", explica Esteban Sánchez Moreno, profesor de sociología en la Universidad Complutense de Madrid y experto en políticas de empleo.
A pesar de que en España el principal motivo de tener un trabajo a tiempo parcial sigue siendo el no encontrar un trabajo a tiempo completo, tanto en hombres como en mujeres, los siguientes motivos difieren mucho entre sexos. Por ejemplo, entre las mujeres de 25 a 49 años, el porcentaje de un trabajo parcial por el cuidado de los hijos se sitúa en el 18%, mientras que los hombres en esa misma edad se sitúa en el 1,5%, según datos de 2014 de Eurostat.
Ocupados a tiempo parcial según grupos de edad
Ocupados a tiempo parcial según grupos de edad
En ese ámbito, el de la jornada parcial, es donde más se dispara la brecha salarial entre hombres y mujeres. España, con un 33,7 % de brecha salarial en la jornada parcial, según datos del INE para 2012, encabeza las diferencias de todos los países de la Unión Europea. En Alemania, donde el trabajo a tiempo parcial es desempeñado por mujeres en un 81,5 % -porcentaje superior al ya elevado 75% español-, las trabajadoras perciben un 12% menos del salario que el de los hombres que trabajan en esta modalidad, según el informe ‘ Trabajar Igual. Cobrar Igual’ de UGT.

Elizabeth tiene un trabajo part time y aunque, según le han prometido su jornada se convertirá en completa en los próximos meses, lamenta no poder dedicarle todo el tiempo que querría a su hijo. Elizabeth vive como una madre soltera -el padre del niño no le ha visto más de dos veces en toda su vida y nunca le ha pasado ninguna mensualidad-, la Administración no la considera como tal porque el padre firmó en su momento los papeles esperando que por el hecho de firmarlos, su hijo nacido de madre nacionalizada española le diera a él también la nacionalidad. No cuenta que una hora después no supo nada más de él, para el Estado no es madre soltera y no puede percibir las ayudas que se derivarían de su condición.

Elizabeth, que sí recibe el apoyo como madre soltera por parte de la Asociación Solidaridad, forma parte del grupo más vulnerable: los hogares monoparentales. Este tipo de hogares -que en más del 80% de los casos están encabezados por mujeres- son, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, los que viven en peores condiciones. Más de la mitad de estos hogares están en riesgo de pobreza. Un reciente estudio de Save the Children identifica además que las situaciones de precariedad e inestabilidad laboral predominan entre estos hogares monomarentales. Le gustaría, a pesar de todo, aumentar la familia "pero cuando pueda afrontarlo sola, ahora mismo no puedo afrontarlo ni a nivel económico ni de tiempo, aunque no quiero que Daniel sea hijo único", explica.
Elizabeth y otras de las madres que acuden a la asociación buscan allí la ayuda para salir adelante que no encuentran fuera. En el informe de Save the children se alerta de que el 52% de las mujeres al frente de una familia monoparental se encuentran excluidas del mercado laboral o trabajan en condiciones de precariedad, ya que el cuidado de los hijos y la falta de medidas de conciliación les impide optar a empleos con mayores jornadas e ingresos. De hecho, según el informe, cuatro de cada diez hogares de este tipo no dispone de dinero suficiente para pagar gastos relacionados con la casa. Daniel y su madre comparten piso con más gente. Su sueldo no da para más.
En el sector en el que trabaja actualmente, el sanitario, la desigualdad salarial se dispara. En la sanidad, segundo sector en ocupación de mujeres en nuestro país, las mujeres cobran un 25,4% menos que los hombres según el informe Gender Pay Gap de la Comisión Europea. Las profesiones y ocupaciones feminizadas, como la sanitaria, "están sujetas a desigualdades, por ejemplo, menores salarios, porque están feminizadas, precisamente, y no por el contenido de la tarea. En eso se basa la discriminación y la ruptura de los roles hombre-mujer es un paso necesario para que dicha discriminación comience a dejar de operar", explica el profesor Sánchez Moreno.

Reivindicaciones por la igualdad de oportunidades laborales

Una igualdad de condiciones y la ruptura de los roles hombre–mujer es lo que reclama desde hace años Laura Baena. Esta publicista de 34 años y fundadora del movimiento Malas Madres, lleva trabajando como autónoma desde hace cuatro años –momento en el tuvo a su primera hija- en pro de la conciliación para todos, tanto para hombres como para mujeres. Cuando dijo que estaba embarazada le advirtieron en su anterior trabajo que aquella no era una empresa para "mamis y bebés" y un tiempo después decidió largarse.
"Si no le ponemos remedio nos dirigimos hacia una sociedad donde se penaliza laboralmente a la mujer por ser madre, una sociedad con desigualdades de género puesto que son las mujeres las que asumen mayor carga de trabajo total entre remunerado y no remunerado, y, sobre todo, una sociedad en la que las mujeres tienen que renunciar a su desarrollo profesional, al cuidado de sus hijos o incluso renunciar a ser madres", explica Baena.
Y continua: "Nos han vendido la moto de si quieres, puedes, aquello de que serás lo que quieras llegar a ser y eso produce frustración porque no es real. Se necesitan políticas que ayuden a poder conciliar tener hijos con el trabajo." La realidad es que, según una encuesta realizada a más de 4.500 madres desde la organización que lidera Baena, más del 80% de las mujeres no concilian, y más del 50% han vivido situaciones negativas debido a su maternidad como que las cambien de puesto de trabajo. Para que esto no ocurra, "la conciliación tiene que afectar a todos y que todos tengan derecho a poder hacer una jornada continua, a tener horarios flexibles o a trabajar desde casa sin premiar el presencialismo porque si solo afecta a unos cuantos nos encontramos ante la reducción de jornada y eso produce un parón en tu profesión, algo que no le ocurre al hombre", opina Baena.
Desde Malas Madres, reclaman una serie de políticas y ayudas por parte del Estado para que las Pymes también puedan aplicar herramientas de conciliación como la jornada continua, la flexibilidad de horarios o el teletrabajo. Según el informe Radiografía de la Pyme 2015, el 80% de las pymes quieren conciliar. "Si las familias y las empresas quieren conciliar, falta que el Estado ponga de su parte", explica.
Todas estas políticas a la que hace referencia Baena van enfocadas a que la mujer no tenga que elegir. Es lo que la reconocida socióloga Pamela Stone describe en su libro ‘Opting Out? Why Women Really Quit Careers and Head Home’ (Por propia voluntad? Las verdaderas razones por las cuales las mujeres abandonan sus carreras y se van para el hogar) como "elección forzada" y que todas las mujeres entrevistadas para este reportaje han sentido alguna vez.
Los hombres, sin embargo, no lo hacen. O no en la misma medida. Las bajas por maternidad, por ejemplo, suponen un parón en la carrera de muchas mujeres algo que no ocurre en el caso de los hombres, que en España tienen una baja voluntaria de dos semanas frente a las dieciséis de la mujer. Baena pide que para estar en igualdad de condiciones las bajas por paternidad sean iguales a las de las mujeres y que además sean obligatorias como en Suecia, donde ambos progenitores tienen como mínimo una baja de ocho semanas no intercambiable.
En ese sentido, PSOE, Podemos, Ciudadanos e IU llevan en sus programas electorales equiparar ambos permisos, mientras que el PP mantiene el retraso de aumentar el permiso de paternidad. Según los expertos, otra de las medidas dirigidas a una mayor igualdad de oportunidades laborales y de conciliación es la de aumentar la red de escuelas gratuitas de cero a tres años que prometen en sus programas PSOE, Ciudadanos y Podemos. Las madres entrevistadas para este reportaje aplauden el gesto pero no lo ven suficiente. Creen que falta meter el asunto de pleno en la agenda política.
"España es un claro exponente del modelo mediterráneo en lo que concierne a políticas familiares. Carece de un sistema adecuado de ayudas a las familias y a los hijos, los permisos de maternidad y paternidad son demasiado cortos, y la demanda de plazas en escuelas infantiles para menores de tres años sobrepasa con mucho a la oferta", reza el informe de La Caixa, El déficit de natalidad en Europa. Y comenta el famoso cheque-bebé que introdujo el último gobierno socialista: "estuvo claramente mal planteado y cargado de ideología natalista. El efecto de esta medida fue, sin duda, escaso. Pudo tener un efecto temporal, es decir, algunas mujeres quizá tuvieron un hijo antes de lo previsto gracias al cheque-bebé, pero es evidente que no logró estimular una recuperación de la fecundidad".
"Ante los agujeros que plantea el sistema de bienestar en la protección de la natalidad, la estabilidad laboral se ha convertido en un requisito previo fundamental para la formación de una familia", explica el informe, ‘Generación Sueños Rotos’, elaborado por la Fundación porCausa y el Consejo de la Juventud de España. Sin embargo, la elevada tasa de desempleo entre los jóvenes –casi del 40% en 2014 para jóvenes de entre 15 y 29 años– y la precariedad de muchos de los que trabajan –con tres de cada diez jóvenes con un contrato a tiempo parcial en 2014– "son claramente obstáculos de primer orden que inhiben la procreación".
Gøsta Esping-Andersen, sociólogo especialista en el Estado de Bienestar y coordinador del estudio de La Caixa anteriormente citado, asegura que "la proporción de mujeres (y hombres) que prefieren no tener hijos es marginal en todas las sociedades. A pesar de ello, la diferencia que observamos entre el número de hijos que se desearían tener y los que se tienen realmente es, a menudo, considerable". Según el estudio, en España el 12% de las mujeres acaba su etapa reproductiva sin tener hijos. Además, el 30% de las mujeres españolas deben conformarse con tener un solo hijo. En países como los escandinavos esta diferencia entre lo que se quiere y lo que se tiene es mucho menor.
Los países más avanzados en conciliación y políticas de igualdad, los del norte de Europa, "pusieron la voz de alarma cuando sus índices de natalidad no estaban tan bajos como los nuestros, empezaron a implantar políticas públicas de conciliación y apoyo a las familias con hijos y ahora han visto crecer otra vez esos índices", explica la fundadora de Malas Madres. Los datos lo atestiguan: Noruega ha pasado de 1,66 niños por mujer a 1,85; Suecia, de 1,61 a 1,91; y Dinamarca de 1,38, a 1,67 en tres décadas.

Descarga el informe, ‘Generación Sueños Rotos’, elaborado por la Fundación porCausa y el Consejo de la Juventud de España

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